Prosigue en el Museo de Artes Visuales la muestra de Sáez

Vasta retrospectiva de la obra de un gran pintor

El Museo Nacional de Artes Visuales muestra prácticamente la totalidad de las obras de Carlos Federico Sáez que pertenecen a su acervo. El material exhibido está compuesto por cerca de trescientos trabajos, tanto pinturas como obras sobre papel.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El dilatado trabajo de Carlos Federico Sáez se extiende por varios espacios del museo.

Carlos Federico Sáez (1878-1901) fue uno de los principales artistas de la generación del Novecientos. Nació en Mercedes, hijo de Francisco Sáez y Luisa Sánchez, y fue un dibujante precoz, siendo alentado por su familia. Para que pudiera estudiar arte los padres lo enviaron a Montevideo, donde fue alumno del pintor Juan Franzi y se relacionó con el joven artista Diógenes Héquet.

Sáez se propuso ser alumno de Blanes, pero el maestro, al descubrir el talento del joven, le recomendó que fuera a estudiar a Europa. En 1893, cuando sólo tenía catorce años, viajó a Italia y comenzó a estudiar en la Academia de Roma, donde vivió seis años. Un año más tarde Sáez abandonó la Academia (desde entonces su consejero fue el español Francisco Pradilla) y luego alquiló un taller propio en la Via Margutta, cerca de la Plaza de España.

El joven artista llevaba una vida de dandy y frecuentaba un numeroso grupo de amigos. Durante sus años en Roma realizó dos viajes de unos meses a Uruguay, en octubre de 1894 y en septiembre de 1896. En 1898-1899 Sáez alcanzó una gran madurez artística, y en ese período realizó sus obras más significativas. En mayo de 1900, ya enfermo, viajó nuevamente a Uruguay. Unos meses más tarde, en enero de 1901, falleció prematuramente en Montevideo a los 22 años.

La actual exposición Sáez Un mirar habitado es mostrada en las tres salas del piso superior del Museo de Artes Visuales. Las obras están agrupadas según la afinidad de los motivos: retratos, paisajes, etc. Recreando un orden cronológico, entre las primeras obras de Sáez, pintadas a los doce años, son mostradas La cañada de Roubin (1891), cuyo tema es el entorno rural de Soriano, y dos naturalezas muertas de 1892.

Autorretrato (1893), pintado a los catorce años (época en que viajó a Italia a comenzar sus estudios), muestra una asombrosa madurez en el dominio de la línea y el color, ejemplo de la maestría que el artista desarrollaría en sus retratos, el género por el que luego sería más reconocido. Durante su primer año en Roma pintó paisajes urbanos, como Rincón de Roma (1893), y vistas rurales como Parvas (1983), que realizó durante unas vacaciones en Toscana. En estos trabajos se evidencia la influencia de los llamados "macchiaioli", artistas inspirados en el impresionismo francés.

En los años siguientes Sáez centró su creación en la recreación de la figura humana, tanto ubicadas en elaborados interiores, como la joven mujer de La primera novela (1897), como en numerosas cabezas de figuras populares con marcado empastado sobre fondos neutros, entre otras La gitana, Cabeza de viejo, El romano e Interior con mujer.

El espíritu de experimentación de Sáez se evidencia en un biombo que pintó en 1898 derramando y soplando colores sobre la superficie, con un resultado de formas no figurativas. Una de sus hojas, colgada horizontalmente, aparece co- mo fondo en una obra del año siguiente, Retrato de J.C.M. (Juan Carlos Muñoz), un amigo que Sáez reencontró en Roma. Muñoz fue también retratado en otra obra de factura más libre, posiblemente un estudio para la ya mencionada obra.

En 1898 Sáez pintó gran número de retratos, especialmente de amigos y otras personas de su entorno, entre otros Retrato de Juan Fernando Cornú, Retrato de Daniel Muñoz, y Retrato de joven (presuntamente un conocido apellidado D Amico, ya que está dedicado "Allamico DAmico").

Las motivos de las obras realizadas por Sáez durante los últimos meses de su corta vida, luego de que en mayo de 1900 regresara a Uruguay ya muy enfermo, estuvieron en su mayoría relacionados a su entorno familiar. Además de retra tos de su padre y su madre, pintó retratos de sus hermanos y hermanas.

La muerte de Sáez en enero de 1901 truncó la prometedora carrera de un artista que, con sólo 22 años, logró realizar una obra que le aseguró un merecido reconocimiento como uno de los creadores uruguayos más significativos.

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