LITERATURA

Vargas Llosa: aquel que no puede parar de escribir

El Nobel peruano ya tiene nueva novela, Cinco esquinas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Mario Vargas Llosa. Foto: AFP

Desde que era un joven al que conocían con el diminutivo Varguitas, ha quedado claro que a Mario Vargas Llosa le gusta escribir.

En los últimos 60 años ha escrito 18 novelas, dos colecciones de cuentos, dos libros infantiles, 10 obras de teatro, otros tantos ensayos, libro de memorias y miles de columnas y artículos periodísticos. Además se ha convertido en una de la figuras intelectuales más reconocidas de América Latina y España, al que siempre se le escucha lo que tiene para decir. Hasta fue candidato a la Presidencia de Perú y el rey Juan Carlos le dio el título de Marqués de Vargas Llosa. Es bastante para una vida sola.

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Escribir no es una costumbre que Mario Vargas Llosa esté dispuesto a abandonar aunque en marzo cumpla 80 años y haya sido merecedor del reconocimiento después del cual ya no importan los esfuerzos: el Nobel de Literatura (además del Cervantes, el Planeta, el Biblioteca Breve y el Rómulo Gallegos, algo así como la triple corona de la literatura en español).

Prueba de esa compulsión por la escritura es que tiene nueva novela, Cinco esquinas, que saldrá a la venta en Uruguay, en simultáneo con el resto de América Latina y España, el próximo 3 de marzo, a través del sello Alfaguara (acá saldrá 490 pesos).

El diario español La Vanguardia definió esta nueva novela "como una especie de fresco que retrata el Perú de los últimos meses de la dictadura de Fujimori".

"La idea de esta novela comenzó con una imagen de dos señoras amigas que de pronto una noche, de una manera impensada para ambas, viven una situación erótica", dice Vargas Llosa en un comunicado oficial de la editorial en el que hace referencia al adelanto publicado hoy en exclusiva para Uruguay por El País y que se puede leer en www.elpais.com.uy. "Luego se fue convirtiendo en una historia policial, casi un thriller, y el thriller se fue transformando en una especie de mural de la sociedad peruana en los últimos meses o semanas de la dictadura de Fujimori y Montesinos. Me gustó la idea de que la historia se llamase Cinco esquinas como un barrio que, de alguna manera, es emblemático de Lima, de Perú y también de la época en la que está situada la historia".

El fragmento que se da a conocer, cuenta el encuentro sexual entre Marisa y Chabela, dos amigas que pasan la noche en un apartamento obligadas por el toque de queda que se imponía en Perú en la década de 1990 para perseguir a Sendero Luminoso y al Movimiento Revolucionario Tupac Amaru. El fragmento, que es el capítulo inicial, pinta a sus personajes, a su entorno social y al Perú de aquellos años.

Con Cinco esquinas, que se presenta en un gran evento en Madrid el 6 de marzo, Vargas Llosa vuelve a meterse en un recorrido familiar: las relaciones humanas, el sexo, la política, las relaciones de poder y la prensa.

"Si hay un tema que permea, que impregna toda la historia, es el periodismo, el periodismo amarillo", dice Vargas Llosa. "La dictadura de Fujimori utilizó el periodismo amarillo, el periodismo de escándalo, como un arma política para desprestigiar y aniquilar moralmente a todos sus adversarios. Al mismo tiempo también está la otra cara: cómo el periodismo, que puede ser algo vil y sucio, puede convertirse de pronto en un instrumento de liberación, de defensa moral y cívica de una sociedad. Esas dos caras del periodismo son uno de los temas centrales de Cinco esquinas".

Vargas Llosa conoce ese mundo. Entró a trabajar en su primera redacción, la del limeño La Crónica, en 1952 y desde entonces, ya con una categoría mayor, ha dedicado al periodismo gran parte de su carrera.

Como novelista fue parte del boom latinoamericano, movimiento revolucionario de las letras del continente en el que también militaba, se sabe, su rival Gabriel García Márquez con quien hasta tuvo encontronazos físicos.

Su obra ha ido cambiando con el tiempo, aunque siempre ha convivido en ella el experimentador de las formas y la prosa entradora de los best sellers. Para entender esas dos vertientes, una biblioteca básica de Vargas Llosa debería incluir La ciudad y los perros, Conversación en la Catedral, Pantaleón y las visitadoras y La fiesta del Chivo. Su última novela fue El héroe discreto y es de 2013. Alfaguara planea sacar algunas en ediciones limitadas por los 80 años de un escritor que no puede, no debe, parar.

Un hombre siempre vinculado a Uruguay

Mario Vargas Llosa es un visitante frecuente de Uruguay. La del año pasado cuando estuvo en Montevideo (se lo vio en el bar García de Carrasco) y en Punta del Este donde dio una conferencia, era la séptima vez que visitaba el país. No dio declaraciones y hasta esquivó a la prensa.

De acuerdo a un artículo de El Observador que informaba de esa visita, la primera vez que el peruano vino a Uruguay fue en 1962. Después vino en 1982, 1989, 1996 y dos veces en 2011 cuando recién había recibido su Nobel. Una de esas veces almorzó con los expresidentes Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle y Jorge Batlle, en una velada a la que no fue invitado el por entonces exmandatario, Tabaré Vázquez. El País entrevistó a Vargas Llosa en la ocasión. Allí destacó a Uruguay como ejemplo de institucionalidad, legalidad y libertad para la región.

La escritura, refugio y fuente de entusiasmo

"Escribir es un refugio extraordinario para encontrar la paz, la calma en momentos de gran desasosiego, de incertidumbre. Sí, escribir, encerrarme en el mundo que estoy tratando de inventar me arranca de la problemática personal y me hace vivir la fantasía. Mientras estoy escribiendo me siento invulnerable; cuando dejo escribir, las cosas cambian (risas). Lo que no quisiera es darte una idea falsa y decirte que esta época para mí ha sido desastrosa. Por una parte ha sido muy complicada y muy difícil por muchísimas razones, pero por otra ha sido una época maravillosa de mi vida y quisiera que quedara muy claro. Nunca he tenido la exaltación, el entusiasmo, las ilusiones que tengo hoy día a una edad en la que generalmente ya no hay tantos entusiasmos".

Mario Vargas Llosa a El País, España, octubre de 2015

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