Joaquín Lalanne

Una travesía de vida a través de la pintura

En 2009 y con 20 años de edad, Joaquín Lalanne se fue becado a Córdoba, España, para una residencia artística. Luego se mudó a Cadaqués, un pueblito andaluz, invitado por Ignacio Iturria.

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Joaquín Lalanne prepara su primera visita a Uruguay. Foto: R. Figueredo

Ahí siguió desarrollando su estilo y luego de conocer a quien es ahora su pareja, decidió radicarse ahí. Ahora llega a la Fundación Atchugarry para presentar Travesía pop, la primera muestra que hace en Uruguay.

—¿Por qué tu primera muestra en Uruguay se llama Travesía pop?

—Porque es un viaje. Embarcarse en la pintura de por sí es un viaje, es salir al mar al ver qué pasa, con qué te encontrás en el camino. Creo que es un resumen de todos estos años en los que he estado afuera, y volver a Uruguay. Es mi travesía. Y "pop" porque es el común denominador, en todos los cuadros hay elementos pop, que están mezclados con influencias de otros períodos de la historia de la pintura. Por ejemplo, atrás de una Venus de Milo puse un Popeye, que está pintado en sombras con la técnica de los pintores venecianos. Todo se mezcla, lo clásico y lo pop. La estructura de los cuadros, la composición, la luz, todo eso está tratado a la manera clásica, con el respeto por la perspectiva, por la luz. Son los temas los que son pop. Y al final, termina siendo mi personalidad la que define el cuadro.

—La última vez que hablaste para El País, habías pintado una serie de cuadros con motivos rurales. Los habías pintado en Uruguay, y con un enfoque radicalmente distinto. ¿Lo que hiciste en ese período es un capítulo cerrado en cuanto a tu pintura?

—No, para nada. Porque haber hecho eso me enseño mil cosas. Me dejó una huella que va a estar para siempre, en mis manos y en mis ojos. Esta muestra, la que presento ahora, es así porque es un resultado de lo que hice ahí. Haber estado pintando acá, al natural, fue una experiencia en la que dejé de hacer lo de siempre… Mejor dicho: dejé a un lado mi estilo, lo que me dio mucho más libertad: de composición, de tomar ciertos riesgos que yo —queda un poco mal decirlo— por comodidad o por temor, no los tomaba. Esa muestra, la anterior, me ayudó en ese sentido, y sin haber tenido esa experiencia por ahí no me hubiese animado a hacer lo que hice en Travesía pop. Fue importante.

—Ese cambio, ¿cómo se reflejó en la técnica?

—Me la pulió. Pintar al natural te exige más. Me ayudó a perfeccionar mi técnica, lo que a su vez me dio más soltura.

—Ese proceso de perfeccionamiento ¿lo hiciste por tu cuenta o tuviste el apoyo de algún referente?

—Solo. En lo que tiene que ver con la pintura al óleo, todo lo he aprendido solo. En ninguna de las escuelas a las que fui estudié pintura al óleo.Siempre estudié dibujo, que es lo que más me cuesta. La pintura y el color es lo que se me ha dado naturalmente. Con el dibujo es más problemático. Cuando vuelva a Cadaqués, luego de esta muestra, voy a volver a la academia, a seguir estudiando solo dibujo: estoy todo el tiempo dibujando.

—¿Cómo son esas clases?

—Se dibujan copias de estatuas clásicas y al natural, y van modelos que posan. Cada 15 minutos los modelos cambian de pose. Hay que dibujar rápido. Todo ese proceso de dibujar es clave. Hay gente que tiene facilidad para algunas cosas, y otra, para otras.

—Considerando lo que dijiste sobre dibujar, ¿esas clases representan momentos de estrés?

—No, no no. Lo disfruto como un animal, me encanta. A ver: no soy un perro dibujando (se ríe). Solo que si comparás cómo se me da pintar y cómo dibujar, lo primero es más natural para mí.

—Ya hace varios años que te fuiste...

—Sí, siete años y por ahora me voy a quedar en Cadaqués, un pueblito chico, muy lindo, en donde vivo con mi pareja.

—¿Cómo ha sido desarrollar tu trayectoria profesional en España?

—Increíble. Luego de la beca, llegué a una galería que recién empezaba a funcionar. Ahí expusieron tres cuadros míos durante un año y solo vendí uno. Luego se me dio la oportunidad de exponer cerca de Madrid. Entonces me quedé en España, para pintar cuadros para esa exposición. Y también me surgió poder exponer en la Galería Iturria, donde por primera vez expuse individualmente. Todo eso motivó notas en los diarios y en un momento llegué a conocer a Luis Bassat, que es una figura de la publicidad en España muy importante y que además tiene un vínculo con el FC Barcelona, porque se postuló dos veces para presidir el club. Él me compró cuatro cuadros. Fijate que es un tipo que tiene cuadros de Salvador Dalí en su casa. También me pasó que Antonio Pichot, que había sido amigo de Dalí, escribió el prólogo del catálogo de una muestra mía. Salía en los diarios y revistas. Empecé a tener un éxito comercial que no podía ni creer. Fue un poco extraño todo lo que me pasó. Yo encantado, claro. Pero sé que no es la norma.

—Ahora vas a exponer en Uruguay. ¿Qué expectativas tenés?

—La Fundación Pablo Atchugarry te da mucha visibilidad Es un foco que atrae en la región. Lo que pueda surgir después, no sé. Si querés, el primero de marzo te llamo y te cuento (se ríe). Pero más allá de todo eso, para mí es muy importante porque es la primera vez que hago una muestra en Uruguay. Desde lo afectivo tiene un significado muy grande. Van a venir familiares, amigos… Eso nunca lo vivís si no exponés acá. Me fui de Uruguay sin saber cómo me iba a ir, si efectivamente iba a poder vivir de mi pintura. Poder hacer una muestra acá, con algo de camino hecho, lo vivo con mucha emoción.

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