MERCEDES ESTRAMIL

"Saco mucha porquería de adentro con la escritura"

La escritora uruguaya habla de su última ficción, "Iris Play", del oficio y de la literatura en sí.

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Mercedes Estramil. Foto: Fernando Ponzetto

No se puede decir en qué momento exacto a Mercedes Estramil, una de las más importantes escritoras uruguayas hoy, la picó el bichito de la literatura. Se le daban bien las redacciones escolares, pero ese apenas fue un primer juego de seducción con la escritura. De adolescente se dejó cautivar por el tomo dos de Guerra y paz de León Tolstoi (no supo entonces que estaba comprando la segunda mitad de una historia), pero eso no conquistó del todo su corazón.

Sin embargo, cuando llegó a facultad, se descubrió a sí misma tratando de matar el aburrimiento en sus clases de Economía —carrera que fue "un mandato familiar sutilmente indicado"— escribiendo mala poesía. Y el camino empezó a torcerse.

Estramil, que además hace reseñas literarias para El País Cultural, empezó a publicar de adulta y ya editó las novelas Rojo, Hispania Help e Irreversible. Iris Play, construida a partir de columnas mensuales que publicó en Bla, es su última —y una de las mejores del año— "novela".

—¿Te costó soltarte del mandato de estudiar Economía?

—Cuando te soltás del mandato lo estás pagando toda la vida, así que me costó y me cuesta. De pronto cuando ves algunas de las dificultades que comporta dedicarte a la literatura, vuelve esa vocecita a hablarte. La dejás de lado, por supuesto, porque tomaste una decisión que creo es la correcta.

—¿Por qué empezaste a escribir más en serio?

—Porque pude. Hay caminos que están ahí y hay que tomarlos a ver qué pasa. Yo nunca me proyecté como escritora, como tampoco me proyecté en otras áreas de la vida, y en la medida en que no hubo un plan no sabría contestarte el por qué empecé.

—¿Seguís sin tener un plan?

—Sí. Tengo proyectos, ideas de lo que estoy escribiendo, pero sigue igual porque me resulta atractivo, encuentro placer en la escritura y me permite vehiculizar cosas que con una terapia no alcanzaría.

—No hacés terapia.

—Hice en algunos momentos, pero me di cuenta que saco mucha más porquería de adentro con la escritura que en terapia. Ahí no me terminaba de sacar la máscara, y en la escritura sí.

—¿De qué período son las columnas que forman Iris Play?

—Empezaron en 2011, creo recordar que la primera la pergeñé en la playa. Tenían una continuidad mensual y había empezado como una especie de crónica de lo que a mí se me ocurriera contar. Fue tomando un hilo, por eso ahora se puede leer, muy entre comillas, como una novela.

—Te preguntaron mucho...

—(Interrumpe) ¿Qué tanto tiene Iris Play de mí?

—Sí. Quiero saber, teniendo en cuenta lo oscura que puede ser Iris Play, cómo te llevás con las peores cosas de vos.

—Toda mi literatura es muy "autobiográfica", porque lo que vivo es lo que de alguna manera me inspira para escribir. Y yo soy malísima (se ríe), me parece que si hay una parte rica en cada uno de nosotros es la parte oscura, porque la parte clara muchas veces es una construcción para mostrar. Siempre la parte oscura me atrajo, lógicamente, y es lo que trato de rescatar a la hora de la escritura porque es la más atractiva.

—Iris Play no tiene filtro.

—Cuando comencé con esto no tenía plan, sólo sabía que se me ocurría un personaje que tenía mucho de mí, y lo primero que pensé porque quise ligarlo con temas literarios, fue: ¿qué haría yo si hiciera reseñas de libros sin ningún filtro? Por eso surgió Iris, que en ese sentido fue una liberación.

—"La novela versa sobre mí, que es sobre lo que versan todos los libros", dice Iris. ¿Es así?

—Creo que sí. La actividad del escritor de ficción es narcisista; somos seres muy egos, de mirarnos a nosotros mismos y estarnos calibrando. Se va a llevar algo de eso a la ficción, incluso cuando no parezca autorreferencial.

—Otra cosa que dice Iris es: "la literatura no salva". ¿Compartís?

—Yo creo que no te salva pero sí te salva, es las dos cosas. En nosotros conviven los contrarios y no hay vuelta, según el momento.

—¿Te mantenés al día con las novedades literarias?

—Trato más o menos, por una cuestión de disciplina. La literatura tiene una faceta atemporal que no siempre se toma en cuenta. Por ejemplo, se critica a El Cultural por sacar reseñas un año después de que el libro salió, y para mí no es relevante. Un libro no es un producto de consumo que tiene fecha de caducidad: si es bueno no la tiene, entonces no importa la compulsión por estar al día.

—¿No temiste que hubiera un exceso de referencias literarias a lo largo de Iris Play?

—No quería que hubiera un exceso, pero a la vez la idea de exceso me atraía. Intenté que el tono de la narradora fuera lo que llevara a los lectores. Era un procedimiento que ya había hecho en Hispania Help, porque el germen de Iris estaba en Hispania Help, que es un libro que quiero mucho.

—¿Tenés tus favoritos?

—Sí, claro. Supongo que es como con los hijos; esos padres que dicen: "los quiero a todos por igual", no creo. Hay un mandato de quererlos a todos por igual.

—Hay un mandato de quererlos, en primera instancia.

—Sí, es una buena apreciación. Te estás convirtiendo en Iris.

La aventura de escribir y no morir en el intento

Iris Play ama y padece la literatura, algo de lo que no se puede desprender. En este gran relato, un personaje oscuro y casi perverso pero adorable, presenta un periplo que va de la ficción a la crítica, de una referencia literaria a una frase que cualquiera se tatuaría, y que golpea rápido pero fuerte en la razón del lector.

​Autora: Mercedes Estramil.Editorial: HUM.Páginas: 112.Precio: 320 pesos.

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