González Bertolino

La realidad mirada desde los márgenes

Escribió Los trabajos del amor (Estuario Editora) escuchando Duke Ellington, “si bien el ambiente es bien cumbiero”, se ríe Damián González Bertolino. En el libro retrata la noche de dos personajes que se pasean por Maldonado con un cadáver en el baúl. Hay humor y una trama policial interesante. González Bertolino, que tiene 35 años, es además, docente.

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"Los trabajos del amor" sale en la colección Cosecha Roja de Estuario. Foto: A. Martínez

—Los trabajos del amor es su tercera novela, ¿qué la diferencia de las otras dos?

—El ambiente de este libro está vinculado al mundo de la delincuencia. El increíble Springer estaba basado en algo mucho más íntimo, más personal y El fondo es una historia de familia. Acá se pasa a otro mundo, la actualidad, están Maldonado y Punta del Este pero sobre todo hay un corrimiento en la perspectiva. La realidad se mira desde el margen de la sociedad.

—¿Y por qué ese corrimiento?

—Cuando lo escribía, jamás pensé en esta historia como policial porque de hecho soy un lector deficiente del género y nunca me entusiasmó mucho: nunca pude con su lógica. Lo que me llevó a escribirlo tiene más que ver con los personajes en sí que con la trama. La serie de sucesos que transcurren durante toda la noche que abarca la novela es accesoria a la mirada que los personajes tienen de la realidad.

—Esos personajes, además, son dos delincuentes.

—Me interesaba hacer un rescate de ese tipo humano sobre todo por qué conocí a mucha gente así y conozco muchas historias vinculadas con ese mundo. Y veía como desafiante darle voz y visibilidad a una forma de mirar la sociedad que en general no aparece.

—Usted nació en el barrio Kennedy...

—Nací, crecí y vivo allí...

—Pero, Morales y el Toto, los personajes de la novela, ¿son de ahí?

—No necesariamente, pero si de la periferia de Maldonado. Es un tipo de personaje que conozco. Conocí mucha gente que con el tiempo tuvo problemas con la ley y eso me llevó a conocer historias y ese mundo sin pertenecer a él pero estando cerca. Y sé, creo, la lógica y el punto de vista desde donde se mira esas historias. Igual, en Los trabajos del amor no hay tanta transplantación de lo que yo sé, hay mucha invención.

—En las escenas iniciales la referencia que más se me hizo presente fue la de Quentin Tarantino, con esos dos matones hablando de cualquier cosa cuando van rumbo a una misión. ¿Estoy tan errado?

—Un amigo me dijo que le hicieron acordar a Tiempos violentos y es así: Tarantino sacó el modelo de esos personajes del submundo californiano. Pero no es una referencia explícita.

—Usted es docente, ¿cómo son sus rutinas de escritor?

—Puedo escribir a cualquier hora y en cualquier lugar. Escribo a mano, luego lo paso a máquina de escribir.

—¿Máquina de escribir?

—Sí, porque no tiene WI-FI y yo soy una persona un poco dispersa.

—El libro se publica en la colección Cosecha roja de Hum, ¿se ha convertido en un escritor de policiales?

—No me interesa serlo. De hecho no creo que vaya a escribir algo así aunque me interesan mucho estos personajes y esa sería la única razón por la que volvería al género.

—¿Y en qué está?

—Mi próximo libro, de hecho, es autobiográfico en donde exploro la memoria, mi relación con mi familia, con mis vecinos en el barrio Kennedy. Cuando uno se mete con cosas que son la sangre de uno a nivel cultural, teme no dar el tono adecuado y, aunque me está costando, me tiene muy contento. Se va a llamar El origen de las palabras.

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