RODOLFO SANTULLO

"El policial sigue siendo mal visto"

Entusiasta y prolífico como sus hermanos (Fernando, músico, y Laura, escritora y guionista), Rodolfo Santullo viene desarrollando una obra particular. Guionó, gestionó y editó historietas cuando el género parecía improbable (empezando por Los últimos días del Graf Spee, 2008 y reeditado en 2013).

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Rodolfo Santullo. Foto: Marcelo Bonjour

Y además se metió de lleno en el policial, narrativa que pese a su popularidad mundial sigue mirándose de reojo en nuestro país. Acaba de publicar su nueva novela Luces de neón y está al frente de Negro, proyecto que editó Estuario y que convocó a 11 autores e ilustradores para crear en torno a su temática preferida. Se presenta el lunes a las 20:00 en la Feria del Libro de la Intendencia.

—¿Cómo se enganchó con la literatura policial?

—Por herencia familiar, primero por mis viejos y segundo por mi hermano Fernando, que sigue siendo el que me recomienda qué leer.

—¿Le interesan otros géneros?

—En las historietas que he guionado nunca escribí policiales, ahí se me abrieron otras puertas. Pero en la narrativa creo que hasta hago una especie de militancia. Y eso que entre escritores está mal vista la novela negra.

—¿Por qué?

—Porque no se considera alta literatura. Esta fue la mirada de la academia a nivel internacional durante muchísimo tiempo. Parece que ahora los que estamos atrasados somos nosotros. En cualquier otro país ya no se la mira de reojo.

—Sin embargo cada vez se realizan más series policiales.

—Es que la popularidad del género nunca estuvo en duda, siempre ha sido de los más promocionados y vendidos. Pero Raymond Chandler fue reconocido luego de su muerte. Entonces, es un proceso. Acá hay menos prejuicio que antes, pero lo sigo viendo.

—¿Qué es lo que le fascina de este tipo de escritura?

—La construcción social de un puñado de personajes que por diversas razones se ven involucrado alrededor de un hecho policial. No tiene que ser necesariamente un crimen de alto vuelo: me alcanza con que la anécdota me permita verlos interactuar. Es un espacio donde uno ve las miserias humanas al desnudo, porque suelen ser tipos amorales o manotazos de ahogado de un pobre desgraciado que se mete en una situación que lo supera.

—Así que lo suyo es una observación.

—Es un laboratorio: los pongo ahí y veo cómo reaccionan.

—¿Cuál suele ser su punto de vista al escribir?

—Casi nunca la del detective. Casi siempre la de los tipos involucrados: los que comenten el crimen o a los que le cometen el crimen.

—¿Qué complejidad tuvo la escritura de Luces de neón?

—La trama en paralelo de un caso ocurrido en 1986 pero que debía ser comentado en el presente sin quemar información ni esconderla de forma muy obvia. Y luego, imaginar el policial entre coordenadas nacionales, porque esto no es Oceans eleven, no hay expertos, acá hay tipos que se distinguen por su amoralidad para cometer un crimen.

—Tiene la costumbre de ver una película cada día y escribir su reseña, ¿se filtra esto en sus novelas?

—Se filtra más en las historietas. Normalmente imagino a mis personajes dibujados, no interpretados por actores. Me han dicho sí que describo mucho, eso puede ser del cine.

—¿Se arma mapas para organizar los conflictos ?

—Sí, pero más bien para organizar las eventualidades que pueden interrumpir la escritura. Armo escaletas como si se tratara de un guión: qué pasa en cada capítulo y entre quiénes. Eso me permite retomar la escritura luego de meses sin perder la coherencia.

—Su hermana Laura también es escritora, ¿la consulta?

—Sí. Pero mi hermano Fernando es mi conejillo de indias, es ideal para encontrar los errores que puedo cometer en la historia. Luego, mi mujer. Y confío mucho en Ramiro Sanchiz, que me corrige los problemas gramaticales. Ellos me hacen las devoluciones antes de publicar.

—¿Cómo surgió Harrison Rey?

—Era un personaje poco desarrollado de Sobres papel manila (Estuario, 2010), y para mi sorpresa me empezaron a preguntar, "¿cuándo vuelve?", como si fuera una saga. Lo tomé para esta novela y tuve que inventarle una personalidad.

—¿Cómo elige los nombres?

—Me inspiro en jugadores de fútbol, sobre todo argentinos. Harrison Rey fue buscar el clásico "Washington López" uruguayo, pero llevado al extremo.

—¿Cuándo empieza a escribir?

—Cuando arranco tengo como islas, y lo que resuelvo cuando me siento frente al papel son los puentes de una a otra.

—¿Cuál de esas islas pesa más?

—O un inicio o lo que sería el conflicto más potente, que podría ser el medio. En este caso quería escribir sobre un robo a un hotel casino.

—¿Qué parte del trabajo le resulta más disfrutable?

—Los diálogos, y eso que pasé mucho tiempo sin usarlos por una cuestión de estilo, hasta que Martín Bentancor me lo hizo notar cuando escribimos juntos. Ahora, una de las cosas que más disfruto es encontrar la voz en alguien que conozco y dársela a un personaje, y desde ahí pensar sus líneas.

—¿Uruguay es un buen escenario para policiales?

—Es el que me tocó. Necesito conocer el lugar porque la verosimilitud es muy importante. Para mí fue fundamental Henry Trujillo, cuando tenía 15 leí El vigilante y me dije, si se puede hacer un policial en Melilla, ¿qué hago pensando historias en Chicago?

—¿Y nuestra idiosincrasia?

—Tiene sus particularidades que pueden ser consistentes. A nivel regional la idea del asesino es otra: no es un experto sino un tipo bruto que no sabe qué hacer con un cadáver y termina bañado en sangre. Otro tópico es la investigación, porque no tenemos un aparato policial organizado: nosotros podemos escribir acerca de eso que no funciona. ¿Por qué los detectives privados suenan paródicos cuando son de estos lados? Porque acá solo pueden investigar infidelidades o fraudes. En Uruguay un detective no tiene ningún romanticismo, y no está mal como rasgo de un protagonista. Nuestro policial es distinto, y eso hay que aprovecharlo.

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