MUESTRA

"Picasso en Uruguay": entre celulares, así miran los uruguayos una exposición histórica

Entre adultos y niños, crónica de un paseo de tarde por Picasso en Uruguay.

Picasso en Uruguay. Foto: Leonardo Mainé
Picasso en Uruguay. Foto: Leonardo Mainé

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Hace cinco minutos, la señora está tratando de registrar de la mejor manera posible Musicien. El cuadro, uno de los más grandes de la muestra Picasso en Uruguay, que desde el 29 de marzo se puede visitar en el Museo Nacional de Artes Visuales, es de 1972 y muestra a un mosquetero tocando la guitarra. La mujer, elegante, ronda los 60 años y da unos pasos hacia adelante, retrocede, se acomoda, siempre con el celular en alto. Es probable que el vidrio que protege este óleo sobre tela le esté jugando una mala pasada con los reflejos; es probable que, para ella, el cuadro merezca un lugar especial en el archivo de su teléfono. Sin embargo, hará lo —no siempre con tanta dedicación— frente a muchas de las obras que se reparten en este segundo piso.

De repente, hay celulares por todos lados: hay más celulares que obras de Picasso, más presencia impuesta de los teléfonos que del artista, y da la sensación de que importa más el registro que la experiencia. La pregunta aplica casi que a cualquier actividad de hoy: ¿para qué, para quién, para ver cuándo son tantas fotos?

Ayer, sobre las 14.00, la mayoría de los que estaban viendo esta exhibición de carácter histórico para el arte uruguayo, superaban los 40 años. Había parejas, algunos grupos pequeños, personas solas, duplas de amigos o familiares. Había más mujeres que hombres, con una necesidad bastante común de observar, comentar, leer los textos descriptivos de cada sección, y registrar, sobre todo registrar: a los cuadros, a ellos mismos.

Picasso en Uruguay. Foto: Leonardo Mainé
Picasso en Uruguay. Foto: Leonardo Mainé

Los más de 40 trabajos de Picasso que llegaron a Montevideo se dividen, en las Salas 4 y 5 de la pinacoteca ubicada en Parque Rodó, en seis secciones. Son “Barcelona modernista”, “El cubismo en escena”, “Metamorfosis de entreguerra”, “El triunfo del erotismo”, “Cerámicas” y “El último Picasso”. El criterio de selección de cada espacio es concreto, y permite fragmentar la mirada sobre una obra que abarcó décadas y fue afectada por distintos acontecimientos sociales, políticos y personales. Es lógico que las reacciones sean de lo más variadas.

Si en “Metamorfosis de entreguerra”, por ejemplo, la actitud del visitante tiende a lo solemne, en “El último Picasso” (donde está el Musicien del principio de la nota) hay más sorpresa y, por qué no, desconcierto. “¿Será porque hizo algo diferente? No entiendo, que alguien me lo explique”, le dice una mujer a otra, paradas las dos frente a una de las interpretaciones de Las Meninas, de 1957. El óleo de colores vivos, de pinceladas algo desprolijas, fue pintado por Picasso a sus 75 años y es uno de tantos ejemplos de cómo el malagueño llevó su trabajo a una esencia cada vez más infantil, primitiva.

Es cierto que una pieza así, frente a otras como Le Baiser o Dormeuse aux persiennes, puede parecer simple, pero parte del encanto de Picasso en Uruguay está ligado a eso, a lo cambiante de una obra que es siempre potente. Y eso no lo registrará ningún teléfono, por más esfuerzo que se haga, por más tecnología de avanzada.

Perspectiva

Ver como niño

A Mila Cernuschi le dijeron, en la escuela, que Picasso “tenía un amigo que se murió, y él se puso muy triste y empezó a pintar todo en azul”. Mila tiene seis y le gustan los cuadros de Picasso, los colores, “el verde”. Hace un rato estaba detenida frente al Musicien y hablaba con su madre, Silvina de Brum, de dónde estaban las manos, de si lo que había detrás de la figura humana era o no una silla. Sin celular, la niña dio varias vueltas por la muestra y a diferencia de muchos adultos, observaba todo.

Picasso en Uruguay. Foto: Leonardo Mainé
Picasso en Uruguay. Foto: Leonardo Mainé

Silvina dice que no se emocionó tanto como esperaba con la muestra, posiblemente por lo que implica hacer un paseo así con dos niños (a Luca, de tres y medio, lo llevó en brazos un buen rato), pero sí quedó maravillada con algunas de las obras. Le gustó mucho la historia del amigo de Picasso, Jaime Sabartés, quien décadas atrás quiso traer su obra hasta Montevideo, y celebra que se haya concretado “la posibilidad de conectarnos a nosotros con este arte impresionante”.

Frente al video que hace un rato miraba Luca, uno del entonces niño Paul Picasso, el hijo del artista, disfrazado junto a su madre Olga, ahora están decenas de chicos del Colegio Latinoamericano, de cuarto y quinto año. El barullo lo compensan con la atención que le prestan a las todo lo que hay, con las preguntas que hacen, con las conclusiones ingeniosas (“¿Qué tiene, un motor en la cabeza?”, dirá un niño frente al Dimanche).

Para Claudia Porrini, una de las maestras que acompaña al grupo, Picasso es más propio para chicos de sexto, un curso en el que se trabaja más sobre el arte contemporáneo y las guerras mundiales. “Pero Picasso puede aparecer siempre”, dice, y explica que si bien se trabajó en la previa sobre la figura del malagueño, lo interesante en clase vendrá después, a partir de los insumos que cada uno tome de este paseo.

Para Claudia, en los últimos años el conocimiento artístico ganó lugar en la educación formal, y tanto en la escuela pública como en la privada, se estimula mucho a los niños en ese rubro. Las visitas a museos no son hechos aislados y eso, en el comportamiento de estos niños, se nota. No necesitan de celulares para grabarlo todo, porque de una u otra manera, encuentran en Picasso un atractivo más genuino que el de muchos adultos que, es probable y entendible, le darán otra dimensión a esta posibilidad de estar frente al trabajo del artista más importante del siglo XX. Tal vez por eso, a muchos les importa más lo que ven los celulares, que lo que miran sus propios ojos.

Datos

Horarios, precios y charlas de la muestra

Picasso en Uruguay inauguró el 29 de marzo, y se queda hasta junio en el Museo Nacional de Artes Visuales. La entrada cuesta $ 250 y los martes la visita es gratis, previa reserva a través de Tickantel. El museo abre de martes a domingos de 10.00 a 20.00, y tiene más muestras, con entrada libre.

En el contexto de la exposición sobre Picasso, el coleccionista Jorge Helft, responsable de la idea original de traer la muestra, dará una serie de charlas en el museo: el 11 de abril a las 19.00 hablará sobre Suite Vollard; y el 26, a la misma hora, sobre Picasso íntimo. En tanto, Francisco Jarauta dará una charla el 12 sobre Les Demoiselles d’Avignon, y el 6 de mayo habrá otra de Didier Semin, sobre Picasso y el cubismo.

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