Visiones sobre un intelectual italiano

La pérdida de un hombre de letras y de grandes aportes

La muerte de Umberto Eco deja un vacío intelectual y adelanta su libro.

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Umberto Eco, escritor y filosofo italiano. Foto: AFP

El escritor que cambió la cultura italiana" y "El hombre que sabía todo" señalaban los titulares de los principales medios italianos, ayer durante todo el día. La muerte de Umberto Eco, el viernes a la noche a sus 84 años, víctima de cáncer, acaparó la atención de la prensa y obligó a echar un vistazo retrospectivo a su figura.

Filósofo y escritor (faceta en la que resalta El nombre de la rosa, una novela que fue llevada al cine en 1986), Eco destacó sobre todo por su trabajo en semiótica. Se convirtió en un autor de referencia gracias a trabajos como Obra abierta, Apocalípticos e integrados y Tratado de semiótica general, un imprescindible en cualquier carrera vinculada a las letras.

"Fue un gran ejemplo de intelectual europeo", dijo ayer el primer ministro italiano, Matteo Renzi. "Encarnaba la inteligencia única del pasado y una capacidad infatigable de anticipar el futuro", agregó.

Políticos, escritores, artistas, intelectuales y académicos lamentaron su fallecimiento y resaltaron su importancia. El director francés Jean-Jacques Annaud, responsable de la película El nombre de la rosa, recordó el trabajo que hicieron juntos y, entrevistado por la radio France Info, lo describió como "una persona fascinante".

Ayer, su editor Mario Andreose anunció que el funeral del intelectual será el martes en Milán, en Castillo Sforzesco. La ceremonia, además, será laica pues Eco era ateo.

Andreose también adelantó que el nuevo libro del italiano, que se llamará Pape Satàn Alepp y estaba previsto para mayo, se adelantará para el próximo fin de semana. Recogerá desde el año 2000 hasta hoy todas las columnas que Eco publicó en LEspresso bajo el título "Le bustine di Minerva".

Visiones.

"En la faceta que fuere, Umberto Eco, como buen italiano, era un hombre expansivo, abierto al diálogo y a la exposición pública, que quizá lo perjudicó en los últimos tiempos", dijo a El País el profesor y doctor en Letras Pablo Rocca.

Rocca describió a la obra del italiano como una "moderada constelación", y destacó el impacto que tuvo Apocalípticos e integrados a fines de la década de 1960. Con esa obra y con apenas 30 años, Eco comenzó a consolidarse como una figura popular, que lograba llevar los asuntos académicos por fuera de la órbita intelectual.

En ella establecía una diferencia muy comentada en la época, que tenía que ver con la adaptación al medio y la cultura masiva. Los integrados eran aquellos que se adaptaban a la cultura de masas, y los apocalípticos los que la rechazaban.

Eco, que siempre fue un integrado, terminó de alguna manera (seguramente por una cuestión generacional) siendo un apocalíptico, sobre todo en relación a Internet.

"Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. (...) Ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas", había dicho en una entrevista con La Stampa.

"Su contribución a la semiótica como disciplina, más allá de cualquier rigidez inicial, sus estudios sobre la ilusión y, en particular, su contribución sobre los mitos modernos y los héroes y antihéroes de la novela folletinesca, son puntos de partida ineludibles", afirmó Rocca.

En cuanto a su rol de escritor, opinó que El nombre de la rosa trajo "sorpresa para quienes creían que Eco estaba encerrado en el círculo glacial de la escritura académica". "Se convirtió en un best seller capaz de capitalizar sus saberes ajenos para el gran público", valoró.

"Era un buen expositor y un buen divulgador", señaló por su parte el escritor y ensayista Amir Hamed a El País. Para Hamed, la principal virtud de Eco estuvo en transformar conceptos "crípticos" y ponerlos al alcance de un público mayor, volverlos asequibles.

"Él en semiótica no dijo nada nuevo en tanto semiota, pero tenía la habilidad de exponer bien y volverla digerible", explicó. "Fue un hombre culto, pero como teórico no tuvo ideas propias", apuntó.

Como escritor, sin embargo, Eco le interesó menos a Hamed, pues sostiene que no tenía talento genuino para la escritura creativa y sí una notable habilidad para hacerla bien.

"Bajo ningún concepto se puede decir que Eco fue un gran escritor. Ahora, fue un hombre de la cultura, y como hombre de la cultura siempre estuvo aportando. No sabía todo, pero mucho sí", resaltó.

Para Hamed, con la ida de Eco se pierde "la imagen de un hombre de letras". "Eco era básicamente un medievalista, un tipo muy inteligente, y es una pena que esa gente culta no se siga reproduciendo. Hay menos respeto por la tradición, cada vez hay menos respeto por los saberes. Eco era un hombre que sabía, y esa es la pérdida".

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