Artes Plásticas

La otredad en tres formas de hacer y entender arte

Tres artistas charlaron con El País sobre Alteridades, que está en el Subte

Luisho Díaz, Inés Hirschy y Santiago Dieste, tres de los artistas en la muestra de la sala XL del Centro de Exposiciones Subte
Luisho Díaz, Inés Hirschy y Santiago Dieste, tres de los artistas en la muestra de la sala XL del Centro de Exposiciones Subte. foto: Ariel Colmegna

Para entender al arte contemporáneo, hay que dejar de lado los prejuicios. Hay que pararse frente a la obra sin la pretensión de entender, porque el arte, por lo menos el arte contemporáneo, va más allá de la razón, de esa costumbre occidental de poner a la cabeza ante todo. En eso están de acuerdo Inés Hirschy, Luisho Díaz y Santiago Dieste, tres jóvenes uruguayos que junto a otros artistas exponen en Alteridades, una muestra colectiva que está en Centro de Exposiciones Subte desde el 18 de mayo y que permanece abierta de martes a domingos de 12.00 a 19.00.

Parten de una misma premisa, propuesta por el coordinador artístico del Subte, Raúl Álvarez, que plantea “un conjunto de trabajos que indagara en subjetividades alternativas a la norma”.

Desde ahí, Díaz, se apropió de un problema mediáticamente conocido: la salida de Camila Rajchman y la catarata de insultos hacia la chica que se dieron en los comentarios del video de despedida, para desde ahí reflexionar sobre cómo las redes sociales moldean las maneras en que nos comunicamos y nos relacionamos en una obra que se titula “Rombye”. 

Hirschy, en cambio, fue por algo más personal en “Habitat natural”. Tuvo su puntapié, como explica, “en una acción espontánea que me resultó poética”; en la primera vez que se quedó sola en el espacio de la persona con la que sale, “en el espacio de ese otre amante-resalta la importancia del género neutro- y en el vínculo de mi cuerpo y ese espacio, de esa persona en la que depositamos un montón de cosas”.

Y Dieste encontró la alteridad al investigar los stilettos, esos “zapatos de taco radicales” y en un intento de “impulsar cambios culturales que remuevan estereotipos y prejuicios de género y diversidad”. Su obra “Zapatito de hormigón mediecita de limón” es parte de una línea de investigación que sigue como artista desde hace un tiempo rellenando objetos cotidianos o desechos con hormigón. Los rellenos de zapatos usados, expuestos en la sala como si estuvieran en una vidriera, representan la forma que adquiere el pie -hasta pueden notarse las deformaciones- para poder calzarlos.

Dieste busca generar un cuestionamiento sobre la vida de consumo y un “sinfín de significados y connotaciones que están detrás del objeto”, explica.

Hay una intención en su obra, al igual que en la de Díaz, que quiere sacar al espectador del lugar pasivo y lo invita a participar proponiendo un cuadro “como de quinceañera” en el que pueden escribir y continuar los mensajes de las redes -o cambiarlos- para así incitar al visitante a revisar cuestiones que están naturalizadas. O en Hirschy, que en la intimidad se encontró con un momento y una luz natural idónea que la invitó a convertir, con su cámara del celular, el instante en obra, pero que si lo profundiza, se encuentra siendo artista y retratada a la vez, “en una historia del arte que ha sido siempre dominada por artistas hombres, y por retratadas mujeres”.

Entonces sí, hay intenciones y reflexiones, pero los tres saben que cuando el visitante se para frente a la obra viene con otro mundo y otras intenciones que lo pueden llevar por lecturas diferentes, y solo queda “confiar en el potencial polisémico de la imagen”. Que el arte hable por sí solo y que el visitante sea receptivo, es fundamental.

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