TOMÁS DE MATTOS

Una obra enorme y un espejo fiel

Ayer falleció una de las grandes voces de las letras locales, el autor de ¡Bernabé, Bernabé!.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El artista deja el legado de una obra humanística, honda y plena de valores. Foto: D. Borrelli

La literatura de Tomás de Mattos está llamada a permanecer, a cosechar más lectores (aquí y en el exterior), a hablarle también a los uruguayos del futuro. Su estilo inconfundible, los temas que abordó, la seriedad y oficio con que tomó el arte de escribir, fueron en él un sello personal que lo llevó a comulgar con innumerables seguidores. Pero además, el egregio narrador es evocado ahora por unanimidad, a tan solo un día de su fallecimiento, como un ser honesto, y especialmente dotado para la amistad y los afectos.

"Antes del impacto público y el moderado escándalo en las capillas culturales que supuso ¡Bernabé, Bernabé!, cuando, en 1988, se salía en pésimos términos de la dictadura, de Mattos había dado pruebas de una obra sólida. Lo hizo dentro y fuera de la tradición realista y posgauchesca rioplatense; dentro y fuera de las líneas consagradas por el boom. Con A la sombra del paraíso demostraría, sin los grados de audiencia de la anterior, que era capaz de escribir un notable tipo de policial casi metafísico y de atmósfera rural. Otras apuestas posteriores, más frondosas y de mayores ambiciones, como La fragata de las máscaras o La puerta de la misericordia confirmaron su aliento narrativo, pero tal vez debilitaron la más intensa capacidad de renovación que, hasta entonces, no había dejado de exhibir", afirmó a El País el investigador y docente Pablo Rocca, reconocido estudioso de la literatura uruguaya.

Carlos María Domínguez, destacado narrador, remarcó dentro de la literatura de De Mattos "la ambición literaria de sus ficciones, que tomaba de la realidad con el celo de un historiador, y convertía en valiosas sagas dramáticas, con una portentosa gama de recursos narrativos. Él tenía una comprensión histórica y literaria de la realidad, y un dominio de la prosa que daban a un tiempo la inteligencia y la sensibilidad frente a la fatalidad de los conflictos. La puerta de la misericordia y La fragata de las máscaras fueron sus novelas más ambiciosas. Trampa de barro es su gran libro de cuentos, y estos títulos, junto a ¡Bernabé Bernabé!, dejaron una huella imborrable en la literatura uruguaya. Rara vez un novelista uruguayo abarcó tantos temas de largo aliento con la densidad reflexiva y la convicción estética de Tomás de Mattos".

Efectivamente, la obra de este gran artista recorre diversos momentos de la historia nacional, desde aquel ¡Bernabé, Bernabé! que marcó un hito en los primeros años del advenimiento de la democracia, hasta sus últimos trabajos, como el voluminosos tomos que dedicó a la obra vareliana, El hombre de marzo, de 2010, novela histórica de una enjundia humanística que fue a contrapelo de mucha de la literatura fácil que se multiplica por tantos lugares. Las figuras de Carlos Vaz Ferreira y de Pedro Figari, estaban en los planes de sus trabajos futuros, como en una ocasión contó a El País

Su hondo perfil humano completa el retrato de este narrador y columnista. "Ni escondida ni exhibida su condición de mayúsculo creador, uno de nuestros narradores que nos brindara la más soberbia narrativa de los últimos años de nuestra literatura. Ajeno a la soberbia o a la petulancia, sin ignorar su luminosa identidad como escritor, jamás hizo gala de ella", afirma Jorge Arbeleche.

"En Tomás de Mattos convivía el abogado, el católico devoto y el escritor. A menudo esas tres identidades colaboraban y competían en su obra. Se encontró con la paradoja de merecer una proyección latinoamericana e internacional que el destino le negó en vida, pero el tiempo, si la memoria literaria resiste el fetichismo de los consumos, instalará en su valiosa magnitud", augura Domínguez.

"Fue un hombre bueno, con todas las virtudes y limitaciones de un hombre bueno, comprometido con sus asombros, la fraternidad, la idea de que la literatura justificaba su vida y podía aportar una dimensión valiosa a la comprensión del tiempo humano. No se llevó muy bien con Montevideo, necesitaba las relaciones más próximas de Tacuarembó. Tenía el reclamo de esa marca largamente instalada en el interior del país frente a la capital. Pero nunca le hizo pesar en su literatura, que felizmente trasciende el pueblo y la capital, el regionalismo, el costumbrismo y cualquier ismo que se le ponga", agrega el autor de La casa de papel.

"Tuvo una vocación política despojada de la habilidad necesaria para lidiar con el poder, y padeció sus consecuencias cuando se hizo cargo de la Biblioteca Nacional. Sus mayores logros están en sus libros y son auténticos logros, no solo personales, también pertenecen a la historia de la literatura uruguaya", puntualiza también Domínguez.

"Su libro más vendido fue ¡Bernabé, Bernabé!, sin dudas. Desde su edición en Banda Oriental, ha sido un libro clave para toda una generación de lectores. Otros de sus libros más vendidos fueron La puerta de la misericordia, que fue publicado en 2002, en plena crisis del Uruguay, y obtuvo una sorprendente repercusión en el público. Su última novela, Don Candinho o Las doce orejas, tuvo muy buena acogida en cuanto a ventas. Con respecto a sus libros más voluminosos, como por ejemplo los dos tomos de El hombre de marzo, hay que decir que jamás dudamos sobre la pertinencia de publicarlos, aun a riesgo de que fuera complicado en cuanto a costos editoriales. Siempre entendimos que los proyectos de Tomás eran importantes, era necesario que el público tuviera acceso a esas lecturas", explicó el editor Julián Ubiría, responsable de haber hecho llegar al mercado parte de la producción artística del escritor, desde el Grupo Santillana. Ubiría de-finió a De Mattos como "un hombre sabio, humilde, generoso, solidario. Una persona que hacía ejercicio del humanismo en sus actos cotidianos".

En entrevistas a El País, en general con motivo de un nuevo libro, el artista dejó algunos conceptos que hoy vale la pena recordar. Una vez, al ser consultado sobre si tomaba apuntes, contestó que prefería memorizar, para que luego la idea le volviera en el momento justo. Sobre su propia prosa, decía que buscaba que fuera imperceptible. Y sobre un consejo para un joven escritor: saber en qué momento cortar la tarea, y dejar siempre algo para escribir al día siguiente.

El Ministerio de Educación y Cultura se sumó al duelo

"La noticia del fallecimiento de Tomás de Mattos nos agarró a todos dispersos. Hoy, en cuanto supimos, nos comunicamos temprano con la ministra María Julia Muñoz. Yo en este momento estoy en Treinta y Tres, para ajustar detalles del Plan Nacional de Cultura, que vamos a lanzar aquí el 1° de abril próximo. El MEC publicó un obituario sobre el escritor en nuestra página web, además de las condolencias del caso que se hacen llegar. No vamos a poder tener presencia física en las exequias, porque el velatorio es en la ciudad de Tacuarembó, a las 18 horas, o sea que no tenemos tiempo material de llegar hasta allí", detalló a El País Sergio Mautone, Director de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura, al ser consultado sobre si habría algún pronunciamiento oficial al respecto.

Cuatro semblanzas desde distintas miradas

LITERATOS LO RECUERDAN

Un destacado poeta, dos notables escritores y un prestigioso investigador y docente recuerdan al amigo y artista

La imaginativa realidad

CARLOS MARÍA DOMINGUEZ

"Tomás amaba la sencillez, porque la sencillez le mostraba el camino más llano a la profundidad de las historias que contaba con voracidad y gozo, y una enorme tenacidad. El gran novelista murió en la calle, mientras iba a hacer la compra al mercado. No hace mucho dijo en una entrevista: A mí me encantan esos cuentos de final abrupto en los que la historia abandona al lector, pero la realidad es mucho más imaginativa", contó el crítico y novelista argentino radicado en Uruguay Carlos María Domínguez.

El último gran narrador

PABLO ROCCA, INVESTIGADOR

"La muerte aleja a quien, por ahora, es el último de los narradores uruguayos de reconocimiento y amplia circulación más allá de los pequeños círculos a que el consumo literario ha sido acorralado. El empobrecimiento nacional aumenta porque perdemos, además, a un ser humano de los que no abundan, cordial, tolerante y comprensivo. Sin las novelas, sin los cuentos y sin las prosas breves de Tomás de Mattos, otra y mucho más débil hubiera sido la literatura del país y de la región".

El ejercicio de la risa

JORGE ARBELECHE, POETA

"Conocí a Tomás de Mattos desde diferentes ángulos, y cada uno me permitió ver una personalidad singular y única. Así es que se unían a su natural condición de bueno (a la manera machadiana), la del amigo bonachón y humorista, que disfrutaba y ejercía la risa entre amigos. Fue bueno, fue noble, cristiano de ley, de raíz y de ejercicio. Esperemos que San Pedro no le permita fumar más. A nosotros no nos hizo caso. Creo que era una forma inteligente de enfrentar a la muerte, entre bromas y veras".

Teníamos la misma edad

ELVIO GANDOLFO, ESCRITOR

"En los últimos años nos vimos bastante menos, pero en muchos momentos del pasado consideraba a Tomás un buen amigo. Cada vez que nos cruzábamos en Montevideo, y podíamos, tomábamos un café y hablábamos de todo un poco. De su obra mis tres libros favoritos son los cuentos de "Trampas de barro" y las novelas ¡Bernabé, Bernabé! y A la sombra del paraíso. Su muerte me sorprendió, y me preocupó: teníamos la misma edad", contó a El País el escritor y crítico.

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