Claudia Piñeiro

"Las novelas tienen sus melodías"

Las viudas de los jueves, Betibú, Tuya y ahora Las grietas de Jara, son algunos de los éxitos de esta escritora bonaerense. Algunas de esas novelas multiplicaron su éxito en el cine pero partieron de best sellers bien escritos.

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"Las novelas me parecen como una imagen, no como una frase". Foto: N. Pereyra

En esa categoría también está su nueva novela, Una mentira pequeña, la historia de una mujer que vuelve a Buenos Aires a intentar resolver algunos asuntos de su pasado que quedaron intespestivamente truncados. Como todas sus novelas se lee de un tirón. Sobre su trabajo y su método, habló con El País.

—¿Cómo llega una contadora a ser escritora?

—Ser contadora fue una circunstancia porque yo escribo desde siempre. Vengo de una familia donde no hay artistas, ni escritores, así que la idea era estudiar una carrera. Cuando terminé el Secundario iba a estudiar Sociología pero era 1978, el año en que la dictadura militar cerró la carrera de Sociología. Entonces no quedaba tanto para elegir, así que como no sabía lo que era la contabilidad me metí en eso. Y mientras tanto seguí escribiendo y recién a los 30 me di cuenta que podía vivir de eso. Y ahí me acerqué a la literatura como oficio: fui guionista, periodista y ahí pude hacer el pasaje a escritora.

—¿Por qué alguien se vuelve escritor?

—En mi caso y en el de muchos escritores, lo de la escritura es ontológico, en el sentido que vos sos lo que sos porque sos escritor y si no lo fueras no serías esta persona. Viene el chip metido y tenés que escribir. Siempre me resultó más sencilla la palabra escrita que la palabra oral. En mi libro, Un comunista en calzoncillos, que es bastante autobiográfico, hablo de periodos de mucho silencio en mi casa y la escritura funciona como la posiubilidad de ponerle palabra a silencios anteriores.

—Una cosa muy presente en sus libros y lo vi particularmente en este, es una estructura que suele ser precisa. ¿Cómo trabaja eso en sus libros?

—Muchas veces se desprecia la estructura y para mi es fundamental. Es como esas cosas que hay que pensar. Para las historias que a mi interesan hay que pensar cómo se quiere contarlas. Después está la deformación profesional de haber sido guionista ya que en los guiones tiene que haber una estructura. Estudié dramaturgia con Mauricio Kartum, un director muy importante, que decía que la estructura es el sostén de lo que se quiere contar pero que no puede verse. Casi todas mis novelas tienen una estructura diferente, no son siempre la misma estructura. Hay un trabajo anterior de pensar cómo la cuento, dónde la arranco, cómo dosifico la información para llegar a dónde quiero llegar.

—Eso queda clarísimo en Una suerte pequeña, donde va administrando la información desde el suspenso.

—En esta novela, hay suspenso a pesar de que no tiene nada que ver con una trama policial. De todas mis novelas, la única que pensé como un policial fue Betibú, sin embargo todas mis novelas tienen, aunque sea en un plano secundario, una trama policial. Y el policial es lo que te da la estructura, eso que Mempo Giardinelli llamaba la ética de la verdad. Hay que descubrir quién mató a alguien. Y eso te obliga a ir hacia un lugar. Yo quería que el suspenso de esta novela fuera psicológico, de personaje, de intriga familiar pero que no tuviera nada que ver con lo policial. Eso era un desafío porque siempre se me cuela lo policial, es como un karma.

—La recurrencia a repetir una escena con pequeños agregados, me dio como una estructura musical, de estribillo. ¿Cómo llegó a esa idea?

—Las novelas tienen su melodía y hay que escucharlas. Elena sabe, otra novela mía, tiene una música muy particular. Y La viuda de los juevescon sus frases cortas tiene otra melodía. Y acá, sí, está eso del estribillo que además va creciendo y también está la música en los pianos diseminados por la ciudad y en Piazzolla que es esa tabla que le pasó el padre para salvarse.

—En un momento de la novela, el personaje habla sobre ponerle títulos a los textos. Una suerte pequeña es un lindo título. ¿Trabaja mucho el título de una novela?

—Sí. Con La viuda de los jueves hice un listado de 58 títulos posibles que surgieron de encontrar frases dentro de la novela. Todos mis títulos están en las novelas. Dudé mucho con La muerte pequeña porque para los argentinos "pequeña" suena rebuscado, no decimos "una mesa pequeña", si no "una mesa chica". Igual me la jugué porque me gustaba y le fue bastante bien.

—Se la vincula más con personajes femeninos, ¿cómo trabaja los personajes masculinos?

—Uno tiene que tratar de ponerse en la cabeza de cualquiera. Además, el hecho de ser mujer me hace más fácil entender a una mujer pero hay muchas mujeres diferentes, como hay muchos hombres diferentes. Uno todo el tiempo juega con ser otro.

—Quizás sea porque usted fue guionista o porque casi todas fueron llevadas al cine pero sus novelas tienen algo cinematográfico. ¿Eso es buscado?

—Es como el huevo y la gallina: no sé si soy guionista porque me resulta fácil contar una imagen o por si soy guionista pienso con las imágenes. Pero la realidad es esa. A mi las novelas me aparecen como una imagen, no como una frase o una idea. Y esa imagen después trató de buscar las imágenes para contarla. Y por eso tiene que ver tanto con lo cinematográfico porque después un lector o un director la vuelve a armar como una imagen.

—Se imagina una película de Una mentira pequeña.

—No la pensé así, nunca lo hago, pero sí perfectamente puede ser una pelicula.

—¿Cómo es ver lo que tanto trabajo costó para hacerlo novela, ahí en la pantalla?

—A mi me gusta sentir como un desprendimiento, dárselo a un productor o un director en el que confío y ver cómo armó esa película en su cabeza. Es un hecho artístico separado de la novela.

Perfil.

Nombre: Claudia Piñeiro - Nació: Burzaco, Gran Buenos Aires - Detalle: Fue contadora y guionista antes de iniciarse como novelista.

SABER MÁS

De best sellers a éxitos de taquilla.

En 2005 ganó el Premio Clarín de Novela y con La viuda de los jueves vendió cerca de medio millón de ejemplares en todo el mundo. Una suerte pequeña (Alfaguara, 430 pesos) también se ubicó entre los más vendidos. Tres de sus libros fueron llevados al cine (Betibú dirigido por Miguel Cohan, La viuda de los jueves por Marcelo Piñeyro y Tuya de Eduardo González Amer), lo que además le amplió el horizonte de su público porque todas también fueron exitosas como las novelas que las originaron. Actualmente está a punto de firmar el contrato para una nueva adaptación, la de su novela de 2009, Las grietas de Jara, otro de sus policiales.

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