LUIS TROCHÓN

"Los musicales son discriminados"

Entrevista al músico y director escénico, responsable de laEscuela de Comedia Musical.

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Luis Trochón: director escénico de la Juvenil en Broadway. Foto: A. Colmegna

El músico y director escénico se encuentra celebrando los 16 años de la Escuela de Comedia Musical, luego de varios años de añorar ese proyecto. Fascinado por el mundo del teatro, empezó a interesarse en actores y directores y así se fue quedando en los ensayos “mucho más de lo necesario”, según reconoce.

Su carrera como director comenzó en el año 1990 con Pelota al medio, un espectáculo sobre canciones de Jorge Lazaroff, y luego lo llevó por distintos estilos, pero siempre variaciones de musicales. También trabajó en la realización de espectáculos premiados del Carnaval —con Los Carlitos, Yambo Kenia y murgas—, pero su atención ahora está en la escuela.

—¿Cómo surge hacer la escuela de Comedia Musical?

Surge porque soy músico. Trabajé durante muchos años como músico para obras de teatro. Entonces tuve una cercanía con directores, actores y bailarines y me di cuenta que a los actores les encantaría poder bailar, que los bailarines soñaban con poder cantar. No había un espacio que trabajara integralmente esas áreas. Como siempre digo: en ese momento había una necesidad clara de una institución de ese tipo, que si no la hubiera empezado yo, estoy seguro que se hubiera fundado igual por otro colega. Ya se respiraba esa necesidad de trabajar al mismo tiempo esas áreas.

—¿Cómo fueron los primeros años de la Escuela?

Se fundó en agosto de 2001 y al principio era un pequeño local en la calle Maldonado. Fue un proyecto que comencé a trabajar en 1995, intentando que el proyecto fuera sustentable. A veces los proyectos artísticos o instituciones se generan con mucho entusiasmo, pero con poca previsión para que perdure en el tiempo. La institución trabajó mucho para ofrecer un proyecto pedagógico que incorporara el trabajo integral de las tres áreas, canto, danza y actuación.

—¿Por qué la comedia musical no ha tenido una gran presencia en el teatro uruguayo?

Creo que nada es por generación espontánea. Había antecedentes, por ejemplo Basterra que había hecho musicales como Todos en París conocen, había antecedentes como Loreley Posse, todo el fenómeno que fue La Troupe Ateniense; siento que no había una oferta de musicales variada, todavía hoy no la hay. Pero en mi caso tenía la necesidad de transitar por esa área. Después lo continué con distintos espectáculos. En mi caso era bastante natural que me interesara el fenómeno del teatro musical y por lo tanto la creación de un espacio para formar intérpretes adecuados.

—¿Cuando se hizo el musical Chicago cambió todo?

—Sí, en 2001 surge la escuela y nosotros trabajábamos con Chicago como parte de la carrera de interpretación musical. Y comenzó a tomar un vuelo, porque era una producción de puertas adentro. Y dije: no estaría mal presentar esto de manera profesional. Pedí los derechos y estrenamos Chicago en el Moviecenter en 2004. Hicimos más de 65 funciones con 25.000 espectadores, fue un disparate. Aparte había una orquesta en vivo dirigida por el maestro Santiago Gutiérrez, y me permitieron, él y los músicos, algo que me gusta mucho: integrar a los músicos en la escena. Creo que fue un buen espectáculo. Yo lo disfruté mucho.

— Y los espectáculos siguieron.

Sí, en 2006 hicimos West Side Story ya en nuestro teatro, y junto a Yambo Kenia hicimos un espectáculo también, porque me pareció que era un show que podía estar por fuera del Concurso de Carnaval.

—¿Qué novedades trae este nuevo año para la Escuela?

Ahora estamos inaugurando tres carreras. Estamos viendo a ver qué pasa. Claro, ahora la Escuela se instaló como una organización de prestigio de formación artística. Además surgió una productora en Parque Roosevelt que está con intenciones de hacer comedias musicales.

—Ahora con La La Land, volvieron a sonar los musicales.

—Sí, creo que son cosas que ayudan.

—¿Le parece que tendrá repercusión en Uruguay?

No sé. Me llama la atención que en los Premios Florencio haya una categoría para los musicales. Me parece un disparate. Creo que está hecho con la mejor intención, pero conceptualmente es un disparate que los musicales sean discriminados. Es seguir ninguneándolos. Porque el ninguneo existe cuando se asocian los espectáculos de comedia musical con plumas, brillo y argumentos tontos. Entonces, me parece que un espectáculo de teatro musical debe competir de igual forma que cualquier espectáculo y no ponerlo para el costado.

—¿Que no sea un premio consuelo?

Claro, es como esta película La La Land que compite como mejor película y en muchos rubros más. Me parece perfecto que no esté en una categoría de musicales, porque es como sacártelo del medio. A un musical hay que juzgarlo como a cualquier otro espectáculo, y si es malo es malo y si es bueno, ¿por qué no ponerlo a competir con otros géneros del espectáculo?

—¿Como mejor comedia?

Exacto. Entonces, lo que está pasando con la película, sumado a un montón de programas y concursos, son cosas que sirven para interesarse por el género. También, y digo esto por la película, se desvía el concepto y seguimos subrayando la tontería, que creo que no le hace bien al género, que es fantástico, ni mejor ni peor que otros. Porque en definitiva el teatro no deja de ser una forma de danza, el juego escénico, la palabra hablada no deja de tener su propia melodía o su propia musicalidad. Creo que es interesante la integración de esas áreas.

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