ENTREVISTA

Miguel Ángel Battegazzore: "Hoy la pintura es un ejemplar en vías de extinción"

El reconocido pintor inauguró una gran exposición en la que se puede tomar contacto con diversos estilos que conforman su carrera

Miguel Ángel Battegazzore
Miguel Ángel Battegazzore, el nuevo rumbo de la herencia torresgarciana. Foto: Francisco Flores

El miércoles pasado se inauguró en “Estrellas del Sur Tres” (Ejido 1029) la exposición El molinete y la entropía, de Miguel Ángel Battegazzore. Se trata de una enorme muestra, con obra de gran tamaño, que permite tomar contacto con los estilos de un maestro que ha dejado su huella en las artes plásticas locales. La muestra, que cuenta con un esmerado catálogo prologado por Ángel Kalenberg, está concebida como una visita al taller del artista, incluyendo mesas en las que se exponen bocetos y trabajos menudos. En charla con El País, el artista habló sobre pasado y presente de su obra y de las artes visuales.

-¿Usted a qué técnica se ha sentido más próximo?

-El acrílico. Incluso cuando mis maestros trabajaban con óleo, yo intenté inventar una técnica de tipo acrílico, que fue un fracaso, por supuesto. Porque no secaba nunca. Pero ya entonces yo estaba totalmente insatisfecho con la pintura al óleo, que es una técnica que mira para atrás, y no para adelante. Y el tiempo trata mucho mejor al acrílico que al óleo. El óleo se va oscureciendo: el aceite de lino va oscureciendo los colores. El acrílico es una pintura moderna.

-¿Cómo llegó a los cuadros de gran tamaño, tan presentes en su obra, la tela le fue pidiendo cancha?

-Sí, uno fue tomando confianza y extendiendo su campo. En mí época no se hacían cuadros grandes, y en realidad, yo los cuadros más grandes que hice, los perdí. Los tenía guardados en un galpón y con la humedad se echaron a perder. Eran cuadros mucho más grandes que los que hay en esta exposición. Yo creo que seguí un poco el ejemplo de los museos norteamericanos, que promovían una pintura casi de tipo mural. En la cual uno se metiera dentro de la pintura. Que no fuera una ventana. Y trabajar esos tamaños grandes ayuda a que esa sensación de ventana renacentista no aparezca.

Miguel Ángel Battegazzore
Battegazzore, en el marco de su gran exposición. Foto: Francisco Flores

-También quizá por eso la ausencia de marcos en muchas de sus obras.

-Sí, claro, el marco es justamente el remate de la ventana. Y además es una especie de loa, de narcisismo. Esos marcos ampulosos: hay gente que le hace a las obras marcos más valiosos que la propia pintura. Esa es la tradición de Luis XIV.

-¿A qué distancia ubica su obra de la escuela torresgarciana?

-Bueno, ciertos alumnos del Taller Torres García me tildaron de herético, por mis Entropías. Cuando en realidad lo que yo hice fue una especie de deconstrucción de Torres García. Lo convertí en tridimensional y le incorporé el color. El espíritu de las Entropías era que no se podía seguir con el espíritu repetitivo de algunos que se decían discípulos del Taller Torres García. Sin embargo, creo que los verdaderos discípulos del Taller, cada uno siguió su camino. Torres García alentó rumbos distintos, para que el camino de cada uno fuera bien diferente del de él. En cambio, se hizo como un academicismo alrededor de Torres García. Y creo que las Entropías fue como una especie de bomba que se le puso a esa comodidad perceptiva. Después que aparecieron las Entropías, ya se juzga diferente a los que repiten el canon servilmente. 

-¿Cómo cambió el lugar social de la pintura, desde tu juventud hasta el presente?

-Sin duda ha habido un cambio sustancial: la proliferación de imágenes mediáticas dejó a la pintura un poco arrinconada. Hoy la pintura son como ejemplares en vías de extinción. Pero de todas maneras, eso ayuda a tener un mayor campo de libertad.

-¿Cómo ve usted el curso que ha tomado el mercado del arte hoy?

-Yo al mercado del arte lo veo de lejos. Nunca me comprometí con ninguna galería. No es por individualismo, sino porque creo que hay que estar libre de esos condicionamientos. El mercado puede ser un condicionamiento muy fuerte. Porque las exigencias del mercado, pronto pasan a ser exigencias plásticas. Y las cotizaciones esas tan elevadas, creo que forman parte de cierto fetichismo moderno.

-¿Las instalaciones, tan presente hoy en el mundo de la plástica, cómo lo ve usted?

-Cada exposición es a su manera una instalación. Los críticos han elevado a la instalación a una especie de entidad muy importante, pero en el fondo yo creo que se han hecho instalaciones desde el Renacimiento. Los cuadros no se colgaban en cualquier lugar, ni se juntaban unos con otros de cualquier manera.

-¿Qué temas destacaría usted de El molinete y la entropía?

-Varios, uno de ellos es el tema de la espina de la cruz, que yo ya lo había empezado a trabajar en la dictadura, un poco en la línea de Antonio Frasconi en sus grabados. Él trabajó el tema de los cardos, la alambradas de púa, en referencia al fascismo. Y yo empecé a trabajar el tema de la espina de la cruz, cuando yo era docente de la Escuela de Bellas Artes, y los alumnos de la Escuela aparecían ametrallados en la calle. Era un época muy dura. Creo que en el fondo el tema lo saqué de Figari, quien alude a que hay que frecuentar las imágenes autóctonas de vegetales y animales.

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