PREMIO CERVANTES

Mexicano galardonado y con necesidad de hablar

Con discurso crítico, Fernando Del Paso recibió el Cervantes.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Foto: Archivo.

En su presentación de Fernando del Paso, que el sábado recibió el Premio Cervantes de manos del rey Felipe VI, el ministro español de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez Vigo, dijo que para el autor mexicano, la memoria y la literatura son "instrumentos esenciales para testimoniar las luchas humanas".

Minutos después, el galardonado demostraba que la frase no era pura retórica. "Las cosas no han cambiado en México sino para empeorar", dijo. "Continúan los atracos, las extorsiones, los secuestros, las desapariciones, los feminicidios, la discriminación, los abusos de poder, la corrupción, la impunidad y el cinismo".

"Criticar a mi país en un país extranjero me da vergüenza", admitió, pero siguió: "Me trago esa vergüenza y aprovecho este foro internacional para denunciar a los cuatro vientos la aprobación en el Estado de México de la bautizada como Ley Atenco, una ley opresora que habilita a la Policía a apresar e incluso a disparar en manifestaciones y reuniones públicas a quienes atenten, según su criterio, contra la seguridad, el orden público, la integridad, la vida y los bienes, tantos públicos como de las personas. Subrayo: es a criterio de la autoridad, no necesariamente presente, que se permite tal medida extrema. Esto pareciera tan solo el principio de un Estado totalitario que no podemos permitir. No denunciarlo, eso me daría aún más vergüenza".

Del Paso repasó sus particulares obras completas, que incluyen menos libros que enfermedades. Después de recordar las circunstancias en que, con una cadencia de 10 años, escribió pacientemente novelas como José Trigo (1966), Palinuro de México (1977) o Noticias del imperio (1987), el sexto mexicano en obtener el Cervantes enumeró los males que le llevaron 15 veces al quirófano: una apendicitis, dos hernias, dos tumores "benignos", un "desgarre" de corazón, un stent en la arteria superficial de la pierna derecha, otro en la arteria coronaria izquierda, dos oclusiones intestinales… "Tan mal he estado en los últimos tiempos, que cuando alguien me vio me dijo : Pero hombre, ¿así va usted a ir a España?. Y yo le contesté: Yo a España voy así sea en camilla de propulsión a chorro o en avión de ruedas".

Cumplió su palabra. El sábado estuvo en Alcalá rodeado de su esposa, Socorro, y de hijos y nietos a los que también se refirió en un discurso lleno de crítica política. "No vine aquí a contar mi vida y mis obras, ni para comentar mis penas", dijo antes de recordar la conmemoración de los 400 años de la muerte de Miguel de Cervantes. Cuando el rey le entregó el premio que lleva su nombre, lo levantó como si fuera un trofeo.

"Toda mi vida ha continuado la riña entre mi mano izquierda y mi mano derecha. Ninguna de las dos triunfó y esto ha significado para mí un conflicto muy profundo. Sin embargo, mi mano derecha se ha impuesto. No sé si soy escritor pero sé que no soy pintor; nunca he dejado de escribir para dibujar y siempre he dejado de dibujar para escribir".

En la Universidad de Alcalá, a metros del paraninfo en el que leyó su discurso, una exposición desmiente parte de las palabras de un hombre con trazas de dandy y conciencia de ferrocarrilero, al que solo una isquemia cerebral consiguió hacer callar en 2013. Dos años después recuperó el habla tras obligarse a leer en voz alta, día a día, Noticias del Imperio el monólogo de una emperatriz loca a la que él prestó la voz. En Alcalá, crítico y con buen humor, en silla de ruedas pero sin perder la elegancia, demostró que aquella recuperación no fue en vano.

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