DIEGO DE PAULA

"Si mejoro como persona, también soy mejor actor"

Es uno de los rostros más respetados y activos del teatro porteño, y recientemente ganó fama por su papel en la popular serie Según Roxi. En cine había protagonizado El juego de la silla (2002), la elogiada ópera prima de Ana Katz. Daniel Hendler (pareja de esta directora) lo convocó para actuar en Norberto apenas tarde (2010) y le ofreció el personaje central de su nueva comedia de suspenso, El candidato.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El candidato es su segundo protagónico desde 2002. Foto: Fernando Ponzetto

—Ejerce como arquitecto y además es actor, ¿cómo fue?

—Estudié cine y arquitectura en paralelo, pero empecé a estudiar teatro una vez recibido, con Julio Chávez. Mi primer año fue torpe, me sentía mal como alumno, y le fui a preguntar si me tenía que ir. Me dijo que no, "a vos te falta muy poquito para aprender a disfrutarlo porque entendés muy profundamente el trabajo".

—Ese entendimiento que le decía Chávez, ¿qué es?

—Me parece que tiene que ver con entender algo de lo que se juega en la humanidad. Es un poco pretencioso, parece que uno se creyera un sabio, pero no es desde ese lugar que lo digo, sino desde la intuición. Es entender una dinámica vital, porque eso se entrena, se busca, uno pone la mirada todo el tiempo en eso.

—¿Qué cree que lo hace ser un mejor actor?

—Uno tiene que crecer como persona, atravesar muchos límites propios, conocerse, probarse, cambiar. Y siento que ese proceso en mí es muy íntegro: voy mejorando como persona y voy mejorando como actor.

—Es curioso que muchos actores y cineastas hayan pasado por la arquitectura. ¿A qué cree que se deba?

—Soy profesor en la facultad y mezclo mucho las dos vocaciones para mis clases, porque cuando uno arma un edificio está armando una entidad que tiene su forma vital de estar en el mundo, que tiene una actitud, que carga con una acción, que tiene una relación urbana, un tipo de vida que propone. Cuando uno piensa un personaje, piensa exactamente en esto: en sus vínculos, en lo que hace, en lo que desea, en cómo se va a ubicar en el mundo.

—¿Qué opina de su personaje en El candidato?

—A Martín lo comprendí mucho cuando conocí la locación, en esa estancia de Florida. Ahí me pasó algo en el cuerpo, creo que se mezcló el arquitecto y el actor cuando vi esa casa, ese tamaño, esa belleza. Yo vivo en una ciudad y en un apartamento, y pude pensar en un tipo que maneja ese nivel de poder y de belleza. Sentí que es un tipo que está incómodo en ese mundo, que no cumplió con las expectativas de lo que él pensaba que debía ser un representante de una familia como esa, es un tipo que está permanentemente con una voz en la cabeza, como extraviado.

—Y tiene un gran ego.

—Un gran deseo de ser visto, porque es un tipo que se identifica con las actores de Hollywood. Sin embargo es vulnerable y todo lo que hace lo hace desde ese lugar. Él aparenta querer construir algo bueno, pero internamente quiere construirse a sí mismo.

—¿Le gusta ser dirigido por colegas?

—Lo disfruto mucho más, porque los actores directores entienden cómo encontrar los resortes adentro de uno. También puede ser más difícil, porque sus demandas suelen ser más sutiles y más precisas y esto te pone en un desafío que a mí me encanta y me desespera, y que por momentos me devuelve a ese primer año con Chávez, cuando creía que no iba a poder con todo esto.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados