GANDOLFO

"Ahora me siento valorado, como que pegué un salto"

Charla con el escritor a propósito de su último libro, “Mi mundo privado”.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Elvio Gandolfo. Foto: archivo El País

Es uno de los grandes escritores rioplatenses, un mérito que, principalmente, le reconocen en Argentina. En 2014, su colección de relatos Cada vez más cerca ganó el Premio de la Crítica de la Feria del Libro. En Uruguay ha tenido, además, una extensa carrera como periodista cultural (en Argentina también un referente en ese rubro) que desarrolló en gran cantidad de publicaciones y durante más de una década como editor de El País Cultural. Ahora se acaba de editar Mi mundo privado (Tusquets/Planeta).

—Tus textos siempre están cargados de referencias personales. Pero acá me pareció que esa exposición era aun mayor. ¿Es así?

—Al verlo, lo que siento es que arma como una estructura musical, en vez de autobiográfica, en la que van entrando y saliendo temas. Incluso hay como una presentación de cada capítulo. Lo extraño es que este libro no lo planifiqué. Me senté a escribir y decía "bueno, ¿qué metemos ahora?". Hacia la mitad, te das cuenta de la onda y lo planificás un poquito más. Generalmente no hacía algo si no tenía el final, por lo menos y acá el final lo escribí...

—¿Pero la estructura ya estaba en la idea original?

—Fue el disparador. Fue como un fogonazo y después me empecé a embalar. Pero en otros casos se me fue deteniendo. Aquí, no tenía una aspiración enorme pero Ómnibus pensé que iba a ser un libro mucho más grande. Y aunque parece un librito, me llevó seis años. En cambio este lo escribí de una y al irlo escribiendo fui sacando cables ocultos de cosas mías. No pensé, por ejemplo, "voy a escribir sobre mi prima". De pronto apareció. Fue muy satisfactorio hacerlo.

—Así que no es que quisieras exponerte.

—Empecé a meter lo que salía y me entiendo más a mí mismo.Por eso hablo de que es la realidad más la imaginación, y la sanata que nos vendemos todos de cómo somos. Para mí, yo soy Burt Lancaster..

—¿Qué opinás de ese tendencia literaria de lo testimonial, de lo personal?

—Es una influencia sanatera de la academia, que siempre necesita tener una teoría global. Una crítica importante dijo que toda la literatura iba a ser reemplazada por la cosa del yo. No jodas. Alberto Giordano lo llama el giro autobiográfico, pero no podés reducir todo a eso.

—En la novela hablás de proyectos inconclusos, de novelas que nunca se terminan. ¿Es así?

—Todo el tiempo. Escribir es ser escritor con la cabeza. Tengo dos cosas interrumpidas: una muy larga sobre Montevideo y otra que son tres textos de 50 páginas. Escribí uno y 10 páginas del segundo.

—Siempre me llamó la atención todo lo que escribís y todo lo que leés. ¿Cómo hacés?

—Me da un gran placer hacerlo, entonces no te pesa. No tengo rutina de horario, ni muy extrema de lugar. Siempre he escrito, primero con la máquina de escribir, luego con la computadora.

—Hace años que estás yendo y viniendo entre Montevideo y Buenos Aires. ¿Cómo ves el momento cultural rioplatense?

—Hace poco se calentó mucha gente por una frase (que no dije para el reportaje, pero entró igual) en el que decía que en la vida cultural de Montevideo no pasaba nada comparado con otros tiempos. Por otro lado, Felipe (Polleri), Daniel Mella, yo, nos estamos moviendo en la vida cultural. Había una esperanza en el Frente Amplio que no se dio para nada: ningún gobierno gastó tanta plata en cultura pero con una dirección a mi juicio totalmente errónea. Pero no da ni para discutir.

—¿Y en Argentina?

—Me siento muy satisfecho de ser parte de la literatura argentina porque son miles de niveles. Debe haber 300 editoriales chicas y cada una busca donde acomodarse. De mis últimos seis libros, cinco los edité en editoriales chicas. En Argentina hay como un pulular cultural que acá escasea. En Uruguay hay una autocrítica excesiva.

—¿En qué sentido?

—Hay como una cosa de laburos aislados, personales, o cada uno está para su pequeño grupo. César Aira decía que está muy bueno tener a Borges, porque la vara está a dos kilómetros de altura. Tenés que hacer algo por lo menos bueno para destacarte.

—¿Considerás que estás siendo valorado?

—En este momento, sí. Pegué un salto. Algo que no pasa muchas veces si no hay un milagro, como pasó con Levrero que calzó en el momento exacto con La novela luminosa.

Fuiste una especie de mentor cultural de muchos. Pienso en Raúl Forlán Lamarque, Gustavo Escanlar, Alvaro Buela... ¿Quién fue tu "discípulo" predilecto?

—El que sentí que fue un desperdicio total fue Escanlar. Tuvo una muerte absurda. Era un genio, el tipo de creadores que no necesitan hacer literatura. Hoy estoy muy orgulloso de ser amigo de Polleri, para mí es el tipo más consecuente con su propia obra. Y alguien que siempre me ha interesado mucho es Daniel Mella. Mercedes Estramil es escritora y además tan excelente persona que Montevideo no se la merece. En las tres ciudades (Rosario, Buenos Aires y Montevideo) me he juntado con gente siempre interesante.

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