Sissel-Jo Gazan

"Uso a la literatura policial como disfraz"

Hasta ahora, Suecia lleva la delantera gracias a nombres como los de Henning Mankell, Stieg Larsson y Åsa Larsson, todos ellos best sellers en el género policial.

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La novela de Gazan presenta una nueva heroína literaria. Foto: El País

Pero la irrupción de Gazan en ese panorama con la novela Las alas del dinosaurio podría ser —para la novela policial danesa— el equivalente al éxito de las series de televisión de ese país (The Killing, El puente, Borgen). Pero Gazan no se identifica con la tradición escandinava de literatura policial. Al menos, no completamente. Con una trayectoria académica previa a la literaria, Gazan le dijo a El País que lo suyo no es “femi-krimi” el término danés referido al policial escrito por mujeres.

Las alas del dinosaurio (novela publicada en 2010) presenta una nueva protagonista en la literatura policial escandinava: Anna Bella Nor, estudiante avanzada de biología que en su primera aventura debe sortear las sospechas de haber asesinado a un adversario académico en una disputa científica sobre el origen de los dinosaurios. Pero no le hablen demasiado a Sissel-Jo Gazan sobre el género policial. Para ella, lo importante es la historia a contar, no el género. De paso fugaz por Montevideo, Gazan habló para El País sobre literatura, navegación y Escandinavia.

—Antes de esta novela, usted ya había publicado tres libros, pero no eran historias policiales. ¿Qué la llevó a incursionar en esto?

—Lo primero que publiqué fue un cuento de viajes cuando tenía 12 años, en un libro de cuentos de muchos escritores. Al libro lo criticaron mucho, excepto a mi aporte. Ahí pensé: "Ah, no es solo a mi madre que le parece que escribo bien". Luego publiqué tres novela, que no eran sobre crimen y que no tuvieron éxito. No había policías ni asesinos. Y cuando publiqué Las alas del dinosaurio, me encontré con que fue un éxito muy grande (El libro fue traducido a 15 idiomas, un indicio de su éxito).

—¿Por qué decidió abandonar la literatura "seria" y dedicarse al policial, que supuestamente tiene menos prestigio?

—Estaba en una encrucijada y no sabía hacia dónde dirigirme. Mis primeras novelas no habían tenido éxito, y me sentía bastante presionada por las exigencias de la investigación científica en biología, donde todo tiene que ser muy riguroso, donde uno puede ir a prisión si en una publicación científica pone datos erróneos. La literatura me daba una sensación de libertad incomparable, ahí podía conjeturar y hacer hipótesis sobre las investigaciones que llevaba a cabo sin tener que consultar cada cosa que pusiera. También sentía que tal vez era demasiado grande como para empezar una nueva carrera literaria. ¿Seguiría apostando a la literatura o me dedicaría a ser bióloga? Era mi último intento. Y siento que hice la elección correcta. Estoy convencida de eso. Viendo hacia atrás, me parece que tuve suerte: me subí al tren de la literatura policial mientras éste aún iba a una velocidad moderada. Pero en realidad no me siento parte del subgénero "femi-krimi", para nada. Pero me ponen ahí porque soy mujer y escribo sobre crímenes. Es la única razón.

—Entonces, ¿qué es Las alas del dinosaurio?

—Es una novela. Cuando terminé el libro y lo presenté a la editorial, se discutió bastante cómo presentarla al público, si hacerlo como "un policial" o como una novela. Prevaleció la segunda opción, cosa que me pareció bien. Hay mucha gente que no lee policiales. Me he encontrado con muchos hombres, por ejemplo, que llegaron a mis libros a través de sus parejas, hombres que me han dicho:"No leo policiales, pero mi esposa me insistió tanto que al final lo leí y me gustó mucho". En realidad, es un disfraz que uso para escribir de otras cosas.

—El éxito de literatura policial escandinava es arrollador, principalmente por escritores suecos, pero también noruegos como Jo Nesb. ¿Por qué le parece que los Estados de Bienestar escandinavos han producido tantos escritores que indagan en lo más oscuro y violento de las realidades de esos países? Desde acá, eso nos llama la atención. Todo en Escandinavia parece tan...

—Tranquilo, ¿verdad? No lo sé, en realidad. Lo que sí sé es que si en nuestros países tuviésemos tantos asesinos seriales como en las novelas, ¡no seríamos tantos escandinavos! (risas). Tal vez es nuestra manera de procesar la oscuridad, los largos inviernos y la melancolía escandinava. De todas maneras, es una falacia pensar que nuestra literatura es eso. Como es una falacia, desde Escandinavia, pensar que la literatura latinoamericana es puro realismo mágico. También creo que el éxito de uno inspira a otros. Si a un escritor le va bien, otros se sienten inspirados a probar. Y eso atrae aún más atención desde afuera. El caso de las series danesas de televisión creo que va a ser ilustrativo. Dentro de diez o veinte años vamos a mirar hacia atrás a todo lo que se produjo y tal vez nos demos cuenta de que en realidad, no todas las series eran buenas, que lo que queda es una o dos.

—Hace un rato dijo que publicó su primer cuento a los 12. ¿Cómo empezó su relación con la escritura?

—Cuando tenía cinco años, mi madre, una feminista, decidió romper con las convenciones: me sacó de la escuela (ella era maestra), se compró un bote y me llevó con ella a navegar. Estuvimos navegando por los mares de Europa unos tres años. Yo tenía que hacer deberes en el barco, y escribirle cartas a mi padre —a quien extrañaba—, a mis excompañeros de clase y a mis abuelos. Ahí empecé a darme cuenta que me gustaba mucho comunicarme con el mundo mediante la escritura. Éramos mi mamá y yo, en medio de la inmensidad azul. Las cartas eran mi vínculo hacia el mundo.

—Toda una aventura para una niña de cinco años.

—Esos años me sacaron de lo conocido y rutinario. Los olores eran distintos, los colores, la comida, el día a día… Cuando atracábamos, yo salía a explorar con un arco y una flecha. Era toda una aventura. Creo que algo de ese espíritu sigue en mí.

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