marcia collazo

"Un libro habla y cobra vida por sí mismo"

Leandro Gómez, Manuel Oribe, Juan Manuel Blanes, Rafael Barradas, Florencio Sánchez, son personajes bien conocidos por cualquier lector medio en Uruguay. Los amores que ellos vivieron no tanto.

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"El asunto central del libro no es el amor; es mucho más profundo", explica.

Por eso el nuevo libro de la profesora Collazo hurga en ellos. Se llama “Seguirte el vuelo”, lo editó Banda Oriental, y sobre él la autora conversó con El País.

—¿Qué fue lo que la llevó a ese corte temático, el de los amores y desamores?

—El tema forma parte de las reflexiones sobre el alma y el destino humano, y ésos son temas universales que la literatura ha tomado desde tiempos remotos: al fin de cuentas, la guerra de Troya comenzó por culpa de un asunto amoroso. A partir de ese hecho misterioso por el cual un hombre y una mujer deciden unir sus vidas y alzar el vuelo, empiezan a pasar cosas, y esas cosas pueden llegar a tener desenlaces absolutamente imprevistos y alejados de su motivación primera.

—¿No es entonces un libro centrado en el amor?

—El asunto central no es el amor o el desamor; eso es el pretexto, o la materia prima a partir de la cual se plantea un abordaje mucho más profundo: el del pensamiento o las ideas de esos hombres y mujeres paradigmáticos de nuestra historia, y la manera en que sus amores o sus desamores pudieron haber incidido en ellos y en los otros, en la proyección de su vida y de su obra, en un contexto social determinado.

—¿Cómo eligió los casos, qué quedó afuera?

—Muchas figuras, pero saldrán en un segundo tomo. En este libro elegí a los hombres y mujeres cuyo pensamiento, vida y obra resultó, a mi juicio, preponderante y aleccionadora en su tiempo, por variadas razones. Procuré abarcar el más amplio espectro de las ideas libertarias, artísticas, filosóficas, políticas, literarias e incluso empresariales que los inspiraron. O sea que el tema del amor y del desamor podrá llevar al lector, como me llevó a mí en tanto escritora, a impensados laberintos y cruces de caminos.

—¿Cuáles son los casos que más le atraparon a usted?

—Me cautivaron especialmente las historias de Trinidad Guevara, Florencio Sánchez, Pedro Figari y Rafael Barradas, por la ardorosa apuesta a la vida y a la libertad creadora que suponen, aun a riesgo de perderlo todo: la reputación, la estabilidad económica, la salud, la vida misma.

—La cronología se extiende desde fines del siglo XVIII a los años 20. ¿Usted entiende que cambió mucho el sentido del amor en ese lapso?

—No creo que los vínculos amorosos en sí mismos hayan cambiado demasiado, fuera de los consabidos enlaces arreglados, como el de Francisca de Alzaybar, de su nieta Josefa Oribe e incluso de Leandro Gómez en su primer matrimonio; más allá de ese dato puntual, que reposa en convenciones sociales de época, sospecho que las pasiones y las atracciones mutuas, así como las elecciones afectivas, han sido las mismas desde que el mundo es mundo.

—¿Tienen algo en común todos los casos?

—Si existe un hilo conductor está dado en la forma o el modo en que esos vínculos amorosos pudieron incidir, a favor o en contra, en la vida de los cónyuges y en el despliegue de sí mismos y de su pensamiento, ya sea para coartarlos, abatirlos, menguar sus posibilidades, acallar sus verdaderos intereses, obligarlos a padecer la frustración de no lograr dar rienda suelta a sus talentos y virtudes; o por el contrario, para darles impulso, aliento de esperanza, consejos oportunos, información valiosa, o inspiración creadora.

—¿Inscribe este libro en lo que se llama historia de la vida privada o de la vida cotidiana?

—De alguna manera se inscribe en esa temática. No obstante, en mi opinión personal el tratamiento de la vida privada siempre debe respetar ciertos límites cuya violación supone, en cierto modo, degradación o canibalismo. Por eso los lectores no encontrarán aquí un mero anecdotario, ni situaciones incómodas ni revelaciones de pecadillos o secretos de alcoba. Hallarán, en cambio, reflexiones que pretenden dar cuenta, así sea en mínima medida, de ese abismo sin fondo que es el alma humana, especialmente cuando se junta con otra alma y marcha de a dos por el mundo, codo a codo como dice Mario Benedetti en aquel tremendo poema.

—¿Le impresiona la buena acogida de sus libros?

—Me impresiona y me impresionará siempre. Yo soy una agradecida a la gente, que me ha dado mucho más de lo que yo esperaba. Esa buena acogida me alegra más aun, si se tiene en cuenta que una cosa es el libro y otra cosa es el autor; el libro lanzado al mundo siempre es más inteligente que su autor. Habla y cobra vida por sí mismo, y se deja interpretar por el pensamiento de los otros, le guste o no le guste al escritor. Eso es y debe ser lección de humildad para los creadores. Como bien dice el gran poeta norteamericano Walt Whitman, como la rueda que sobre su eje gira, este libro, sin saberlo, se mueve en torno a tu idea.

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