Entrevista con Agustín Pérez Rubio

“La labor curatorial es política”

Charlamos con el curador español Agustín Pérez Rubio que desde 2014 es director artístico del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, quien, entre otras cosas, explica por qué le atraen las creaciones de Pedro Figari. 

Agustín Pérez Rubio. Foto: Ariel Colmegna
Agustín Pérez Rubio. Foto: Ariel Colmegna

El curador español Agustín Perez Rubio está a menos de un mes de dejar de ser el director artístico del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, donde arrancó en 2014 y a donde llevó exposiciones de éxito, como la de Yoko Ono en 2016, la tercera más visitada en la historia de ese museo, y una reforma institucional para conquistar nuevos públicos. Pasó por Montevideo para dar un taller sobre curaduría en el CCE y aprovechó para charlar con El País sobre su trabajo en el Malba y su visión del arte latino.

—¿Con qué ideas llegaste en 2014 al Malba?

—Lo conocía bien desde afuera, lo vi en obras en 2001 e hice algunos proyectos, y una de mis ideas más importantes era conocerlo desde adentro. Tenía claro que había cosas que no estaban funcionando; por ejemplo, que hacían una exposición interesante, pero no había conexión con las actividades. La colección tenía una narrativa anticuada, demasiado historicista.

—¿Qué viste por dentro?

—Una de las cosas que vi fue que los artistas jóvenes habían dejado de ir al museo. En sus primeros años, los artistas de los 90 sí que habían ido y habían estado en contacto, pero después el Malba ya no era un espacio para jóvenes artistas porque no los incluían. Otra de las cuestiones importantes que percibí fue que el departamento de educación realmente estaba perdido ahí dentro, infravalorado. Además, vimos que iban niños, público en general, pero no los adolescentes. Empezamos a buscar a ese público y que además fuera heterogéneo. Para mí es importante el contexto, más que venir con una maleta de exposiciones.

—Hablabas cuando entraste, de una integración en el entramado artístico de América Latina y de la ciudad, ¿desafío cumplido?

—Se firmaron muchos convenios con universidades, con otros espacios, tanto nacionales como internacionales. Era una manera de hacer los proyectos más comunicativos y también es una colaboración en lo económico, porque hay proyectos que solo no puedes hacerlos. Lo que hice fue abrir el museo.

—¿Las principales trabas fueron económicas?

—En la parte económica la traba la tiene Argentina consigo misma. Son complicadas las leyes, la aduana, la inflación. Pero el problema también estriba en cambiar los paradigmas dentro de la institución, frente a gente que trabaja diez años de la misma manera. Cambiarles protocolos. Cuesta mucho, creo que es parte de la labor del director, hasta que en un punto, si no te van a dejar hacer más cambios, si no tienen la misma idea de museo, entonces tienes que soltarlo.

—¿Por eso te vas?

—En cierta manera sí. He cambiado la colección, el programa, los departamentos, hasta arquitectónicamente el lobby de entrada, dejo el museo en un momento de éxito, pero quería generar otra serie de proyectos que no van con la línea, entonces creo que es mejor para todos. 

—¿Le das un gran lugar a lo social en tu trabajo como curador?

—No somos entertainments. No soy director ni del Luna Park, soy director de una institución que tiene como objetivo lo pedagógico, lo educativo, la comunicación. No puedo deslindar mi labor curatorial de quién soy, y antes que curador soy individuo y ciudadano. Es mi manera de hacer que mi trabajo no sea banal, sino que sirva para concienciar más o para visibilizar cosas que quizá de otra manera no se recordaría o para intentar educarnos o hacernos preguntas. La labor curatorial es política y social.

—Hablás de integración, ¿cómo ves a Uruguay?

—Realmente a niveles de museos tenéis muchos, y yo creo que están haciendo lo que pueden, pero hace falta fortalecer las estructuras de muchos. Creo que deberían algunos ser mucho más activos de lo que son y realmente intentar ponerse en un punto de mira mucho más internacional.

—¿Falla la llegada del arte afuera? ¿A vos qué te llega?

—Llegan, pero falta. Yo soy un gran fan de Pedro Figari, me interesa y lo incluimos en la nueva colgada de Malba, de la colección Verboamérica, sobre todo por la realidad de los afrouruguayos, por eso de devolver a América Latina la tradición de esa otra colonialidad; a los esclavos negros se los sacó de su propia tierra y se los llevó a otro territorio donde no tenían ni sus creencias ni pertenencias ni nada. Hay ciudades que borran esa memoria y Figari permite devolverla.

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