LIBROS

Una juventud que creyó que podía comerse el mundo

Hay otro capítulo sobre el rock uruguayo.

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Proceso: así define Kristel Latecki lo que sucedió entre los 90 y los 2000. Foto: G. Pérez

Nos pegaron un tiro en la cabeza. Fue como la muerte", afirma sin darle mucha vuelta al asunto el comunicador Guillermo Ameixeiras. Así de crudo es el arranque de Nos íbamos a comer el mundo —el título es también una cita representativa de Ameixeiras—, un libro que hace un par de meses captura la atención de la escena musical uruguaya.

No es para menos: contado por sus propios protagonistas en formato de narración oral, viene a llenar un vacío en la historia de ese rock uruguayo del que se ha escrito ya desde diferentes puntos de vista, sobre todo el de la era posdictadura. Este trabajo se encarga de lo que pasó después, y recupera una década bastante perdida como fue la de 1990 para unirla con la siguiente, la de ese boom "pilsenroquero" que pasó pero que todavía resuena entre generaciones.

En el armado de este puzzle se metió Kristel Latecki, que es periodista en El Observador y había hecho para facultad una tesis sobre boliches importantes y desaparecidos de Montevideo. Nos íbamos a comer el mundo fue casi una consecuencia natural de esa investigación, y es su primer libro.

"Cuando definí los entrevistados, armé una lista y dije: esta gente no puede faltar. Y eran 70 personas. Obviamente que quedó gente afuera, pero no me daban el tiempo y las páginas", cuenta ahora Latecki, después de haber diseccionado y reestructurado más de 40 entrevistas a músicos, periodistas, gestores culturales, dueños de boliches y tantos otros protagonistas de esos 20 años reflejados en su libro.

"Fue supertedioso el proceso de armar esto, pero no me podía despegar de la computadora", reconoce ahora que Nos íbamos a comer el mundo ya está rodando en librerías y tuvo su presentación formal en la última Feria del Libro. "Uno de los desafíos fue hacer que dialogaran todos, pero lo más complejo fue encontrar la narración, que cada capítulo tenga su coherencia y definir el orden. Si bien hay cosas claras, porque para el Pilsen Rock hay un lugar, había diferentes momentos", señala.

Un proceso.

"Estamos en una situación similar que en los noventa: las bandas tocan en los boliches, los boliches cierran, las bandas no tienen dónde tocar. Todas esas cosas ya pasaron, me parece que estaría bueno que aprendiéramos de la historia", dice Latecki después de haber escuchado a decenas de actores de esa escena contar cómo fue que sucedieron las cosas.

De esas charlas surgieron los testimonios que en estas 400 páginas reconstruyen una época de oscuridad y de antros, de hostilidad y de "salvajismo" representado más que nada con Chicos Eléctricos, pero también de apertura de los horizontes a través de la llegada de Mano Negra en el marco del Cargo 92.

Y se reconstruye también lo que sucedió después: la transición de esa situación inestable a la gran explosión del rock nacional consumada en el Pilsen Rock, y la posterior desaparición de esa ola a la que pocos sobrevivieron. "A mí me gusta decir que fue un proceso, porque es lo que fue", afirma la autora del libro.

Lo que vino luego de todo eso es, ya se sabe, lo que está pasando ahora.

"Yo creo que la juventud hoy no está yendo a ver bandas de rock, pero está yendo a ver a otro tipo de bandas. Son menos, pero es ahí donde hay que prestar atención porque si no, de vuelta tenemos una generación perdida de rockeros que no crece, como pasó en los 2000", afirma.

Latecki entiende que hoy hay "un rock" que está en crisis, y admite que encontró cierta mirada negativa en parte de sus entrevistados. Pero también se enfrentó a una más optimista que es con la que eligió cerrar el libro, para que no todo se resuma en el pretérito imperfecto del título. Es la mirada de Marcos Motosierra, quien insiste en el poder del rock "para cambiar vidas".

"Un logro personal fue ver terminado el libro", asegura luego entre risas, consciente de que si no hubiese tenido una fecha límite seguiría agregando entrevistas, páginas. "Pero no podía. Ya quedará otro libro para hacer", suelta.

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