LIBROS

Imborrables recuerdos de una infancia única

Seguramente Taco Larreta se reiría con su sonrisa benévola si viese que su libro El jardín de invierno es recomendado por la prensa como un excelente regalo de Navidad.

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En "Jardín de invierno", Taco Larreta plasmó su infancia de entreguerras. Foto: El País

Seguramente Taco Larreta se reiría con su sonrisa benévola si viese que su libro El jardín de invierno, que acaba de ser reeditado por Banda Oriental, es recomendado por la prensa como un excelente regalo de Navidad, lógicamente, para un lector amante de las cuestiones humanísticas, más aún si gusta de los temas locales. Pero, además del alto valor que el libro tiene como testimonio de una época y como autorretrato del notable hombre de teatro uruguayo, posee también cierta liviandad como para ser leído por un amplio espectro de lectores.

El hermoso libro tiene varios atractivos complementarios. En su sentido más estricto, son las memorias de su infancia, que Larreta escribió desde su vejez, en Punta del Este en 2001. Quizá por su sentido del pudor no quiso escribir unas memorias que abarcaran toda su vida, pero sí las de su niñez, que de algún modo reflejan cómo se forjó él como persona, y como artista.

Y si uno es mucho de lo que es por lo que le ocurrió en la infancia, en el caso de Larreta, esa etapa de su vida estuvo signada por marcadas alegrías y tristezas, que él recuerda con tanta precisión como buena pluma. Con la nitidez con la que se suelen grabar los sucesos en la infancia, el autor los relató 70 años después, con el cariño por su pasado y su familia, propios de un hombre sensible como fue él. Paso a paso, al detalle, el novelista, guionista y periodista apeló a su mejor escritura para dejar esta especie de testamento de algunos de sus secretos, de quién era, de sus primeros dolores.

El relato de sus años infantiles cobran un atractivo especial por el detalle y el cariño con que son evocados, y también por el mundo que describen: un entorno patricio, lleno de historias insólitas, algunas excéntricas o descabelladas. Por eso el entrañable librito pinta a toda una época y una clase social, de aquel Uruguay refinado que hoy ya ha cobrado ribetes míticos. Tanto para lo que son los estudios de la vida privada, como para los de historia social, la obra puede ser una fuente riquísima.

Desde el punto de vista autobiográfico, anécdotas e historias familiares atrapan al lector, y hasta pueden hacerlo reír. La descripción de su enorme familia (hecha con gran agudeza e ingenio), sus amistades (entre ellas su infaltable China Zorrilla), los recuerdos de hechos que marcaron los años 20, son algunos de los atractivos del material, que en todo momento expresa frescura, incluso al tratar los momentos más dramáticos.

Y al describir todo eso, Larreta también dibujó un ágil retrato del Montevideo de entreguerras, y también de otras geografías, dado que los viajes en la vida del autor comenzaron siendo él muy chico.

El interés del libro es mayor si se lo analiza a la luz de lo que se ha llamado la literatura del yo, esa que encierra memorias y diarios íntimos, mirada que está en boga, por la aproximación que hace hacia lo más íntimo del sujeto.

Quizá se le puedan hacer dos críticas: una, que es demasiado corto, dado que luego de consumir sus 122 páginas, el lector queda con ganas de más. Y en ese sentido, aflora ese hombre sensible que fue Larreta, hábil en el manejo del tiempo ajeno. Otra crítica es que, si bien el libro encierra una unidad perfecta, promete continuar algún día algunas historias, hecho que, desgraciadamente, nunca ocurrió.

El jardín de invierno

Autor: Antonio Larreta. Editorial: Banda Oriental, 122 páginas.

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