ARTE Y EXPOSICIONES

Historia mínima de días tristes

Long y su nuevo libro: “La niña que miraba los trenes”.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Tapa del libro de Ruperto Long. Foto: Difusión

El libro anterior de Ruperto Long, Piantao, era la biografía del poeta uruguayo Horacio Ferrer. En su nuevo libro cambia el tono de la prosa y el tema para brindar una novela, aunque inspirada en hechos reales. La niña que miraba los trenes partir (editado por Aguilar, distribuido por Penguin Random House, 490 pesos) se remonta a los días del nazismo, para contar una historia desarrollada a ambos lados del Atlántico. "La protagonista, una niña belga que a los ocho años desaparece de la Lieja ocupada por los nazis, debe permanecer escondida la mayor parte del tiempo, en distintos pueblos y ciudades", explicó a El País el escritor y político sobre el sentido primero del título del libro. "En las contadas ocasiones que le permiten salir, no se dirige hacia el centro de la ciudad, teme ser reconocida. En cambio, va a una colina, cerca de la estación, a ver los trenes. Y le atraen, sobre todo, los trenes que parten. Disfruta viéndolos perderse en la campiña, tan veloces y tan libres. Es evidente su ilusión de algún día recuperar la libertad y escapar de ese miserable cautiverio en que vive, quizá —¿por qué no?— en alguno de esos trenes. Hasta que un día descubre que los trenes que parten, sobre todo los de transporte de cargas y ganado, esconden otra realidad".

Desde allí, el relato parte de cuatro historias en apariencia poco vinculadas, que se van entrelazando hacia una misma trama, que tiene como figura clave a Charlotte de Grünberg, aquella niña que miraba los trenes partir. "Me interesaba abordar este período tan dramático de la historia a través de los ojos de sus protagonistas anónimos", dice Long. "De aquellos que un mal día vieron como ese tiempo negro se les venía encima, sin que pudieran hacer nada para evitarlo. Salvo resistir. Sostenidos por un inclaudicable amor a la libertad y a la vida. Y Charlotte, con su inocencia y su ternura, que tan bien refleja la foto en la portada del libro, es un personaje paradigmático de ese conflicto. Es la frescura de la niñez enfrentada a odios feroces. Con el desarrollo de la historia, esa niña se va convirtiendo en adulta, y revela una capacidad para superar las circunstancias adversas que debe enfrentar, y una inteligencia para interpretar los hechos, que sorprenden".

Como señala, muchas veces el abordaje de ese período de la historia se da a través de personalidades políticas como Churchill o De Gaulle. "Pero lo que este libro busca aportar era lo que se sentía al viajar en un tren controlado por los nazis, cuando uno lo hacía con identidad falsa. O lo que era deambular por la noche en la París ocupada, buscando un escondrijo donde guarecerse. O la soledad de tomar decisiones que afectan a muchos".

El libro, dice Long, busca comunicar sentimientos y sensaciones y "que el lector se meta un rato en la piel de los protagonistas, que viva con ellos el devenir de los hechos, que entienda mejor una época. No busco transmitir una forma de pensar y menos una ideología. Quién soy yo para decirle al lector lo que debe pensar".

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