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La gran revancha del maestro

Luces y sombras de la relación del notable creador con la ciudad de los rascacielos.

La relación que el pintor uruguayo Joaquín Torres García tuvo con Nueva York tuvo sus luces y sus sombras, y por eso se habla de cierto sentido de revancha que esta gran exposición que ahora está teniendo lugar en el MoMA. Joaquín Torres-García: The Arcadian Modern abrió el pasado domingo, y se presenta como la primera retrospectiva en profundidad dedicada al artista en los Estados Unidos en los últimos 45 años.

Repasa los extraordinarios logros del artista en la pintura, la escultura, el fresco, el dibujo y el collage, a través de 190 obras, bajo la organización de Luis Pérez-Oramas, el curador Estrellita Brodsky, y Karen Grimson, asistente de curaduría del departamento de dibujos y grabados del MoMA.

Los materiales expuestos tienen diversos orígenes, y una parte de ellos fue prestada por el Museo Torres García, de Montevideo, cuyo director, Alejandro Díaz contó a El País. "El Museo Torres García fue el que prestó el conjunto más importante de obras, y también les dimos copias de mucho material. No es una exposición generada por nuestro museo, pero en el catálogo hay un agradecimiento muy generoso hacia nosotros, porque tratamos de ofrecer todo lo que estaba a nuestro alcance".

"Ellos sabían, y redescubrieron en el archivo del Museo Torres García, donde están casi todos los manuscritos, además de cartas, libros dibujados, dibujos. Hay mucho material que además, está inédito o no se ha estudiado mucho. En la exposición hay una fuerte presencia de esos documentos. Ellos se llevaron originales y también les dimos material digitalizado", señala Díaz.

La exhibición neoyorquina se estructura cronológicamente en capítulos, abarcando desde sus primeras obras en Barcelona a finales del siglo XIX hasta sus últimas obras realizadas en Montevideo en 1949. La misma se centra en dos hitos: la época de 1923 a 1933, cuando Torres-García participó en varios de los primeros movimientos modernos de vanguardia europeos, y de 1935 a 1943, cuando, habiendo regresado a Uruguay, produjo uno de los repertorios más contundentes de abstracción sintética. Según explicó Luis Pérez-Oramas en el lanzamiento de la exposición, la misma busca mostrar la ruta del artista a través de su propia creación, y a la vez exhibir su originalidad, más allá de toda las corrientes estéticas.

Consultado el director del Museo Torres García si considera que el legado del maestro se explota suficientemente desde el Uruguay hacia el exterior, Díaz señala: "Nosotros hemos trabajado mucho hacia el exterior, en parte porque es como un mundo de oportunidades. Hay interés en ciertos lugares, y hay recursos económicos que permiten hacer cosas. Pero creemos que el Uruguay, como nación, como colectivo, podría y debería apoyarse más en la obra de Torres y su legado, para promover la marca país y proyectarse internacionalmente. Es una de las figuras fuertes que tenemos".

Y agrega: "El Museo Torres García funciona en un edificio que el Ministerio de Educación y Cultura nos cede, y en el marco de un acuerdo, el ministerio cubre gastos. O sea que en ese sentido, no quiero pasar por desagradecido. Pero a veces creo que no se ha visualizado el potencial que tiene ese legado".

Y sobre el vínculo entre el maestro y la Gran Manzana, señala: "Fue un período muy intenso el de Torres en Nueva York. El había tomado la ciudad como tema de su pintura, viéndola de una manera muy personal. Nueva York fue para él una experiencia de mucho contraste: por un lado la fascinación por todo lo visual, y a la vez un encuentro con un sistema económico que le pasó un poco por arriba. Torres se va de Nueva York, no sé si derrotado, como se ha dicho, pero sí fue una experiencia muy fuerte, y algo frustrante. Por eso esta exposición del MoMA se puede ver un poco como un retorno triunfante".

Y Díaz ejemplifica esa tensión con una obra del propio maestro. "En esta exposición del MoMA hay un cuadro, en el que Torres utiliza una carta que le habían mandado, y la interviene. Y esa carta se la había mandado una empresa, a la que él le había hecho una propuesta, que se la rechazan. Ver ese cuadro con ese papelito, en el contexto de esta exposición del MoMA, es algo que está lleno de sentido".

"Nueva York no fue particularmente hospitalaria con Torres, que era un desconocido", señaló a El País el crítico de arte Jorge Abbondanza, agregando: "Este pintor fue muy obstinado, y la prueba es que logró, después de esfuerzos, empezar a producir sus juguetes allí. En un medio que le era tan desconocido, empezando por el idioma. El era un hombre perseverante, y se interesó por Nueva York al extremo que quedó allí con su familia esos dos años".

"Allí aprendió el valor casi geométrico del paisaje urbano contemporáneo. Las estructuras de los edificios, de alguna manera, son el germen de lo que después sería las ortogonales de su producción constructivista. En lo que dejó Torres de su etapa neoyorquina se puede ver el origen como síntesis de un paisaje. Y lo que debía ser en la época, hace prácticamente cien años, para el recién llegado, la proyección de esas verticales, frente a un ojo poco habituado a ese paisaje. Ahora estamos más habituados a que todas las ciudades se multiplican hacia arriba, pero en aquella época Nueva York era muy insólita", remata Abbondanza.

El MoMa rinde tributo al egregio artista a través de una retrospectiva.
El MoMa rinde tributo al egregio artista a través de una retrospectiva.

El lugar de Torres entre los vecinos del norte

"No me animaría a decir que a los americanos les gusta Torres García. Hubo una gran generación de americanos que estuvieron inmersos en lo que fueron las vanguardias latinoamericanas, y así se generaron muchos espacios: el interés temprano del MoMA por Torres en la figura de Alfred Barr Jr. es un ejemplo. Pero ese mundo pasó hace tiempo, la presencia de Torres en Estados Unidos, está relacionada más con una labor a nivel galerías, más que a nivel museístico y esta oportunidad, es valiosísima porque permitirá a varias generaciones de americanos conocer a Torres. Claro, que tampoco hay que olvidar, que la propuesta de esta exposición surge de un curador venezolano (no de un americano)", puntualiza Emma Sanguinetti, destacada crítico de arte.

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