IMPERDIBLE

Una gran retrospectiva de Julio Alpuy en el MNAV

La gran exposición, con curaduría de Rafael Lorente, abarca más de 120 obras que recorrer siete décadas de trabajo, en diversidad de materiales

Muestra Julio Alpuy. Fotos: L. Mainé
Muestra Julio Alpuy. Fotos: L. Mainé

Rafael Lorente conoció al pintor torresgarciano Julio Alpuy cuando tenía diez años, y su padre lo llevó al Taller Torres García. Allí comenzó una larga relación, que atraviesa más de medio siglo. En 2009 muere Alpuy, y ahora, una década después, se acaba de inaugurar en el Museo Nacional de Artes Visuales, Homenaje a Julio Alpuy (1919-2009), con curaduría de Lorente. La espectacular exposición abrió el pasado jueves y estará hasta el domingo 9 de febrero.

“De alguna manera esta exposición me coloca, desde otro lugar, nuevamente en un diálogo permanente con Julio. Yo lo conocí hacia 1950, cuando él daba clases en el Taller Torres. El propio Torres García lo había designado profesor del taller, dado que era un individuo muy disciplinado, tremendamente estricto, y tenía empatía con los alumnos. Y esa relación, que al principio fue a través de mi padre, luego continúa como amistad personal. Yo viví muchos años en Madrid, y cuando él venía se quedaba en mi casa una temporada. Y cuando yo iba a Nueva York, donde él vivió muchos años, me quedaba en la casa de él. Teníamos una amistad muy cercana, hasta el final de su vida, cuando muere en Nueva York, en 2009”, comenta a El País Rafael Lorente.

Muestra Julio Alpuy. Fotos: L. Mainé
Muestra Julio Alpuy. Fotos: L. Mainé

En la Sala 5 del museo, más de 120 obras permiten recorrer la carrera del Alpuy, pasando por siete décadas de trabajo, que abarcan pintura, dibujo, grabado, murales, cerámica, relieves y esculturas. “Están expuestas cronológicamente, aunque también se contempló los diálogos entre las obras”, aporta el curador.

“Julio era un tipo fantástico, afable, simpático. Y generoso. Yo lo iba a visitar a Nueva York, y una vez, me dijo que me iba a llevar a cenar a un lugar. Y me decía que eligiera lo que quisiera del menú, sin mirar el precio. Yo estaba acostumbrado a agarrar el menú y entrar de derecha a izquierda, mirando primero el precio, como buen uruguayo en el extranjero. Y Alpuy me tapaba el precio con la mano, y me decía que eligiera lo que más me gustara”, evoca Lorente. 

Muestra Julio Alpuy. Fotos: L. Mainé
Muestra Julio Alpuy. Fotos: L. Mainé

“Después pidió el mejor vino, un vino de Ribera del Duero. Y me decía, ‘yo fui pobre toda mi vida, y ahora mi arte me posibilita estar en otro lugar. Vendo muy bien mi obra, no tengo hijos, no soy consumista. Entonces, invito a mis amigos. Y comparto con ellos los buenos momentos que la vida me ofrece’. Él era así”, recuerda.

Muestra Julio Alpuy. Fotos: L. Mainé
Muestra Julio Alpuy. Fotos: L. Mainé

“Él llega a Nueva York a principios de los años 60. Tenía el taller en Spring y Lafayette, pleno Soho: y sin embargo, él ya no miraba la ciudad, como lo había hecho en Montevideo. Miraba su interior. Y sus obras trata el origen, el desarrollo, y el fin de la vida. El tema de la fertilidad, la procreación, la pareja humana, los animales. Crea como un mundo idílico, desde un arte nada naturalista. En Nueva York comenzó a trabajar en una serie de maderas, absolutamente originales. Que no tienen nada que ver, como lenguaje, con el lenguaje de Torres García. Sí tienen que ver conceptualmente con Torres, en el amor por la materia, el tono, la concepción armónica de la obra”, explica.

Muestra Julio Alpuy. Fotos: L. Mainé
Muestra Julio Alpuy, con curaduría de Rafael Lorente. Fotos: L. Mainé

“Pero Alpuy se libera de la matriz ortogonal, y comienza a hacer esas magníficas piezas. En esta exposición tenemos más de 30 de esas piezas en madera, que creo que constituyen el corazón de la obra de Alpuy. Si me preguntás cuál es su legado: creo que son esas maderas que él trabaja, entre 1962 y 1970”, puntualiza Lorente.

El curador se entusiasma hablando de la biografía de su amigo. “Él nace en Tacuarembó, en Cerro Chato, y a partir de tercero de escuela va a San Gregorio de Polanco. En su niñez vive en el medio de una naturaleza que luego recreará en toda su obra. A los 18 meses perdió a su madre, y su padre era una persona de trabajo, que con carreta transportaba bienes entre Brasil y Tacuarembó. A él lo creía su abuela paterna. El tema de la pérdida de la madre es un asunto que él maneja en su obra”.

Muestra Julio Alpuy. Fotos: L. Mainé
Muestra Julio Alpuy. Fotos: L. Mainé

“Y a los 16 años se viene a Montevideo, a trabajar, y va al liceo nocturno. Él fue toda su vida un trabajador. Trabaja en una tienda, y luego en una imprenta, donde contrae una enfermedad típica de ese oficio, la plomblemia, por contacto con el plomo. Y estuvo más de tres meses grave, inactivo, sin dinero. Y mes a mes recibía, por debajo de la puerta de la pensión donde vivía, un cheque, que él no sabía quien lo mandaba. Luego se enteró que era un grupo anarquista, las Juventudes Libertarias, al que él adhería”. 

Luego llegará su contacto con Torres García, quien fue para él no solo un guía artístico sino también humano. Y a partir de esa larga relación con el maestro, irá desarrollando cada vez un lenguaje plástico más personal. Hoy lógicamente la obra de Alpuy ocupa ya un lugar indiscutible.

Muestra Julio Alpuy. Fotos: L. Mainé
Muestra Julio Alpuy. Fotos: L. Mainé

“Hoy la obra de Julio es muy valorada por coleccionistas. Hay museos norteamericanos que compran obra de Alpuy, y grandes colecciones de Europa. Claro que la cotización no señala el valor artístico de la obra. Hay artistas fantásticos, como José Gurvich, que tienen una cotización muy importante: la mejor obra de Gurvich está en el extranjero. También la obra de Gonzalo Fonseca es muy valorada. También Francisco Mato. Y hay otros que son buenísimos, como Augusto Torres, y sin embargo su obra no ha alcanzado el valor que amerita su calidad artística. También pasa eso con Horacio Torres, y con muchos artistas uruguayos que no son del Taller, como Washington Barcala, Germán Cabrera. Grandes artistas que no tienen la cotización que debieran tener. Ni el reconocimiento que debieran tener”, remata el curador. 

Julio Alpuy
Julio Alpuy, siete décadas de carrera. Foto: Difusión
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