Entrevista

Filip Custic, el artista que le puso imagen a la música de Rosalía, expone en Uruguay

Es una de las figuras en ascenso en el arte español y habla del objetismo, un "mood" propio

Filip Custic. Foto: Darwin Borrelli
Filip Custic. Foto: Darwin Borrelli

Filip Custic nació en 1993, es hispano-croata y es uno de los artistas españoles que más llamó la atención el año pasado, por un trabajo fabuloso y más mainstream de lo que en su momento se pudo imaginar. Es que Custic fue el responsable de hacer el arte del disco El mal querer, que convirtió a Rosalía en una de las sensaciones de la música mundial. Hizo la portada, hizo cada una de las imágenes que acompañan a las canciones, contribuyó a crear un universo visual que completa la obra conceptual de Rosalía. Y comprobó que su camino ascendente sólo tenía que ver con el talento y una visión desprejuiciada e innovadora del mundo.

Pero antes de Rosalía, Custic ya había trabajado para revistas de moda y diseñadores o marcas de prestigio como Carolina Herrera, Delpozo, Gucci, Louboutin, Paloma Spain y más. El mundo de la moda ha sido escuela y trampolín para la creación de este muchacho alto y delgado, que comunica con cada prenda que lleva.

Este jueves a las 19.00, se inaugura en el Centro Cultural de España Presente mental, su primera exposición en este continente, y con esa excusa charló con El País.

Desde el jueves, la muestra se puede visitar de lunes a sábado a partir de las 11.00 en Rincón 629, con entrada libre.

—El jueves se inaugura en el Centro Cultural de España Presente mental, tu primera muestra individual en América Latina. Cuando tenés que montar una carta de presentación así, ¿qué tenés en cuenta?

—Pues la exposición va sobre eso, sobre qué contenido presentar para comunicarme en América Latina, para que la gente entre en mi mood lo más rápido posible. Y creo que la selección que hemos hecho con Xurxo (Ponce, el curador) resume todo bastante bien, porque escojo piezas del pasado y otras muy actuales, y veo que existe diálogo entre ellas. No son completamente dispares. Se ve una clara evolución técnica y conceptual, pero para mí es una experiencia bastante guay porque me enfrento a mi pasado y a mi presente. Y al futuro, no sé (sonríe).

—¿Qué sentís que cambió más?

—Yo me consideraba muy minimalista, y últimamente me he dado cuenta que más que minimalista, soy limpio y ordenado. Porque en realidad el contenido es cada vez más denso, tiene cada vez más información. Ahora lo que hago es colocar esa información y comprimirla en una única imagen.

—La luz que utilizás es un reflejo del orden y la limpieza de tu obra.

—Sí. Antes mis fotos eran bastante más oscuras, porque no había experimentado lo suficiente. Luego empecé a jugar con la idea de que nuestro espíritu es lumínico, y me agarré de esa idea.

—¿Sos autodidacta?

—Sí. Desde que era muy pequeño me gustaba jugar con la creatividad, y a los 14 años me di cuenta que quería hacer fotos. Cuando me mudé a Madrid empecé a estudiar Publicidad y Relaciones Públicas, porque mis padres no confiaban mucho en que yo hiciese algo creativo. Y a la par empecé a hacerme hueco en el mundo creativo, desde la moda, porque pensé que era lo que me gustaba. Hasta que me di cuenta que todo era muy pasajero, y según terminaba la temporada, esa fotografía pasaba de moda, y a mí me dolía en el alma. Mi formación es con tutoriales de YouTube; lo último que aprendí es cómo poner cristal. Ahora quiero meterme en el mundo del 3D, porque si integro el 3D en mi creatividad, abriré una puerta nueva.

Filip Custic. Foto: Filip Custic
Filip Custic. Foto: Filip Custic

—Has dicho que el objetismo es tu propia corriente. Pero en tanto tu obra está muy atravesada por lo geométrico, ¿qué vínculo encontrás con el cubismo?

—Toda mi creatividad respira algo muy técnico, muy físico y químico, porque en el colegio estudié Ciencia. Entonces me han quedado esos restos de ser muy sistemático. Aparte, toda la Bauhaus y el cubismo han sumado.

—¿Cómo maduró tu idea de objetismo?

—Llamarlo corriente me parece algo muy pretencioso, y creo que las corrientes quedaron como algo del siglo pasado: ahora hay tantísimas subculturas y variedad creativa, que concentrar todo en una corriente es un límite. El objetismo fue una palabra que me vino a la cabeza cuando empecé a ser consciente de que lo que me interesaba era el arte, y descubrí los ismos. Entonces empecé a jugar con eso, porque yo juego un poco a todo, y pensé: “Voy a hacer un ismo”. Pero más que una corriente, el objetismo es un mood creativo, una palabra que me ayuda a mantenerme en un estado.

—En cuanto a la simbología, ¿qué tanta investigación hubo detrás del diseño artístico que hiciste para El mal querer, el disco de la cantante Rosalía?

—El proyecto de Rosalía fue una cosa tan progresiva... Un día vino y me dijo: “Filip, quiero que hagas la imagen de mi disco”. Aún no había firmado con Sony, entonces no había dinero de por medio, fue si me apetecía. Me lo propuso en verano (boreal) de 2017, me fue enviando información de ese libro en el que se inspiró, me mandó las canciones, entonces me lo tomé como que mi trabajo era materializar el sonido, convertir en imagen su metáfora. Gracias a ese proyecto me di cuenta que me interesaba el mundo de la música; me gusta formar parte de la música a través de la imagen.

—¿Te sorprendió el impacto mundial que tuvo lo que hiciste?

—Muchísimo. ¡Me puse a llorar! Yo sabía hacía meses que iba a salir el disco, pero el día que salió, me levanté esa mañana y mi madre me envió un link de YouTube con las imágenes animadas y las canciones, y fue como... (Suspira) ¿Sabes? Me entró un sentimiento como de orgullo hacia mi mismo; fue la primera vez que me di una palmadita en la espalda. Y cada día que pasa alguien me escribe por esas fotos.

—Tenés muchísima llegada en redes sociales, y has dicho que te preocupa bastante la censura de Instagram, porque le puede restar muchísimo a tu carrera.

—La censura es una batalla perdida para mí, ahora mismo. Me da miedo. Para mí, estamos viviendo una especie de dictadura virtual. Cuando nos dieron Instagram teníamos otra relación con la red social, y ahora tenemos otra implicación emocional totalmente diferente, y ha sido tan progresivo que ni nos hemos dado cuenta cómo ha cambiado nuestro comportamiento social. Y con la censura estamos yendo para atrás. ¿Qué significa, que en los museos, habrá que ponerle una barra negra a cualquier artista icónico, porque cualquiera hacía desnudos? No sé si vamos a terminar como en China, donde hay que pixelar todo, o si llegará el momento en que diremos: “Llegamos a la Tierra desnudos, ¡no pasa nada!”. Al sexo y a los órganos sexuales se les da demasiada importancia.

—El director del CCE, Ricardo Ramón Jarne, me acaba de decir que sos el próximo Almodóvar, “un bombazo”. ¿Qué te generan esos comentarios?

—(Se ríe) No quiero hacerles caso, porque mi ego es muy poderoso y se lo cree todo. Prefiero soltar esa información y ocuparme en ser constante, paciente, estar en equilibrio y seguir trabajando. Porque lo que me apasiona es lo que estoy haciendo. Igual no quiero ser un futuro Almodóvar o futuro no sé qué: el ahora es lo único que importa.

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