literatura

La esperanza es lo último que se pierde

Terry Eagleton y su último libro, sobre la fe, la esperanza y la felicidad.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Crítico. Sin ser un escritor "ameno", a logrado el éxito comercial. Foto: Archivo El País.

Con una larga trayectoria en la crítica literaria y la labor intelectual, el inglés Terry Eagleton es uno de los pensadores y polemistas más importantes de Europa. Tiene más de 40 títulos a su nombre en temas tan variados como religión, poesía, política y filosofía.

Su más reciente libro traducido al castellano —publicado en inglés el año pasado—, es este ensayo que indaga sobre el concepto de la esperanza pero, como dice el título, sin optimismo, una actitud que Eagleton identifica como poco fructífera. "Alguien como yo, para quien la proverbial botella no solo está medio vacía sino que casi con seguridad contiene un líquido potencialmente letal y de sabor repugnante, quizá no sea el autor más apropiado para escribir sobre la esperanza", es lo primero que advierte el autor en el ensayo.

Pero claro: alguien como Eagleton no iba a quedarse quieto y dejar de explorar estas cuestiones, por más que admita tales obstáculos. Entre otras cosas porque él es un intelectual con gusto por los desafíos y la discusión.

En su país, se ha caracterizado por un talante polémico en el debate político y público, con furibundas e implacables objeciones y críticas a gente consagrada como Richard Dawkins, uno de los más famosos "neo- ateos" contemporáneos: "Dawkins, lo más cercano que hemos tenido a un ateo profesional desde Bertrand Russell, es en cierto sentido uno de los peores equipados para entender aquello que castiga", escribió en 2006. Eagleton, además de marxista, es un intelectual educado en el catolicismo. Ese origen, y una erudición fuera de lo común, lo habilitan a lidiar con temas como los que aborda en este ensayo, que tienen que ver con la moral, con el concepto de fe y con la actitud ante el futuro, todos tópicos caros a la teología: "La esperanza no siempre va unida a la doctrina del progreso (...) Cada cierto tiempo muy bien puede haber progreso en la historia, pero no debe confundirse con redención. No es que la historia en su conjunto se esté aproximando al Todopoderoso (...) Dado que el hecho más evidente sobre el Mesías es que no llega, cada generación debe ejercer una pequeña parte de su poder en nombre de los oprimidos. En ese sentido, la ausencia de Mesías (...) deja libre un espacio en el que la tarea de redimir la historia queda en manos de la humanidad".

No será optimista, pero la visión de Eagleton en este ensayo, documentado minuciosamente, es esperanzadora.

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