Opinión

Escania, el no lugar

Insisto: Mankell solo es el inspector Wallander. Nada de novelas africanas ni dramaturgia. La magia está en la saga de novelas policiales protagonizada por un inspector que sobrevive en el territorio inhóspito de Escania, Suecia, un lugar áspero, vacío, donde ocurre demasiado y la gente es brutalmente asesinada.

Mankell, sin pruritos, describe al decadente Estado de Bienestar sueco, esa sociedad que fue solidaria (ya no), donde los ricos se aíslan, los trabajadores miran con asco al inmigrante, y sus policías sabotean con su ineptitud hasta la investigación del crimen del primer ministro Olof Palme (1986), magnicidio que sobrevuela toda la primera saga de sus novelas. Entre ellas elijo Asesinos sin rostro, La falsa pista, La quinta mujer, La leona blanca y, sobre todo, El hombre sonriente. Llevadas a televisión, sólo me quedo con la versión sueca, Wallander (2005-2013), con Krister Henriksson en el papel del inspector, y no la versión inglesa protagonizada por el gran Kenneth Branagh. Porque Escania es sueca, como Ystad, como Malmo. Es el no lugar donde hay demasiada intemperie. (*) Editor de El País Cultural

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