Haruki Murakami vuelve al cuento en Hombres sin mujeres

El discurso amoroso de un experto en soledades

Otros datos si se quiere: Editado en marzo de 2015, es el tercer volumen de cuentos del autor japonés, y contiene siete relatos en total.

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Las últimas 10 novelas de Murakami se encuentran en Uruguay por Tusquets.

Se podría dedicar una nota sola a pensar las múltiples razones por las que Haruki Murakami (Kioto, 1949) es tan popular en el mundo occidental. No hay escritor japonés que haya generado tal fenómeno. Una de las grandes razones está desplegada a lo largo de los siete relatos que componen Hombres sin mujeres (Tusquets), su más reciente libro.

En estas historias Murakami practica un delicado equilibrio entre la mejor literatura romántica y la cursilería o el manual de auto-ayuda. A veces le sale muy bien y otras pasa sin pena ni gloria, pero siempre queda de este lado del cliché. Todos los vicios del autor de Tokio Blues aparecen desperdigados en los cuentos: referencias más o menos directas a los Beatles (Drive My Car y Yesterday son los nombres de los relatos que abren el libro, incluyendo una letra versionada del segundo tema), diálogos de desencanto que huelen a Salinger, personajes que trabajan en bares, personajes que aman el jazz y otros que aman a mujeres que los aman y dejan de hacerlo, o que nunca lo hicieron, o que a pesar de todo lo siguen haciendo. Lo principal es esto último: todo lo demás es accesorio, es el envase pop con el que Murakami viste sus historias y que lo vuelven masivo en plena era del zapping, así como lo fueron Ana Karenina de León Tolstói y Orgullo y prejuicio de Jane Austen dos siglos atrás.

Hombres sin mujeres toma el título de otro libro de cuentos de Ernest Hemingway, una de tantas referencias literarias; aparece también el ya mencionado Salinger, La metamorfosis de Franz Kafka y la Sherezade de Las mil y una noches. En este libro los amantes de Murakami volverán a tener su dosis en la mejor proporción y los detractores mejor que ni se acerquen porque van a confirmar todos sus desprecios. ¿Son los hombres solteros con el corazón roto por alguna mujer que ya no está los destinatarios de este libro? Sí, cómo no, pero también lo son las mujeres y los hombres solos, enamorados, casados, separados y vueltos a casar. Cualquiera que haya transitado de alguna forma ese camino.

Lo que recorre todos los relatos —y que está presente casi sin excepción en todas las novelas de Murakami— es la soledad. Y la triste noticia es que se puede estar solo mientras se está acompañado. La solución, quizá, es leer a Murakami para sentirse acompañado por un rato por esas historias de gente sola. Los cuentos examinan detenidamente todas las caras oscuras del enamoramiento y cómo éste desemboca, tarde o temprano, en ese reguero de lágrimas, desconcierto y soledades más solas que antes. "Basta con amar locamente a una mujer y que luego ella se marche a alguna parte. Y en ocasiones perder a una mujer significa perderlas a todas... Todo sucede en un abrir y cerrar de ojos. Y una vez convertido en hombre sin mujer, el color de la soledad va tiñendo hasta lo más hondo tu cuerpo (…) Sólo los hombres sin mujeres saben cuán doloroso es, cuánto se sufre por ser un hombre sin mujer", se explica hacia el final, en una suerte de manifiesto.

La premisa es prácticamente la misma siempre pero las formas nunca se repiten. En Drive My Car un actor solitario contrata a una joven como su chofer y ésta de a poco se convierte en su confidente. En un viaje en auto conocemos qué fue lo que convirtió a este hombre en alguien que busca escapar de sí mismo. En Yesterday, se pone en escena la relación entre un joven escritor y un amigo que le propone salir y tener una relación con su propia novia.

Posiblemente el mejor relato, y el más declaradamente dramático, sea Un órgano independiente, donde un don juan cincuentón de muy buen pasar económico ajusta su agenda para acostarse con mujeres casadas, varias en simultáneo. Esta frivolidad terminará abruptamente cortada con la irrupción de una mujer que, a diferencia de las otras, no pasará de largo. En este cuento, además, Murakami explora algo muy repetido y jamás comprobado a ciencia cierta: que las mujeres tienen un órgano especialmente diseñado para mentir. La traición y la posterior fuga está presente también en varios de los relatos, es el hecho que desencadena la historia, especialmente en Kino, ambientada en un bar donde suena jazz, escenario recurrente en, por ejemplo, Al sur de la frontera, al oeste del sol (2003).

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