Picasso

Diálogo que viene del siglo XX

Las pinturas del genio del arte moderno, por primera vez en Uruguay

Pablo Picasso
Pablo Picasso

Pablo Picasso sabía que existía Uruguay. Por lo menos sabía que había dos pintores que provenían de ahí. Uno era Joaquín Torres García, con quien compartió generación; el otro, Carlos Páez Vilaró, que admirando su obra, decidió visitarlo en su taller de Villa California (Vallauris, Francia), en 1957.

Ahora, en marzo de 2019, los uruguayos podremos democratizar el vínculo con el pintor español cuando llegue al Museo Nacional de Artes Visuales, la exposición Picasso en Uruguay. Con la curadoría de Emmanuel Guigon, director del Museo Picasso de Barcelona.

“La generosidad con que me ofreció su amistad, la atención que brindó a los trabajos que me atreví a exhibirle y a los libros por mí editados que dejé en sus manos, y el interés que demostró en conocer el panorama del arte rioplatense, terminaron impresionándome”, expresaba Páez Vilaró en un unas páginas de su libro Arte y parte (1999).

De ese encuentro, Páez Vilaró trajo una serie de cerámicas que el malagueño le obsequió. Eran 27 en total, de las cuales solo tuvo que pagar el esmalte y la cocción; hoy, seis se pueden ver expuestas en Casapueblo.

Pablo Picasso y Carlos Páez Vilaró en Francia
Pablo Picasso y Carlos Páez Vilaró en Villa Calofornia

Dicen quienes lo conocieron, incluida su penúltima pareja, la pintora francesa Francoise Gilot, que en los primeros encuentros y tiempos, Picasso era encantador. Cautivaba. Después, había que soportarlo. Parte de lo que retrata la serie Genius: Picasso que National Geographic estrenó este año y protagoniza Antonio Banderas, va por ahí.

Ese último, aunque el vínculo no fuera de tal profundidad, fue más el caso de Joaquín Torres García. “¿Un gran hombre? Lo he visto demasiado cerca para poder decirlo, pero en todo caso, siempre un gran pintor”, escribía en Universalismo constructivo, de 1944. Historias para argumentar sí que tuvo.

Torres y Picasso compartieron tiempos y espacios. Fueron alumnos de la Escuela Oficial de Bellas Artes en Barcelona -aunque en generaciones distintas-, y frecuentaban el café Els Quatre Gats, donde Picasso realizó su primera muestra individual en 1900. Además, fueron parte de una misma exposición colectiva de 1896. Allí Torres mostró cuatro acuarelas, y Picasso presentó su óleo “La primera comunión”.

Pero los encuentros que marcaron ese vínculo, más allá de lo artístico, ocurrieron después, y llevaron a que Torres separara al artista del hombre.

Torres escribió sobre su primera decepción en Historias de mi vida (1939). Era 1920, eran tiempos duros en Barcelona, y las opciones de Torres eran irse a Nueva York o a París. Recurrió a Picasso para ver si este podía ayudarlo a llegar al mercado parisino: en un primer encuentro el malagueño respondió que sí, en los siguientes, Picasso no quería recibir al uruguayo.

Después está la mencionada anécdota del libro. A fines de los años 20, concurriendo ambos al taller de Julio González en París, retomaron diálogo y Torres inició con su proyecto de escribir un libro sobre el genio. El título sería Picasso visto por un pintor. Hoy, del libro no queda nada: Torres lo quemó. El único vestigio es la portada que el Museo Torres García conserva hasta hoy, y que se ha expuesto en varias ocasiones.

“No hay ningún pintor del siglo XX que no tenga a Picasso como referente, o que se haya marcado como un contra Picasso, aún para dialogar y chocar con un modelo de arte o cuestionar o poner a prueba”, explicó Enrique Aguerre, director del Museo Nacional de Artes Visuales, a El País.

El mundo miró y mira a Picasso y ahora sus obras, que han itinerado por el mundo, más para el norte que hacia el sur, vendrán al Museo Nacional de Artes Visuales de Uruguay. Exposiciones de grabados y dibujos ya se han hecho, explicó Aguerre; incluso en el mercado uruguayo se encuentran grabados en venta a unos cuantos miles de dólares. Pero esta será la primera vez que pinturas de Picasso pisarán la tierra de Torres.

Vendrán en marzo, desde el Museo Picasso de París y bajo la curaduría de Emmanuel Guigon, director del Museo Picasso de Barcelona. Aguerre todavía no puede dar títulos, pero, dijo, “son obras de las más conocidas. Una de las particularidades que tiene el Museo Picasso de París, es que es el único museo Picasso en el mundo que tiene obra de todos los períodos”.

Así que habrá rosas, habrá azules, cubismo, y, además, se hará una correspondencia entre la obra de Torres y Picasso. “Es lo que permite el privilegio de tener un maestro como ese”, agregó Aguerre.

El Guernica de Picasso fue falsificado para el cine.

Cuando "El Guernica" vino a América Latina

Hubo un tiempo, antes de que reposara permanentemente en el Museo Reina Sofía, que “El Guernica” recorrió el mundo. La intención de Picasso, era acercar a la mayor parte de personas a la obra para difundir el horror de la guerra. En ese tiempo, más precisamente en 1953, “El Guernica” visitó Brasil.

Fue la única vez que esa obra maestra pisó suelo latino. Llegó por mar para exponerse en la que fue la 2° Bienal de San Paulo. En ese entonces, la obra estaba a cargo del Museo de Arte Moderno de Nueva York, desde donde hubo resistencia. Fue Picasso, en diálogo con Ciccillo Matarazzo, un empresario brasileño, que concedió el préstamo, y además brindó 30 pinturas más de su colección personal.

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