IRVINE WELSH

Cronista de mundos en transición

El escocés estuvo en Montevideo y habló de su literatura y la secuela de Trainspotting.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Irvine Welsh. Foto: Marcelo Bonjour

El escritor escocés Irvine Welsh se hizo notar en su paso por Montevideo. Vino por la rama uruguaya de Filba, el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires, y en un par de días se las ingenió para dar entrevistas con una generosidad profesional y a la vez simpática ("de qué sirve escribir algo si nadie se va a enterar de que existe", le dijo a El País), participar de una charla sobre literatura británica (en el Museo Nacional de Artes Visuales), elogiar una librería como "la mejor del mundo" (Escaramuza), compartir la gracia que le dio el nombre de una tienda (Tits) y hacerse hincha de Peñarol y desencantarse antes de que terminara el primer tiempo, un proceso que a algunos les lleva años. Y todo enfundado en una campera de cuero y un gorro de lana.

Ya van 23 años desde que escribió su novela consagratoria, Trainspotting, una especie de Naranja Mecánica heroinómana sobre jóvenes desprolijos en la Gran Bretaña de la década de 1990. La novela tenía su valor propio, pero su popularidad se vio disparada por la adaptación cinematográfica dirigida por Danny Boyle y con Ewan McGregor. Fue un fenómeno cultural.

Hoy, todo ese equipo incluyendo al director, el principal actor, el resto del elenco (Robert Carlyle, Johnny Lee Miller y Ewen Brenner), el libretista (John Hodge) y por supuesto Welsh, que aportó el libro original (Porno) están anunciado Trainspotting 2 que tiene estreno para fines de enero de 2017. Welsh participó activamente en el regreso de la franquicia.

Nació en Edimburgo en 1957 y su biografía está siempre llena de referencias a su pasado punk, sus adicciones al alcohol y las drogas. Pero lo importante es que tiene escritas nueve novelas (incluyendo la recién editada en español La vida sexual de las gemelas siamesas, Anagrama), cuatro libros de relatos, cuatro guiones de películas y dos obras de teatro en una producción; siempre atrae elogios y atención.

Sobre esas cosas, Welsh charló con El País.

—Primero, una curiosidad. ¿Está realmente trabajando en una adaptación de Ivanhoe, la clásica novela de Walter Scott?

—Sí. Estoy en eso desde hace tiempo. Es divertido. Lo estoy haciendo con el director (Jon S. Baird) y el productor (Jens Meurer) de Filth. Está un poco detenido así que vamos a tener que juntarnos.

—¿Cómo se siente más cómodo? ¿Rodeado de gente de cine o gente de libros?

—Me gusta trabajar más en el cine porque es más colaborativo, uno está rodeado de gente diferente.

—En el lanzamiento oficial de la biopic sobre el productor musical escocés, Alan McGee, uno de los ejecutivos de la compañía se refirió a usted como "la voz de una generación". ¿Cómo se siente con ese tipo de etiqueta?

—Eso es lo que siempre dicen cuando quieren vender una película. Uno no se involucra con esa clase de cosas.

—¿Pero qué generación sería?

—No sé. Cada generación tiene sus propias voces. No me interesa mucho eso de las generaciones. Se habla de la generación punk, de los baby boomers, de los millenials. Pienso que uno conecta con personas e ideas y no importa mucho de dónde vienen. Se habla de una generación punk, pero había gente que no consumía drogas a pesar de que esa era la impresión. Cada generación incluye muchas cosas.

—¿Cómo lidió como escritor con el perfil altísimo que le dio Trainspotting?

—Eso es algo que sucedió pero, como escritor, había que pasar a lo siguiente y seguir trabajando. Uno no es responsable de cómo se recibe lo que uno hace. Pero igual que la novela fuera primero una obra de teatro y después una película de éxito mundial, fue como un shock. Me llevó como un año ajustarme a eso, volver a escribir. Estuve de fiesta de una manera muy de clisé. Pero me las ingenié para producir igual. Creo que entre 1993 y 1998 publiqué Trainspotting, Pesadillas de Marabú, Escoria, Acid House y Éxtasis.

—Su última novela publicada en español, La vida sexual de las gemelas siamesas, transcurre en Miami y tiene protagonistas femeninas. Primero que nada, ¿qué le gusta Miami?

—Solía ir a Miami cuando era DJ y siempre me gustaron el sol y la luz. Puedo ir a escribir como antes iba a divertirme.

—¿Y por qué decidió contar una historia en esa ciudad y protagonizada por mujeres?

—Quería hacer algo que no se asociara conmigo y por eso quería ir con personajes femeninos. Es acerca de la imagen y el sufrimiento por el cuerpo, y aunque eso afecta también a los hombres, mucho más a las mujeres con el acoso de la moda y la publicidad. Quería escribir básicamente sobre eso.

—El cuerpo es una parte importante de su literatura.

—La fisicalidad es importante para mí. Me gusta la idea de cómo podemos complicarnos con esas cosas.

—He leído por ahí que prefiere hablar de política que de drogas, así que hablemos de política. ¿Cómo tomó todo esto del Brexit, de la salida del Reino Unido de la Unión Europea?

—Es como inevitable cuando piensas que la Unión Europea, esa institución con grandes principios y nobleza, básicamente se convirtió en un partido neoliberal de banqueros, irrelevante para la gente. No se puede proteger a un emprendimiento privado como los bancos desde un grupo de países y por otra parte denigrar a los países miembros. Es sintomático de la enfermedad que padece Europa, que se está yendo hacia una política neoliberal. Hay que aprender la lección e ir menos hacia lo neoliberal y más hacia un proyecto inclusivo, igualitario.

—Cuando leímos Trainspotting lo vimos como una reacción generacional a una situación como la de aquellos años. Hoy hay cosas el Brexit, el ascenso de la derecha, la crisis de los refugiados...

—Pero al igual que el de Trainspotting es un mundo en transición: ese era el centro de la novela, no las drogas. La economía estaba cambiando y la tecnología estaba moviendo a la gente. Esa es la razón por la que el libro pegó tanto en todo el mundo: era sobre gente de la era industrial perdiendo sus trabajos, y ahora les pasa lo mismo a los maestros, o a los periodistas o en otras ramas que están perdiendo trabajos.

—¿Era inevitable una secuela de Trainspotting en el cine?

—No, para nada. Nada es inevitable. Hace dos años, Danny (Boyle), John (Hodges) y los productores nos juntamos en Edimburgo y anduvimos viendo qué hacíamos con eso. Y el nuevo guión actualizó la acción de Porno, mi novela de 2002, porque queríamos que sucediera ahora. Y para esta versión juntamos a casi todo el equipo original. Estuvo muy bueno.

—Cuando salió la primera película, usted era un escritor en ascenso, Danny Boyle no había ganado un Oscar, Ewan McGregor no había sido Obi Wan Kenobi...

—Sí, es maravilloso. Que todos esos egos iban a estar juntos era algo complicado, pero emocionalmente estábamos todos en el mismo lugar. Lo único que queríamos era hacer la mejor película; ese era el principio central.

—Pero en algún sentido, ¿el estatus de celebridad que tienen ustedes ahora no va en contra de la irreverencia que tenía la primera?

—Hay que esperar a verla. Esta es de un tiempo diferente y no es una película independiente sino no una de los grandes estudios. Y todos estamos grandes, somos adultos. Pero tiene la energía de la primera película y algo más. Pero soy muy optimista.

Tan lejos de Edimburgo, tan cerca de lo femenino

Para un autor que ha dedicado gran parte de su vida a retratar las miserias y las alegrías de una serie de personajes siempre masculinos y escoceces, la última novela de Welsh, La vida sexual de las gemelas siamesas, tiene escenario exótico (Miami, donde vive Welsh) y dos mujeres protagónicas. Es una historia divertida y bien contada.

LIBROS QUE ANDAN EN LA VUELTA

Grandes y humildes éxitos

Desde la psicodelia autorreferencial a la adaptación del clásico (¿también psicodélico?) de Lewis Carroll Alicia en el país de las maravillas, los autores recorren una década de producción comiquera. En una cuidada edición, el trazo limpio de los dibujos -prácticamente siempre en un sobrio y nítido blanco y negro- y el enfoque cotidiano de muchas de las historias contadas, redondean un volumen recopilatorio digno de tener en cuenta. Desde los algo temblorosos primeros pasos, a los más confiados trabajos posteriores, la dupla narra con gracia y apelando a varios recursos el devenir de sus personajes.

Escatología para gente adulta

Los autores no se privan de demasiadas cosas. En los cuadros y viñetas hay de todo un poco: violencia gratuita, actos sexuales más o menos “retorcidos”, humor de todos los colores, explosiones y ainda mais. Todo eso generosamente desplegado en 95 páginas en blanco y negro en las cuales el estilo de Sala -grotesco, irreverente, divertido- va al encuentro de los textos de Alcuri, un socio apropiado para las ocurrencias gráficas del argentino. Con un prólogo de Riki Musso, el libro arranca con un encuentro en un aeropuerto y termina en una pequeña festichola con, entre otros, Gardel, Jaime Roos y Moria Casán.

Aventuras bastante edulcoradas

La escort Mia Saunders sigue con sus aventuras idílicas en la saga Calendar Girl, un boom de la novela erótica estadounidense. Como en el primer tomo, esta muchacha que se convirtió en dama de compañía para saldar la deuda de juego de su padre, sigue topándose con clientes que son muy lindos o muy buenos (o las dos cosas), y que no sólo le cambian la vida, sino que ella también se las cambia en una suerte de cruzada por encontrar la felicidad de los demás. Hacia el final de este tomo hay un poco más de realismo, pero Carlan sigue concentrada en el erotismo y poco en darle más profundidad a su personaje.

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