LIBROS

Crónica roja con aroma de mujer

Mercedes Rosende presenta novela en Feria del Libro.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Nunca escribe pensando en ella, se inspira en historias. Foto: D. Borrelli

La primera mujer en escribir novela negra en Uruguay, Mercedes Rosende también es escribana y experta en procesos electorales. Hoy a las 20.00 en la 39° Feria Internacional del Libro de la intendencia de Montevido Rosende, además, presenta su tercera novela, El miserere de los cocodrilos (editado por HUM)

—Comenzó a escribir a los 40 y no se detuvo más, ¿qué halló?

—Una actividad plancetera. Otros sufren, pero yo me divierto escribiendo, mirando a la gente por la calle y sacándole cosas para mis personajes, o leyendo la crónica roja para encontrar historias.

—¿Cuál de sus personajes se le parece más?

—La comisaria Leonilda Lima es mi modelo ético: siempre está pensando en cómo actuar correctamente y qué es lo mejor para que funcione el sistema. Lucha contra la corrupción y el delito, y está continuamente reflexionando sobre el mal. Es el contrapeso de la protagonista Úrsula López, que es una amoral: no tiene consciencia de qué es ser una asesina, pero sí de otros "pecados" como el voyeurismo o la gula.

—¿Qué es lo que le fascina de los personajes atormentados?

—Su automarginación. Quiero darles voz, averiguar cómo hablan y qué quieren expresar. Y más aún me interesa todo lo que tiene que ver con los mandatos de la estética en la mujer y sus consecuencias.

—¿Por qué escribe?

—Para vivir la vida de las personas que veo de lejos.

—Entonces se parece a Úrsula.

—Sí, ambas somos voyeuristas.

—Y también quiere ser otras.

—Eso es porque me inquieta mucho las presiones que surgen de los rencores que se dan entre vecinos, examantes, familiares, esos que nunca aparecen en la primera plana de los diarios. Yo digo que son los pequeños odios con los que vivimos.

—Sus personajes desconfían de la justicia, ¿usted?

—Yo quiero creer en la justicia.

—¿Cómo se organiza entre tantos nombres, saltos temporales y conflictos?

—Me armo mapas. La novela negra es tan compleja que uno tiene que tener cuidado de no dejar cabos sueltos. Para eso necesito visualizar la trama, como hacen los detectives.

—¿Es disciplinada?

—Escribo tarde, mal y nunca. Pero cuando le veo el final y me entusiasma, trabajo siete días a la semana y 17 horas diarias.

—¿Qué tal es Montevideo como escenario policial?

—Cada vez sirve más. Hay lugares de los que quiero escribir, como la esquina de Sarandí y Treinta y tres, que tiene un edificio con ascensor de jaula, timbres de bronce, escaleras de mármol y está decrépito. Ahí puse a Úrsula. Me guío por las locaciones que veo, grabo ruidos, registro olores y ambientes.

—¿Cómo escribe las escenas de violencia?

—Aquí me inspiré en Prótesis de Andreu Martín. Me cuesta mucho el tema de las armas y la logística de un asalto. Leí tantos diarios que soy una experta en robos a camiones blindados. Ese es un trabajo aparte de la escritura. Aunque después hay lectores que te dicen que te equivocaste, que una Calico no puede disparar a 200 metros porque a los 150 ya se desvía el proyectil, y ahí te querés morir.

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