Sebastián Panzl

Crónica histórica de carne y hueso

¡Tiren, cobardes! (Planeta, 460 pesos) es una crónica periodistíca que investiga dos hechos que acercaron la Segunda Guerra Mundial a Uruguay: los hundimientos de los buques mercantes Montevideo y Maldonado en 1942. Panzl es periodista y trabajó en El País.

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Sebastián Panzl. Foto: A.Sartorotti.

—¿Qué te llevó a escribir sobre los uruguayos en la Segunda Guerra Mundial?

—Me topé con ese tema un poco de casualidad. Estaba de vacaciones en enero de 2014 leyendo cosas desperdigadas por ahí. Un día leí sobre la vinculación de los partidos políticos uruguayos con la Segunda Guerra Mundial y después encontré en Internet un artículo que conmemoraba los hechos de los que se habla en este libro y me llamó la atención. Desconocía la historia y empecé a buscar material para leer, interesado como lector, y me encontré con que no había mucho escrito, que habían recortes de prensa aislados pero no había una globalidad, algo que recopilara toda la historia de los dos hundimientos, que le diera un poco de contexto. Es una historia que tiene todos los atractivos, una guerra de por medio, víctimas, naufragios, rescate.

—¿Qué dimensiones abarca ¡Tiren, cobardes!?

—El objetivo es que sea una crónica periodística con material documentado: no hay nada de ficción. Lo que traté de hacer fue en tres niveles. Primero, la crónica de los dos hundimientos: cómo se salvaron, qué pasó cuando regresaron a Uruguay, cómo cubrió la prensa los hechos. Después cómo cubrió la prensa los hechos políticos, ver los partidos cómo estaban parados en la guerra y cómo se daban los hechos (el gobierno colorado de Alfredo Baldomir que pegaba a la posición de los Aliados, y por otro lado, en la oposición estaba Luis Alberto de Herrera que defendía una neutralidad a rajatabla. En un tercer nivel intento traer el estado de la guerra en 1942. No es un libro de historia, pero sí busco dar un contexto de cómo se venían moviendo las fichas de la guerra.

—¿Por qué el nombre?

—Me llamó mucho la atención la frase. En el primer hundimiento del buque Montevideo, cuando el submarino los iba a atacar por segunda vez, uno de los tripulantes, que se llamaba Benítez, gritó: "¡Tiren nomás, cobardes! ¡Viva el Uruguay!". Cuando leí eso ni siquiera sabía si esto iba a terminar en un libro, pero me pareció que ese era el título.

—Una característica del libro es que hay muchos detalles de la historia personal de los marinos...

—Me gusta mucho el periodismo que cuenta historias. Casi cualquier noticia es mejor cuando uno le pone cara, nombre y apellido. Hice una apuesta firme en ese sentido, no quería que se quedara en números. Por ejemplo, había un español, José Conde, que viajó con mucho miedo porque necesitaba el dinero para enfrentar el tratamiento de su esposa que sufría cáncer. Se habían casado hacía siete meses. Darle eso de carne y hueso le aporta a la historia.

—¿Cómo fue hablar con el último sobreviviente?

—Fuerte, fue una charla preciosa. Hace tiempo que estaba atrás de él, fue difícil acceder, porque es una persona mayor. Tiene 91 años y se acuerda de todo. Llamé bastante, hablé con los hijos, les expliqué qué estaba haciendo y no les gustaba mucho la idea de que fuera. Pero insistí hasta que accedieron. Me llamó la atención que ese hecho que sucedió en 1942 esté muy presente en su casa: está el diploma colgado en el living, la foto del reencuentro con su madre, y hay recortes de diario de él mismo. Fue algo que lo marcó.

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