ARTE

Crear desde los tumultos de la historia

Con Joaquín Lalanne, el artista uruguayo radicado en Cadaqués y con una obra cada vez más internacional

Joaquín Lalanne
Joaquín Lalanne. Foto: Gentileza Joaquín Lalanne

Londres, Hamburgo, Barcelona, ahora Madrid y Silicon Valley: estos son tiempos ocupados para Joaquín Lalanne, un artista uruguayo (aunque nacido en Argentina) que a los 28 años no para de producir una obra pictórica deslumbrante, elogiada y comprada. En setiembre presentó su nueva exposición, Cosmogonía Pop, en Barcelona (a Lalanne lo representa la galería Zielinsky) que lo muestra una vez más combinando influencias clásicas (Rafael), modernas (De Chirico) y pop (Warhol, por ejemplo) en unos óleos que revelan su capacidad para el detalle y el manejo del color. Es un estudioso de la pintura y se le nota, aunque en sus obras siempre hay un componente lúdico.

Lalanne estudió en los talleres de Clever Lara, Miguel Herrera, Álvaro Amengual y Oscar Larroca. En 2008 viajó a Cadaqués a trabajar en el taller de Ignacio Iturria y en 2009, tras ser seleccionado por la Fundación Antonio Gala para participar de una residencia para artistas, se instaló en Cadaqués, el pueblo de Salvador Dalí.

—Para tener una producción como la tuya, tiene que haber una ética de trabajo importante. ¿Sentís que es parte del éxito de tu trabajo?

—Esa es la clave. No hay un jefe que te haga despertar a las siete de la mañana. Sos vos que no quiere perder horas del día porque siempre hay mucho para hacer y aprender.

—¿Cómo es tu rutina de trabajo?

—Este año que está terminando fue una locura: 14 horas por día y apenas descansando una tarde cada 10 días. Pinté muchos más cuadros de lo habitual, pasé de 22 a unos 45 y aunque no los terminé todos, ya están planteados. Es que en abril empecé a preparar la muestra de Barcelona, Cosmogonía pop, y no me daban los tiempos. Estuve encerrado todo el tiempo. El verano, ni lo vi. Es lo que toca.

—¿Cómo estuvo la experiencia de tu primera muestra en Barcelona?

—Nos tocó en el peor momento de la historia reciente de España. Inauguramos el 28 de setiembre y el 1° de octubre, la gente estaba para otra cosa. Y con todo eso se vendieron 12 cuadros y a la inauguración fueron más de 300 personas. Y la muestra tuvo buena repercusión, aunque el clima social y político hacía que ni siquiera yo estuviera pendiente de la muestra.

—¿Qué material mostraste en Cosmogonía Pop?

—Son todas obras de 2017, todas hechas en ocho meses. Lo que pasó es que el año pasado expuse en Madrid y se vendió todo y me dejó sin obra. Y encima empecé el año con muchos encargos y muchas cosas, y por eso recién empecé a trabajar en Barcelona en abril. Fue una locura.

—¿Qué diferencia a Cosmogonía Pop de tus muestras individuales anteriores?

—Mi intención fue profundizar más en mi lenguaje, identificar las señas que me caracterizan y pulir la técnica al máximo. Estuve estudiando mucho a Rafael y su manera de pintar sus personajes, la importancia de la sombra, la luz. Todos los días antes de empezar a pintar hacía una copia de Rafael, y todo eso fue puliendo la pincelada y las composiciones. Un dibujo en un día no cambia nada, pero imaginate que en un mes son 30, en cuatro meses, 120. La mayor diferencia fue un mayor refinamiento de la pintura y de las composiciones.

—En obras nuevas como “La galería” mostrás una pared con un montón de cuadros que funcionan como un canon personal...

—Responde a un estilo cuyo mayor exponente es David Teniers, y basado en su trabajo quería hacer mi galería de influencias. Y ahí están los más importantes, capaz que se me escapó alguno. Y está el arte clásico y hay una figurita egipcia. Y Torres García. Era jugar a marcarse en esa tradición de Teniers y hacer mi propia versión contemporánea.

—En “Los tumultos de la historia”, mostrás escenas de conflictos que incluyen desde la guerra civil española a los stormtroopers de Star Wars...

—Al parecer Dalí decía que un pintor era aquel capaz de pintar una pera en los tumultos de la historia. Quise hacer como mi propia versión de eso. Y de ahí esa pera en el medio de las fotos de los conflictos, mezclada con un mundo de ficción que es lo que compone nuestra contemporaneidad. Y ahí está King Kong que le quiere pegar al bombardero que tira botellas de Coca Cola, o los soldados de Star Wars.

—Aunque por momentos parecés jugar con el collage, lo que más llama la atención de tu obra es que todo es óleo sobre tela.

—Las fotos pegadas y eso pueden dar la idea de collage, y en la superposición de planos del mundo digital, me gusta poder mezclar ese tipo de imágenes sobre fondo que, evidentemente, recuerda a los collages.

—Hace siete años que estás en Cadaqués, ¿te sigue influenciando? ¿Pensás que en algún momento vas a tener otro tipo de estímulo?

—Vengo postergando hace años la idea de irme unos meses a Florencia, pero todos los compromisos nuevos que han surgido requieren tiempo de trabajo. La idea era ir a copiar a los maestros en un plan serio de estudio y trabajo para poder apropiarse de las maneras del Renacimiento italiano. Y el plan era que todo eso se trasladara a las composiciones nuevas. Pero Cadaqués es una fuente inagotable, por ejemplo, por el estilo de vida, que me permite estar concentrado en el trabajo con pocas distracciones y un marco natural incomparable, con luz nítida y clara.

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