ARTE Y EXPOSICIONES

El constante movimiento de una artista y su obra

Elián Stolarsky muestra su arte en tres puntos distintos de la ciudad.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Stolarsky: Son los últimos días de su exposición en el Cabildo. Foto: F. Ponzetto

Tiene 26 años y mientras transita los últimos días de su exposición Cuando las palabras ardan en la chimenea en el Museo Cabildo, participa con más obra suya de muestras colectivas tanto en el Centro Cultural de España como en el Museo Figari. Sabe, Elián Stolarsky, que es de las artistas jóvenes uruguayas que más proyección nacional e internacional ha tenido en los últimos tiempos, y trabaja por y para eso sin parar.

Pero sabe, también, que hoy su vida está definida por la incertidumbre. Viene de hacer dos residencias seguidas, una en España y otra en Estados Unidos, y mientras define sus próximos meses, vuelve a esta etapa en la que le toca dudar antes de responder dónde vive.

"Sigo trabajando en la mesa del comedor de mis padres, hoy es la base de operaciones", dice después en charla con El País, y asegura que el día que tenga su propia prensa (que es la herramienta necesaria para el grabado y técnicas similares sobre las que trabaja) sentirá, por fin, que plantó bandera.

Mientras tanto depende de favores, de alquileres y de la posibilidad que le dan las residencias, estas instancias a las que ha accedido por convocatorias o becas y que, en general, le dan el tiempo, el espacio y el dinero para poder dedicarse a desarrollar determinada obra.

Eso es lo que viene de hacer en dos destinos distintos, y es lo que ha hecho aquí y también en Brasil, Bélgica y en Francia gracias al premio Paul Cézanne que en 2013 le entregó la Embajada francesa. "Me muevo porque hay posibilidades, porque soy curiosa y porque a través de becas puedo seguir viviendo de lo que me gusta", reconoce pero admite que "no sé si a futuro va a ser positivo o si me está dando muchos beneficios solo en el presente. Esto es muy de ir surfando la ola, pararse y ver cómo viene, pero muy intuitivo".

Fue ese instinto el que en plena adolescencia le hizo decirle a sus padres que quería dibujar "en serio", instinto que la llevó a estudiar, perfeccionarse y a hoy estar mostrando su obra en tres museos montevideanos.

Varias formas.

En el Cabildo (Juan Carlos Gómez 1362) son los últimos días de Cuando las palabras ardan en la chimenea, una muestra que como el resto de su obra se basa en el rescate de la memoria familiar. En este caso, el objetivo es llevar imágenes a gran escala a un tamaño "casi envolvente", que le dé la posibilidad de revivir desde un punto casi lúdico a aquellos que la marcaron y ya no están.

"Con mis muestras intento generar escenarios, tiene algo hasta un poco teatral si querés. Busco escenarios posibles de reflexión y conexión", dice, y comenta que el hecho de viajar tanto, de no tener una base fija, de acumular la obra generada en un cuarto, la va llevando a pensar cada vez más en obra liviana, no en estas piezas macro que se ven en el Cabildo.

Algo de eso está en Kiosko, una muestra colectiva que está en el Centro Cultural de España en el marco de Bienalsur; y en Jesualdo: la palabra mágica, otra colectiva sobre Jesús Aldo Sosa Prieto que va en el Figari.

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