La escritora uruguaya presenta Cartagena hoy a las 17 en Fundación Fucac

Claudia Amengual: el perdón como único camino

Si hay algo que no le gusta a Claudia Amengual, es la etiqueta de "literatura femenina". ¿Qué quiere decir? ¿Por qué no hay —y nadie lo cuestiona— literatura masculina? Amengual no sabe.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Tuve que escribir de cosas pesadas para animarme a una novela de amor", afirma.

Licenciada en Letras y Traductora Pública, ha procurado averiguarlo, y lo único que de alguna manera u otra encontró en la obra de varias mujeres, desde Simone De Beauvoir a Toni Morrison, es la problematización de la maternidad —salvo en Idea Vilariño. "Pero no la maternidad edulcorada", señala instalada en su hogar, rodeada de grandes fotografías en primer plano de sus hijas, cuando eran pequeñas. Su desafío personal ha sido no caer en esa categoría, y su más reciente resultado es Cartagena (Alfaguara, 2015). Finalista del Premio Herralde de España, es una novela desgarradora que deja en evidencia las más grandes miserias del ser humano y combina los paisajes de Montevideo y la ciudad colombiana, haciéndole lugar a Gabriel García Márquez. "Me da alegría ver esta novela más luminosa. Y eso es lo que siento en este momento en mi vida, es un momento bueno. Hay muchas cosas bien", le cuenta a El País.

—Tenés en un estante de tu casa dos libros: Las mujeres que leen son peligrosas, y Las mujeres que escriben también son peligrosas. ¿Compartís?

—(Se ríe) No, para nada. Cambiaría peligrosas por libres. Hay un autor que se llama Georges Duby, que escribió Historia de las mujeres, y decía que la verdadera emancipación de las mujeres vino cuando empezaron a escribir, porque pensaron siempre, pero no podían expresarse. En mi literatura he tratado de eludir ciertos problemas porque me daba mucho miedo la etiqueta de "literatura femenina". En Cartagena lo que hago es problematizar la paternidad. Se lo trasladé a un hombre; enmascara más mis conflictos.

—¿Lograste esquivar la casilla?

—Sí. Igual yo soy mujer y escribo como mujer. Lo que me preocupaba era incurrir en algunas zonas de confort. Después tenía mucho miedo de los finales rosa, pero tenía que ver con mi gusto literario. Es la primera vez que escribo una historia de amor. Tuve que escribir de cosas muy pesadas para animarme a meter una novela de amor en una que habla de otras cosas: de culpa, perdón, de redención a través del amor. Son complejos, porque cuando García Márquez escribe El amor en los tiempos del cólera no se preocupa. Se sienta y escribe.

—¿Cartagena no es una novela de amor, entonces?

—Siempre elijo un tema, y me interesaba trabajar sobre la culpa y el perdón. Ese es el tema de la novela. O si todo es perdonable. Desde la matriz cristiana que tenemos, lo políticamente correcto es decir que el perdón siempre es posible. Pero hay cosas que yo no perdono, y otras que no sé si podría perdonar. Y me he puesto a pensar respecto a mí, porque uno también necesita que lo perdonen.

—Pero el perdón tiene que ver con despojarse de la fe; solucionar los problemas depende de cada uno y no de una entidad.

—¿Te digo algo? Es muy fácil ir a un confesionario, que te den la absolución e irte a tu casa contento. Esas cuentas están en otra dimensión. Pero hay cuentas acá, en la Tierra. Porque cuando uno hace daño, les hace daño a personas. Lo religioso es respetable y yo soy una persona de fe, pero es cómodo eso. Vos tenés que ir, pararte delante de la persona que lastimaste, que por lo general es alguien querido, y decirle: loco, me comporté como una basura, pero no quiero ser una basura.

—¿No es egoísta ese planteo? "Te pido perdón porque no quiero ser una basura".

—Absolutamente, es autorreferencial. Me parece que todos los sentimientos que tenemos, incluso los más generosos, son autorreferenciales. El egoísmo es una cosa súper inherente a las personas. ¿Que duele descubrirlo? ¡Cómo no va a doler!

—En Cartagena corrés el riesgo de caer en el cliché de que sea el hombre el malo, el que engaña.

—Sí, total. Porque además las mujeres engañamos, así hay que ponerlo. Todo lo que hace ese hombre en Cartagena lo puede hacer una mujer, desde el adulterio a esa ambigüedad del amor/odio a los hijos, la paternidad mal ejercida… Todo lo podemos hacer, pero lo elaboramos distinto.

—Algo interesante, en cuanto al rol tradicional de la mujer, es que cuando el personaje de Alena acepta a Rossi no lo hace desde el amor.

—Pero está muy enojada, y me encantaría que los lectores construyeran su historia. Yo no estoy tan segura de que haya un perdón. Es un personaje esencialmente bueno porque tiene sus demonios bajo control. Ahora, cuando termina la novela, ellos están sentaditos en la muralla, charlando. Y yo no sé qué va a pasar. Y ahí me parece que está la literatura: donde vos no des una respuesta, sino que dejes muchas preguntas.

—¿En qué momento sabés que terminaste la historia?

—En algún momento, que no siempre es al principio, trabajo con algún esquema, o sea que sé hacia dónde voy. Y lo que hago es llevar a los personajes hasta ese punto, y ahí los dejo. Tampoco me pasa eso de que los personajes me cobran vida. ¡A mí me dan un trabajo impresionante! Hay cositas excepcionales, pero es muy raro que yo te diga: estoy súper conforme.

—¿Cuál de tus obras se acerca más a esa conformidad?

—Siempre quiero que sea la última y pienso que es la última, porque es la que tiene más trabajo técnico y tiene la experiencia de las otras. Casi siempre la última es la que más me conforma, y después pienso: esto lo tengo que mejorar o superar. Si no me aburro mucho. Esta, quizás, es la que me deja más conforme. En algunos sentidos.

LA HISTORIA DETRÁS DE CARTAGENA.

El dolor de reconocer los errores personales.

Franco Rossi es el único periodista que logró entrevistar a Pedro Ángel Pastor, el hombre que acusó a Gabriel García Márquez de haberlo plagiado. Treinta años después a Rossi se le encomienda repetir la hazaña, pero volver a Cartagena le implica darse de frente contra el oscuro muro de su pasado, y sobre todo con Alena; oscuro, y doloroso. Aunque Amengual califique a esta novela como luminosa, basándose en el colorido cartagenero que tan bien logra describir, el calificativo que mejor le queda es desgarradora. A través de una historia sencilla y sin pretensiones fantasiosas, la autora desnuda las miserias humanas y pone en evidencia el dolor que genera asumir culpas y, sobre todo, pedir perdón. El amor, el rencor, el odio solapado y la locura son condimentos amargos en Cartagena, novela que pone al lector entre la angustia, la lástima y la inevitable identificación. Además, la incursión de García Márquez como un personaje incidental pero no protagonista, y el cruce constante con su literatura, es un notable acierto de Amengual. Cartagena invita a una introspección riesgosa pero fructífera, a través de un viaje melancólico muy bien construido por la escritora y sus personajes.

TRES OBRAS ANTERIORES DE LA AUTORA.

El vendedor... - Publicado en 2002.

El vendedor de escobas recorre, con humor pero también con una profunda reflexión, la vida de dos mujeres que no quieren dejarse pasar por encima por una sociedad cuyo ritmo está marcado por el éxito. Airam y Maciel vuelven a la casa donde pasaron su infancia y juventud, donde deberán encontrarse con sus recuerdos y aprender a convivir con ellos. ¿Será posible semejante desafío? ¿Cómo saldrán de eso?

Desde las cenizas - Publicado en 2005.

El universo cibernético es el explorado en Desde las cenizas, tercera novela de Claudia Amengual. Diana entra en el juego de seducción con un hombre al que conoce en línea, y a través de esa fantasía va llenando los vacíos de su vida rutinaria. Casada y con hijos, aburrida y resignada, esta mujer madura se enfrenta a un riesgoso divertimento que pondrá en jaque los cimientos de su presente.

Rara avis - Publicada en 2012.

Rara avis: vida y obra de Susana Soca, es el primer ensayo realizado por Amengual. Su misión fue reconstruir la vida de la poetisa uruguaya que falleciera trágicamente en un accidente, y quien fuera, además, hija de Francisco Soca. La misión de la escritora fue demostrar que esta mujer fue mucho más que "la hija del de la calle", y lo hizo con una investigación rigurosa matizada por su escritura narrativa.

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