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Ciudad Vieja tiene una nueva sala para exposiciones

Diana Saravia charla sobre el arte uruguayo actual

Diana Saravia
Diana Saravia

Diana Saravia nació y vivió su infancia en Cerro de las Cuentas, una localidad de Cerro Largo donde hasta el día de hoy viaja cuando quiera descansar. Allí, donde la luz eléctrica llegó recién en 1979, acompañaba a su padre a colgar faroles por las calles del pueblo y allí, sus inquietudes artísticas las plasmaba copiando imágenes de santos y vírgenes de una Biblia para niños: “Era lo que había”, dice a El País.

Fue en Montevideo donde por fin pudo empaparse del todo en los asuntos del arte, entre unos años de Escuela de Bellas Artes y otro tiempo en la Figari. En 1999 fundó La marquería, donde divide el espacio entre el taller y el espacio expositivo. Ahora, como una de las galeristas más reconocidas del medio, inauguró una galería en Ciudad Vieja (Rincón 622), donde expone obras de Elián Stolarsky, Rogelio Osorio, Julio de Sosa, entre otros artistas contemporáneos.

-¿Este espacio era una necesidad para vos?

-Sí, siempre pensé que el núcleo de la vida artística cultural montevideana está en Ciudad Vieja, y quería conocer el público de acá. Allá sigue, el taller, con la marquería y la galería y las propuestas de los mismos artistas.

-¿Qué tiene el público de esta zona?

-En Quijano no pasa turismo. Acá, aunque es invierno y hay menos gente, hay turistas. El público brasileño entra mucho, se copa y se interesa por lo que tenés para mostrarles. Yo creo que ellos vienen buscando estos espacios. Observo que los artistas quetrabajo desde hace un montón de tiempo, que son conocidos para el público que manejo, acá nadie los conoce, son todos nuevos. Eso es divino.

-¿Cuál es la primera exposición pensada?

-El 7 de agosto inauguramos una exposición en conjunto entre Guillermo García Cruz y David de la Mano, un español radicado en Uruguay que hace murales callejeros increíbles. La curaduría es de Florencia Varela y es una antesala a la participación de García Cruz en JusMad, una feria madrileña de arte contemporáneo.

-¿Cómo ves hoy la oferta de arte en Uruguay?

-Las galerías ofrecen más la obra de artistas muertos. Se juegan más a la segura, cuando vos ofrecés un artista joven, un artista vivo, un artista quizá no tan conocido, es mucho más difícil de vender o de que la gente lo acepte en primera instancia, pero después creo que le gana por lejos a cualquier muerto. A mí me gusta arriesgarme.

-¿Cuál es el gusto del uruguayo?

-Montevideo es muy reducido y el mercado es cada vez más debilitado, más chiquito. Acá el que tiene dinero es poco jugado, va a la clásica. El comprador extranjero, sin embargo, es de correr riesgos. Le gusta algo y se lo lleva. Los de acá tienen que ir conociendo al artista primero.

-Hubo bastante riesgo con “Génesis Uruguay”, ¿ese cuadro se vendió?

-El primer cuadro que vendí acá, fue uno de Julio de Sosa, el chico que pintó a Mujica y cada cuadro suyo es vendido en un par de días. Ese está guardado, no me interesa exponerlo.

-¿Qué evaluación hacen ahora de ese momento?

-Primero que en ningún momento hubo mala intención. Hablás con el artista y te das cuenta de que fue tan ridículo todo, para él todo nace de adentro y ese trabajo era importante, era lo que sentía y la ideología que compartía. Artísticamente, él ahora lo ve y se da cuenta de que ha evolucionado mucho.

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