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Capote escondió a su competencia

Uno de los asesinos escribió su propio A sangre fría.

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Truman Capote consiguió evitar que el mundo conociera otra versión de su clásico. Foto: Wikipedia

Truman Capote tuvo competencia en el corredor de la muerte. Antes de ser ahorcado, Richard Hickock, uno de los dos asesinos retratados en A sangre fría, escribió su propia versión de la matanza de la familia Clutter. Pero el texto, de unas 200 páginas, nunca se publicó. Mientras la reconstrucción de Capote, símbolo máximo del Nuevo Periodismo, alcanzaba la gloria, el relato que hizo el criminal sobre los mismos hechos se perdió en la corriente de los días. A ello contribuyó el propio Capote. Megalómano y ferozmente competitivo, al conocer la existencia del manuscrito intentó comprarlo y, tras fracasar, lo silenció. Durante medio siglo, la versión del asesino permaneció olvidada hasta que una investigación de The Wall Street Journal la ha vuelto a sacar a la luz.

En el escrito, Hickock se sumerge en la noche del 15 de noviembre de 1959 con la misma frialdad que Capote. No hay arrepentimiento ni ocultación. Detalla el terror de los Clutter, padre, madre y dos hijos adolescentes, al verse sorprendidos en su solitaria granja de Holcomb, y cómo él y su compañero Perry Smith los engañaron asegurándoles que no les pasaría nada. "Me gustaría ver al embalsamador tapar ese agujero", recuerda Hickcok que dijo después de que Kenyon Clutter, de 15 años, recibiese un tiro en el rostro.

La gran diferencia entre ambos relatos radica en el móvil. En su reconstrucción, Hickcock sostiene, sin detallar, que fue un crimen por encargo. Un tal Roberts y 10.000 dólares de pago. Esta versión choca con la asumida por el juez y por Capote, que es que Hickock y Perry acudieron a la granja convencidos de que el padre ocultaba 10.000 dólares. Al no hallarlos, los mataron.

La propia personalidad de Hickock, un pederasta que se divertía atropellando perros, y la falta de elaboración del argumento restan credibilidad a la hipótesis. "Hickock se desencantó con Capote. Cuando el escritor empezó a visitarle en la cárcel, creyó que le iba a ayudar. Y cuando vio que no, buscó su propia vía para ganar dinero. Yo no me creería nada de Hickock, ni pienso que el manuscrito aporte nada significativo a lo publicado por Capote", afirma Ralph Voss, profesor de la Universidad de Alabama. Ya condenado a muerte, el asesino entregó su texto a un periodista, Mack Nations, quien manejó dos copias. La primera la envió en 1962 a un abogado de la fiscalía. La otra, después de una corta reelaboración, la remitió a Random House. Ninguno de los dos intentos prosperó. La fiscalía hizo caso omiso del documento. Y la editorial, que había firmado un contrato con Capote, le devolvió el texto.

Alertado, Capote se movilizó. Su novela aún no publicaba y circulaba un texto del asesino. Horrorizado por la competencia, Capote trató de hacerse con el manuscrito. Se entrevistó con Hickock e incluso llamó por teléfono a Nations para comprarlo. No tuvo éxito, pero la casualidad jugó a su favor.

Justo, Nations fue detenido por evasión de impuestos y soborno. Lo único que llegó a salir publicado de Hickock fue un resumen en una revista ya extinta. A partir de ahí los hechos se precipitaron. El 14 de abril de 1965, Perry y Hickock fueron ahorcados con 38 minutos de diferencia, y al año, A sangre fría alcanzó fama mundial. Y en 1968, Nations murió en un accidente de coche. La única copia que sobrevivió fue la que el abogado de la fiscalía legó a su hijo.

Capote nunca hizo referencia al escrito. Como muchas cosas en su obra, las dejó en la oscuridad.

De la prensa a la novela y el cine.

En 1959, una familia de cuatro miembros, el matrimonio Clutter y sus dos hijos adolescentes, mueren asesinados en Holocomb, Kansas.

Tras leer la noticia, Harper Lee, la autora de Matar a un ruiseñor, decidió acompañar a Truman Capote a hacer entrevistas.

Los dos asesinos buscaban 10.000 dólares.

Aunque no los encontraran cometieron el crimen. Fueron detenidos en 1960. Capote asistió al juicio y compró las grabaciones.

A sangre fría se publicó en 1966 y un año más tarde fue llevada al cine por Richard Brooks.

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