UNA GRAN RETROSPECTIVA

Cabrerita en el MNAV: claves para comprender a un incomprendido

El investigador y curador Pablo Thiago Rocca analizó junto a El País los puntos fundamentales de la obra del gran pintor uruguayo y su legado

Expisicion sobre Cabrerita
Cabrerita en el MNAV. Foto: Leonardo Mainé

Hasta el 2 de febrero se puede visitar en el Museo Nacional de Artes Visuales la exposición Javiel Raúl Cabrera. Entre el olvido y la leyenda, que reúne más de un centenar de obras de Cabrerita, bajo curaduría de Pablo Thiago Rocca.

Cabrerita en el MNAV
Una gran retrospectiva de Cabrerita. Foto: Fernando Ponzetto

“La mayoría es dibujo, lápiz acuarela sobre papel, pero también hay óleos. Hay dibujos a lápiz sobre papel, servilleta, caja de fósforos. Cabrerita, como se lo conocía en la Generación del 45, dibujaba sobre cualquier soporte. Se decía que dibujaba sobre cualquier soporte, y para esta exposición se han conseguido estas pruebas. Eso en él era una cuestión compulsiva, no es que fuera una postura de vanguardia. Pero es cierto que lo que él hacía no se ajustaba a los parámetros del resto de los pintores de la época”, explicó a El País Thiago Rocca.

Cabrerita en el MNAV
Cabrerita, una obra llena de detalles. Foto: Fernando Ponzetto

Como señala el curador, Cabrera (1919-1992) fue y es muchas veces más recordado por sus anécdotas biográficas, que tienen que ver con la bohemia montevideana y también con la internación en psiquiátricos, que con las virtudes de su obra pictórica. Es por eso que, en el centenario de su nacimiento, se hizo esta gran reunión de su obra en la Sala 4 del museo oficial, para que el público pueda aquilatarla.

Cabrerita en el MNAV
Más de un centenar de obras de Cabrera. Foto: Fernando Ponzetto

“Su originalidad pasa tanto por los temas como por las formas. La temática, todas esas obras que se ha popularizado como ‘las niñas’, y que en realidad son figuras femeninas, en poses hieráticas, enigmáticas, con una postura de los dedos siempre diferente, y extrañas. Que habla de unos intereses casi esotéricos: no se sabe exactamente qué quería transmitir. Y esas figuras están inmersas en un paisaje citadino que tiene aspectos arquitectónicos del Renacimiento. Torres García decía que hay en Cabrerita algo del Quattrocento”, analiza Thiago Rocca, quien remarca, más allá de la aparente ingenuidad en la obra del pintor, un carácter innovador que se traduce hasta en haberse inventado un nombre artístico, Javiel.

Cabrerita en el MNAV
Cabrera, un pintor y sus enigmas. Foto: Fernando Ponzetto

La figura de Javiel Raúl Cabrera oscila entre los extremos del olvido y la leyenda, señala el curador, quien incluyó en la muestra testimonios y documentación inédita, escritos y objetos personales, para esclarecer algunas de las circunstancias históricas que dieron lugar a la leyenda sobre este artista mayor, buscando a la vez “recuperar su enorme significación plástica, la carga simbólica de sus personajes, su musicalidad y su alto vuelo poético”.

Cabrerita en el MNAV
Cabrerita, una vida y una obra atrapantes. Foto: Fernando Ponzetto

“La leyenda sobre Cabrerita tiene en parte que ver con su vida bohemia. Se cuenta que con lo obtenido con uno de los premios de pintura, tomó un taxi para recorrer Montevideo, hasta que se le agotó la plata. Hay muchas: o que cambiaba sus pinturas por un café con leche, o por cigarros. Las anécdotas de ese estilo, quizá más que hablar de Cabrerita, hablan de la percepción que tuvo la Generación del 45 de él. Creo que faltó un poco de competencia interpretativa. De entender que estaban delante de un gran artista. No le dieron el lugar que merecía como artista”.

Cabrerita en el MNAV
Otra gran exposición del Museo Nacional de Artes Visuales. Foto: Fernando Ponzetto

Otra parte de la leyenda sobre el pintor, más triste, está vinculada a sus muchos años de internación. “Cuando Cabrerita queda 30 años recluido en la internación psiquiátrica, empieza ahí otro mito, otra saga de esta serie. En la que se lo explota comercialmente, mientras sufre todas las penurias de una internación, de la cual desconocemos los reales motivos. No ha quedado historia clínica, ni se conocen episodios violentos ni delirantes que justifiquen una internación de tres décadas. Entró al Vilardebó por una cuestión habitacional, y la cosa se fue complicando, y derivó a la Colonia Etchepare. Toda esta historia del drama humano, junto a su amistad con el poeta José Parrilla, hicieron de ellos dos como una válvula de escape, para esa generación hiper crítica, que tenía sobre todo una gran cultura literaria, pero que no vieron en Cabrera el gran artista que es”.

Cabrerita en el MNAV
Pablo Thiago Rocca, curador de la exposición. Foto: Fernando Ponzetto

El curador explica, además, que la producción del pintor está bastante dispersa, sobre todo la última etapa, de los años 80 hasta su muerte. “Cabrerita fue sometido a una explotación. Hay un profesional de la ciudad de Santa Lucía, que en los años 90, denunció que le habían robado de la casa 700 trabajos de Cabrerita. Él, que era asiduo a la Colonia Etchepare, hizo que pintara 700 cuadros. Eso te da una idea de la magnitud de su producción”, remata Thiago Rocca.

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