GERARDO CAETANO

"Buscamos unir rigor y divulgación"

Un gran paso de la historiografía uruguaya. Editorial Planeta lanzó una historia del Uruguay en tres tomos, bajo la dirección de Gerardo Caetano, que recorre desde la revolución artiguista hasta 2010, realizada por un selecto conjunto de investigadores y coordinadores.

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Gerardo Caetano. Foto: Francisco Flores

—¿Para qué lectores se supone que está escrito este trío de libros?

—Como decía mi maestro que nunca olvido, José Pedro Barrán, el historiador es un científico social que no debe olvidar que debe escribir para el máximo de los públicos posibles, no solo para los colegas. Y eso debe hacerlo sin sacrificar nada de rigor. Estos libros trataron de seguir ese sabio consejo.

—¿Cuáles fueron las consignas para encarar este trabajo?

—Buscamos el máximo rigor intelectual unido con un estilo de divulgación, para públicos en el país y en Iberoamérica. Y un gran pluralismo de enfoques, de generaciones, de visiones, en la elección de autores y en el encare de los temas. Además, una exigencia de actualización en la presentación de temas y períodos.

—En los años 90 con Barrán y Teresa Porzecanski trabajaron en aquella Historias de la Vida Privada en Uruguay, también en tres tomos. ¿Qué distancia hay entre aquellos tres libros y estos tres?

—La diferencia de enfoque. Las Historias de la Vida Privada en Uruguay buscaban un recorrido a lo largo de la historia del país desde un abordaje muy específico, poco desarrollado en general en la historiografía uruguaya. Se apuntaba a recorrer y a revisitar distintos temas y períodos a través del foco de "lo privado", de sus fronteras "porosas" con las dimensiones de "lo público", que sin duda había sido y sigue siendo el horizonte dominante en la mirada de los historiadores uruguayos. Se trata en suma de dos productos muy diferentes en sus objetivos y en sus métodos.

—¿Hay un público lector grande para libros como estos en Uruguay?

—Los autores no somos especialistas en esto, por lo menos es lo que nos dicen los editores, que tal vez tengan un conocimiento más afinado sobre el punto. Pero soy un convencido que en el Uruguay y en el mundo hay un mercado de lectores considerable para este tipo de obras. Y consolidarlo depende mucho de lo que ofrezcamos. Me parece que muchas veces hablamos de un lector prototipo que es más creado por lo que se le ofrece que por sus demandas más auténticas. Es simplemente una opinión.

—¿En qué los uruguayos (te parece) siguen viendo muy distorsionada la historia del país?

—El Uruguay sigue siendo una sociedad muy "partidocéntrica" y muy "politicocéntrica". Ese rasgo, que es un buen fundamento para la sostenibilidad política de nuestra democracia de partidos, a menudo se convierte en un factor distorsionante en las visiones sobre nuestra historia. Y esto vale tanto para los autores como para los lectores. En el caso de los primeros, esto se vence con más rigor en el apego estricto a las reglas del oficio, con honestidad intelectual, con hablar desde hipótesis y no desde discursos de la verdad. En el caso de los lectores, los prejuicios se vencen con más tolerancia, más lectura y más diversa, más curiosidad por entender la mejor versión del "otro", aunque se piense distinto.

—¿Qué aspectos de la labor historiográfica uruguaya hoy están rezagados?

—Muchas veces me invade la preocupación ante cosas que veo: las dificultades de inserción laboral de los investigadores, y sus remuneraciones muy escasas. También cierta pulverización de los temas, que conspira con visiones más integrales. Y las asimetrías manifiestas en el abordaje de temas, períodos y metodologías: la persistencia de cierto provincianismo en las miradas.

—Se dice que Uruguay "se puso de moda" en el extranjero. ¿Eso aumentó el interés de la historia uruguaya en el exterior?

—No cabe duda que este fenómeno existe. Por múltiples razones, que van de las peculiaridades pasadas y recientes de la historia uruguaya. He podido constatar que el Uruguay, pese a su escala, siempre despierta una curiosidad especial. En ocasiones se lo idealiza en exceso, con más o menos razón. Lo cierto es que este no es un fenómeno de ahora: quien lo mire en clave más histórica se encontrará que el viejo idilio de los uruguayos con los viajeros coincidió con una curiosidad especial de muchos países occidentales en la experiencia singular del Uruguay. Para citar ejemplos exóticos, he encontrado mucha curiosidad sobre Uruguay en Estados Unidos y en Alemania, a veces superior a la que he encontrado en países mucho más cercanos y parecidos.

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