MERCEDES VIGIL

"Está bueno que los libros sean polémicos"

Luego de un par de años, la polémica escritora de novelas históricas vuelve al ruedo, y lo hace abordando una figura mayúscula: Domingo Faustino Sarmiento. Vigil lanza su nuevo libro en ambas márgenes del Plata a la vez, y asegura que su condición de uruguaya le permitió aquilatar desde un lugar distinto la personalidad del gran político, escritor, docente, periodista, militar y estadista argentino.

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Vigil lanzó una novela sobre Sarmiento. Foto: Archivo El País.

—¿Por qué se titula El loco?

—Sarmiento era un personaje tan amado como detestado. En el tiempo que estuve trabajando en él, por momentos me enamoré profundamente del personaje y por otros lo quería matar. Sus contemporáneos le decían "El loco", y me pareció —tanto a mí como a la gente de Planeta— que ese apodo era el que mejor retrataba a ese personaje, irrepetible.

—¿Usted lo ve a él como un loco?

—Sin lugar a dudas: era un loco visionario y un loco reaccionario. Fue un loco brillante, un adelantado, capaz de plantear que había que educar a las mujeres, porque ellas iban a educar a los hombres del futuro. Y luego, cuando habla de los negros, o de los paraguayos, o de los judíos, lo querés matar. Por eso creo que sus contemporáneos lo llamaron "El loco", y no se equivocaron.

—¿Salta a la historiografía argentina con este personaje?

—El río lo llevo saltado hace mucho tiempo: mi primera novela histórica, sobre Irma Avegno, si bien fue uruguaya, la mitad del libro transcurre en Argentina. Luego, en mi libro sobre Matilde, la mujer de Batlle, que nació y se crió en Argentina. Yo tengo libros de todo tipo y color: en este caso es un personaje explícitamente argentino, pero también regional. No existe educador en América que no haya tomado los preceptos de Sarmiento. Es un hombre de enorme estatura, tanto en lo admirable como en lo detestable. Creo que mirándolo a distancia, y desde el otro lado del río, yo pude poner, sin pasión, en un capítulo sus aspectos loables, y en otro el Sarmiento detestable, sin que se me mueva un pelo. El hecho de no ser argentina, me permite esas cosas. Por eso se subtitula Luces y sombras de Domingo Faustino Sarmiento.

—¿Y cómo es el abordaje del libro en cuanto a la trama?

—Repito en este libro lo que hago en muchas de mis novelas históricas, que es ir hacia la cotidianidad de los hombres imponentes. Se cuenta su historia al revés, desde su muerte hasta el nacimiento. A través de la vida de su amante durante más de 35 años Aurelia Vélez Sarsfield: ella cuenta los olores, los colores, cómo va cambiando Argentina en todo ese tiempo. Cuidé mucho que el libro no tuviera ningún defecto historiográfico: no solo cuidé las fechas, batallas y documentos, sino también que las calles, los sucesos y los países, fueran como eran en aquel momento. Están las pasiones, los costureros, los amantes, los odios, las discusiones, contadas de una forma amena: parece que estás leyendo una novela de ficción, mientras en realidad tenés en la mano la historia del personaje más importante en la América de habla hispana.

—¿A qué fuentes apeló?

—Leí todo lo que hablaba, a favor y en contra, de Sarmiento, desde Mitre hasta Félix Luna. También lo que escribían sus contemporáneos paraguayos, uruguayos, chilenos, brasileños. Pero lo fundamental fue el Archivo Mitre, en Argentina, donde están sus cartas, quizá el testimonio más importante. De puño y letra, él le confiesa a Mitre desde sus deseos más profundos como educador, hasta sus miserias más grandes como padre, esposo y amante. Los periódicos y las biografías son muy importantes, pero en la correspondencia epistolar es donde verdaderamente se trasunta lo que fueron.

—¿Cuál es su libro más vendido?

—No tengo la menor idea, pero siempre los lectores me han acompañado. Creo que El alquimista de la Rambla Wilson, porque tuvo los Libros de Oro durante dos años consecutivos. Pero Clara, la loca, tuvo un Libro de Oro: en total tengo siete Libros de Oro. Además están las ventas en el exterior, y las reediciones. Ahora, por un tema de salud había abandonado a mis lectores durante dos años, en los que Sarmiento me acompañó.

—¿Qué temas tiene entre manos para más adelante?

—Estoy en varios. Sobre Leonor de Aquitania, sobre Bartolomé Mitre: en este último libro trabajé mucho con él, y estoy juntando información, sobre él y sobre su esposa uruguaya.

—¿Cuál considera que es su libro más polémico?

—Cuando El alquimista..., me llegaban cartas de gente que creía que yo transitaba la vía esotérica. Cuando escribí de la masonería, en El coronel sin espejos, algunos me tildaron de militarista, y otros creyeron que yo era masona. A veces el lector (y por eso las polémicas), en ese afán de sentir el libro como propio, le adjudica al escritor cosas que en realidad le pertenecen a los personajes. Y es justo y está bueno que sea así, aunque no sea adecuado. Está bueno que los libros sean polémicos. Porque, en definitiva, el libro deja de pertenecerle al autor cuando pasa a manos de cualquier lector.

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