MARÍA KODAMA

"Borges no bailaba tango y a mi el tango no me gusta"

Escritora, conferencista, y heredera del legado de Jorge Luis Borges, María Kodama llegó a Uruguay para visitar la Feria del Libro de San José, donde el pasado miércoles presentó su libro “Homenaje a Borges”.

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María Kodama. Foto; Darwin Borrelli.

Además de ser la viuda del ilustre escritor argentino, y la encargada de preservar su obra, Kodama tiene una interesante carrera propia como autora, traductora y profesora de literatura. En amena conversación con El País, repasó los años felices que vivió junto al autor de El jardín de los senderos que se bifurcan.

— Usted ha mostrado una imagen de Borges bien fresca, mucho más de la que él tenía…

—Sí, por supuesto. Siempre una persona públicamente es de una manera, y en su vida es de otra, eso es lógico. Él era más parco públicamente. Aunque decía lo que pensaba. Y a veces eran como bombas.

—¿En qué medida la ceguera lo limitaba?

—Cuando lo conocí a Borges ya no podía leer bien. Pero a él nunca lo oí hablar de su ceguera como algo terrible. Nunca. Él lo tomaba todo así con naturalidad. Supongo que cuando empezó a quedar ciego, eso debió de haber sido muy dramático para él, me imagino. Pero después, se manejaba con normalidad, era alguien normal.

—¿Se apoyaba mucho en usted, como lazarillo?

—Sí, pero era algo que yo tampoco se lo hacía sentir como una ayuda. Lógicamente, si salíamos a caminar, me daba el brazo. Y al cruzar la calle yo le decía si se podía o no. Cosas así, pero nada en demasía.

—¿Quizá eso también favoreció la relación de amor?

—Yo no lo sé, la verdad no sé.

—¿Qué le leía usted?

—A veces necesitaba la lectura de algunos escritores porque tenía que dar conferencias. Y otras veces era por el placer. Eso variaba. Yo le leía, y él me decía su parecer, o me preguntaba qué me parecía. Como cuando uno lee para sí mismo.

—¿Sintió alguna vez celos por parte del entorno cultural de Borges, cuando él vivía?

—No. Me tenía sin cuidado. Después sí me enteré que sí, que parece que los había. Pero cuando él vivía estaban todos mudos como peces.

—¿Bailaron tango alguna vez?

—No, Borges no bailaba tango y a mí el tango no me gusta. Yo bailo flamenco. No creo que Borges bailara tango. De bailar, tendría que haber sido cuando era muy joven.

—Usted custodia buena parte del acervo que dejó Borges, ¿siente que ese material está bien resguardado?

—Yo tengo el museo de la Fundación Jorge Luis Borges. Pero no es todo lo completo que yo quería, porque muchos manuscritos fueron robados. Según dicen, la gente que tiene manuscritos y los vende, son miles y miles de euros en los que los venden. Siempre a los que les ha llegado de manera non sancta. Incluso yo tuve que cerrar la biblioteca, porque un día me di cuenta que faltaban tres libros. Uno de ellos que yo quería mucho. Y entonces directamente tuve que poner cámaras, poner llave. Y la llave la tengo yo y no entra nadie más. Eso es muy terrible. Entonces, cuando hay estudiantes que hacen tesis de doctorado, tienen que traer una nota de su director de tesis, y una lista de los libros que necesitan consultar.

—¿Una buena biografía de Borges?

—Una muy linda, y respetuosa, es la de Horacio Salas. Fue una de las primeras, y fue hecha con mucho conocimiento.

—Usted viajó en globo con Borges.

—Sí. Yo estaba mirando una guía, y de pronto me dijo, mirá, acá hay una propaganda de viajes en globo. Y me dijo inmediatamente que llamáramos. Llamo, y hacemos una reserva, y él estaba tan entusiasmado que la noche anterior no durmió. Y el viaje en globo va siendo acompañado por un auto, que luego te trae de regreso. Y cuando llegamos, me dicen, cuando vieron que Borges no veía, el señor viene en el auto. Y él contestó, el señor va a subir. Y le explican que hay un problema, que hay un estribo para subir. Y él contestó, yo cuando era joven montaba, no será más difícil que subir a un caballo. Y yo llamé al empleado aparte, y le dije que estábamos ahí por Borges, y que yo le firmaba un papel que me hacía responsable, y que dejásemos esta discusión. Yo no sabía que en esos viajes en globo, se suele llevar una caja de botellas de champán, porque uno baja en cualquier lugar. Y es para dejarla a la persona en cuya tierra se bajó. Y se separa una, para brindar por haber llegado sanos y salvos. Fue maravilloso.

—¿O sea que tenía un gusto por el vértigo?

—Totalmente, era lanzadísimo. Pienso que si él hubiera tenido buena vista, hubiéramos perdido al escritor, habría sido una especie de aventurero. Me doy cuenta, por la forma que a él le encantaban todas esas cosas que a otra persona le pueden dar miedo. Se sentía fascinado con todo eso.

—¿Se siente parte de un juego borgeano?

—No, yo soy yo.

—¿Le molesta que la asocien siempre a la figura del Borges?

—No, porque es la persona que he amado y que amo, y seguiré amando hasta la eternidad. Algunas personas tenemos esa suerte, de encontrar alguien: será el destino, los dioses. Encontrar un ser para toda la vida. No fue mérito mío, ni de él.

—Sea un hombre genial o no.

—Claro, puede ser genial o no. Yo lo conocí muy chica: para mí no era genio ni no genio. A los 16 años todo es igual. Uno tiene esa desfachatez del adolescente, que no está pensando quién es genial y quién no.

Un amor decantado en un libro.

Con Homenaje a Borges, María Kodama rinde tributo al recuerdo del eximio escritor argentino, a tres décadas de su fallecimiento. La escritora lanzó en una veintena de capítulos, una síntesis de las muchas conferencias que ella ha dictado sobre quien fue su marido y compañero de vida. Entre los diversos temas el encontrará el lector, en él se trata la infancia de Borges, el periodismo, los viajes y su vida afectiva.

En esta compilación de sus conferencias, muy bien editada por Sudamericana, Kodama también abre su corazón, sin esquivar la expresión directa de sus afectos. "Nuestra decantada relación fue pasando a través del tiempo por distintas facetas hasta culminar en el amor que nos habitaba", sintetiza Kodama.

Perfil.

Nombre: María Kodama. Detalle: Nacida en Buenos Aires, es escritora, traductora, profesora de literatura. Y también viuda de Borges

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