LIBROS

Una autora que le agrega más voces a una historia de dolor

Últimos testigos, de la Nobel Svetlana Alexiévich, ya está en Uruguay.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Alexiévich construye sus relatos a partir de las investigaciones que ha hecho. Foto: Reuters

Hace dos años ganó el Premio Nobel de Literatura y eso, como suele suceder, la convirtió en una autora de lectura obligada a nivel mundial. Desde entonces, la obra de la bielorrusa Svetlana Alexiévich (o Aleksiévich, las dos son válidas) empezó a llegar a librerías uruguayas, en general de la mano de la editorial Debate que en los últimos meses incorporó un nuevo título.

Se trata de Últimos testigos, que fue traducido al español y que también habla de la guerra, como el resto de sus obras, en este caso desde una perspectiva bien interesante. La autora, de 68 años, plantea un relato coral desde los niños soviéticos que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial, y que aportan a través de pequeños pasajes una mirada bien distinta del conflicto bélico.

La intervención de Alexiévich es, en la construcción de este retrato polifacético, como siempre invisible. Incluso para el prefacio la autora evita sus propias palabras y toma una cita de una revista y una pregunta que en algún momento de su vida se planteó el escritor ruso Fiodor Dostoievski: "¿Puede haber lugar para la absolución de nuestro mundo, para nuestra felicidad o para la armonía eterna, si para conseguirlo, para consolidar esta base, se derrama una sola lágrima de un niño inocente?".

En cierta medida, la bielorrusa formula con Últimos testigos una respuesta ampliada de esa interrogante. Lo hace compilando los testimonios que recogió, desde su inquietud de periodista, a adultos que eran niños o adolescentes cuando la guerra llegó a Bielorrusia. Los entrevistó a fines de la década de 1980 y la primera edición del libro es de 1985.

Desde esa mirada que hasta ahora no había sido casi contemplada, los años más doloros y estudiados del siglo pasado son reconstruidos con una voz mucho más humana, inocente y desgarradora, que incorpora los pequeños detalles que tienen que ver con el olor, el silencio, el hambre y la convivencia cotidiana con los soldados alemanes que se apoderaban de casas y pertenencias. Aparecen despedidas, ausencias y, sobre todo, esa voz que Alexiévich ha buscado en cada uno de sus trabajos, y que es lo que le valió el Nobel. "Esos días mi madre hacía polenta, la repartía entre todos. Nosotros nos quedábamos mirando la cazuela, pedíamos: ¿La podemos lamer?. Lamíamos por turnos. Después de nosotros lamía la gata, también estaba hambrienta. No sé lo que quedaba en la cazuela después de nosotros. No dejábamos ni una sola gota. Ni siquiera quedaba el olor a comida. Hasta el olor lo habíamos lamido", recuerda Vera Tashkina, operaria ahora, una niña de 10 años en ese entonces.

Ese es el minimalismo que en más de 300 páginas construye Alexiévich, acomodando las piezas de un relato generacional que tiene muchos puntos en común y tantas maneras de ser diferente, con la sensibilidad de quien ha sido parte de toda esa historia.

Otros títulos.

De Alexiévich se consiguen en librerías uruguayas Los muchachos de zinc (sobre la guerra afgano-soviética de la década de 1980), Voces de Chernóbil y La guerra no tiene rostro de mujer (sobre las combatientes en el Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial), todos editados por Debate. Voces de Chernóbil está también en una versión de Debolsillo, mientras que El fin del "Homo sovieticus" (sobre la interna de la URSS) llegó a través de Acantilado.

Hasta ahora, el único título de la bielorrusa que no ha sido traducido al español es Fascinados por la muerte, sobre los suicidios tras la desintegración de la URSS.

Últimos testigos

Autora: Svetlana Alexiévich. Editorial: Debate. Distribuye: Penguin Random House. Traducción: Yulia Dobrovolskia y Zahara García González. Páginas: 334. Precio: 690 pesos.

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