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Un artista hermético al descubierto en el Gurvich

Retrospectiva de Pietro Spada se expone en Montevideo

Exposición Pietro Spada
Exposición Pietro Spada


Por muchos años, Pietro Spada fue una interrogante para el público del arte uruguayo. Aunque produjo sin parar, no tuvo interés ni intención por exponer su obra, hasta 2014. Ese año, y con la colaboración de la curadora Graziella Basso, el artista decidió que haría su primera y única exposición en vida: fue en la Fundación Atchugarry.

Basso, que también hizo la curaduría de Su visión cósmica, la exposición que se puede ver desde el 3 de agosto en el Museo Gurvich, dice que lo que movió a Spada a exponer en sus últimos días fue la necesidad de hacer un homenaje a su maestro, el artista español radicado en Argentina, Esteban Lisa.

Comenzó a estudiar con Lisa cuando tenía poco menos de 20 años, en Buenos Aires, ciudad en la que vivió desde los 10 años, tras migrar desde Italia en 1937. Aunque en paralelo hizo la Escuela de Bellas Artes de Argentina y pasó por la tertulia de varios artistas, consideraba que el único maestro de toda su vida había sido Lisa. “Decía que le había allanado el camino”, transmite Basso.

La escuela de Lisa defendía un hermetismo tal que llevó a que la mayoría de sus discípulos no mostraran sus obras y que las suyas fueran expuestas por primera vez diez años después de su muerte. Asimismo, lo que se sabía, lo que los alumnos contaban, era que lo que Lisa enseñaba iba más allá del arte, era una filosofía.

“Buscaba la espiritualidad la belleza y la armonía”, explica la curadora. Primero en la Escuela de Adultos, más tarde en la Escuela de Arte Moderno las Cuatro Dimensiones, el maestro basaba su enseñanza en un punto fundamental: para hacer arte, había que “trabajar, trabajar, trabajar”, añade Julio Sánchez Gil, miembro de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

Spada siguió siendo fiel a esa escuela incluso al mudarse a Montevideo, en 1957, y por eso se negó a mostrar su obra la mayor parte de su vida. Incluso su esposa, Ida Kassja Budkiewicz, solo lo veía trabajar muy de vez en cuando, espiándolo.

Lo que realmente le importaba a Spada era crecer pintando, alcanzar un estado espiritual que le permitiera ser mejor persona. Así, por ejemplo, pasaba las tardes en el zoológico tratando de representar con la menor cantidad de elementos posibles lo que veía. Si se cortaba ese momento de de conexión con su esencia, detenía el dibujo y empezaba otro.

La obra, desde las más figurativas siluetas de animales a lápiz a los abstractos en colores puros que fueron de planos a líneas y símbolos, ocupaban un lugar secundario. Los soportes eran papeles pintados en las dos caras, cartones y todo lo que hizo, decía, era parte de un solo proceso creador, después de todo, lo cita Basso, “Pietro era Pietro”.

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