temporada 31

Arte para dialogar y pensar

Nueva muestra y cambios en el horizonte del Espacio de Arte Contemporáneo    

Maria Eugenia Vidal
Maria Eugenia Vidal

La Sala 0 del Espacio de Arte Contemporáneo está en penumbras. Su única iluminación proviene de monitores distribuidos en sus cuatro paredes. En las pantallas hay personas que bailan, alguien que se maquilla, otros que se peinan. En la sala también hay chicos que bailan. Pertenecen a un grupo que está de paseo por la excárcel de Miguelete y parecen entender a la perfección la instalación: hay que sumarse a la diversidad de las paredes y ser parte de la obra de arte, porque el arte contemporáneo, entre las tantas cosas que procura ser, es eso: un intercambio activo con el visitante, que si pierde la timidez, puede vivirlo mejor, puede sentirlo.

La instalación es LSD - LCD - LED, y está curada por Violeta Mansilla, quien trabajó junto a artistas y colectivos uruguayos y argentinos. La coordinadora general del espacio, María Eugenia Vidal, explica a El País que la intención era generar gran fuerza con el impacto visual y sonoro absurdo, desde el cual abordar los estereotipos de género.

Lo de Mansilla es una de las tantas obras que el EAC seleccionó para exponer en su Temporada 31 -la segunda de 2018-, que irá hasta el 25 de noviembre, y no es la única que habla de género. El director, Fernando Sicco, quería acompañar el mes de la diversidad seleccionando dos exposiciones con esa temática.

La otra muestra pertenece a Luisho Díaz, uno de los artistas emergentes del arte contemporáneo uruguayo. Para esta presentación, Díaz investigó el arte performático drag y recreó el universo con entramados de fotografías femeninas y masculinas que crean a una tercera figura, sin género definido.

En la presentación de su obra, Díaz escribe: “El drag sitúa a la identidad de género en un terreno fluido y difuso donde cada uno puede diseñarla, manifestarla y cambiarla según se desee”. Así, busca reflexionar sobre lo masculino y lo femenino como opciones “unívocas y hegemónicas”, y generar un repensar la libertad de ser.

Temporada 31 del EAC
Temporada 31 del EAC. Foto: Marcelo Bonjour

Que el público se acerque al espacio y salga con una mirada transformada o al menos un poco más inquieta, es otro de los objetivos de los artistas contemporáneos. La intención hace que la obra que uno encuentra “hable desde el presente” y, ante un presente tan difuso, el lenguaje es múltiple.

En la sala contigua a los Entramados de Díaz están las obras deliberadamente inconclusas de Andrés Labaké. Mezclando audiovisual con objetos y dibujos, este argentino consagrado habla desde la fractura de los proyectos y la estética del vacío, para simbolizar la desolación. Y la yuxtaposición espacial de estos artistas demuestra que para el EAC no hay tal cosa entre consagrados y emergentes: el que tenga un mensaje contundente, tendrá espacio para exponer. Tampoco hay tal cosa con la nacionalidad. Incluso, cuenta Vidal, la mayoría de los artistas que se presentan a las convocatorias son extranjeros.

Más allá del atractivo de Uruguay para creadores de otros países, el espacio hace lo posible para que los artistas se sientan cómodos y puedan trabajar plenamente.

“Yo creo que al artista lo que le gusta es que puede venir y hacer su proyecto como lo pensó, con la tecnología que requiere la obra, con el equipo de montaje que necesita”, detalla la coordinadora. A eso se suma la construcción de la Sala 6 -aún no inaugurada- que con 160 metros cuadrados por cuatro metros de altura, permitirá otra clase de proyectos expositivos. 

Si hay algo que hace más interesante al EAC, es que el visitante puede encontrarse no solo con obras acabadas y en exposición. En el subsuelo del panóptico funcionan las salas taller, donde los artistas en residencia crean y van mostrando al visitante su evolución.

Es el caso de la exposición en proceso de la colombiana Lorena Zuluaga Cardona. Esta artista utiliza su celda para recrear un escenario que con la música, los colores y la decoración llevan al visitante por un viaje a un bar colombiano.

El intercambio con el público también se da en talleres, que por esta semana de vacaciones serán dedicados a niños. Uno para chicos de entre 6 y 8 años, a partir de la exposición Entre los viajantes, de Pablo Núñez, la otra para 9 y 14 años, será un taller de fotografía con revelado artesanal.

El edificio

La arquitectura de la cárcel al servicio del discurso actual del arte es una de las características que hacen al EAC. “Hay un interés general que es por el lugar en donde estamos ubicados, su historia, su condición de cárcel de modelo panóptico -construida a fines del siglo XIX y la única de América Latina que se conserva casi en su estado original-”, explica Florencia Machín, que trabaja en gestión de sala y mediación.

Así, al menos 4.000 personas visitan cada temporada de arte contemporáneo, una cifra que se vio casi duplicada (se fue a 7.000) después de la inauguración del Museo de Historia Natural, que ahora se ubica en otro de los pabellones de Miguelete.

Ese es un vínculo para aprovechar y por eso, en noviembre, Sicco curará una exposición con obras que “dialoguen con la historia, el arte y la ciencia”, señala Vidal. Esta es, si se quiere, una prueba de que el arte rompe cualquier frontera y estructura.

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