Con prólogo de Mujica, Engler escribe sobre Raúl Sendic

El amigo que evoca el lado humano de su líder

Es un libro breve, de lectura rápida y no exenta de interés. Es revelador e ilustrativo, aunque haya varias razones para pelearse con él. Y no está de más tenerlo en la biblioteca junto a otros textos sobre "historia reciente", aunque más no sea que para tener otra perspectiva sobre unos años convulsos y sus protagonistas.

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Henry Engler se concentra en una hagiografía de su amigo y líder. Foto: Archivo.

Es inevitable que Henry Engler, que fue tupamaro, la pasó muy mal en la cárcel, vivió una experiencia humana que puede catalogarse como una "redención" (ver la película El círculo, que incluye la crónica de su fugaz pasaje por una rama muy exótica del cristianismo) y es hoy un científico con reconocimiento internacional, pero fue también amigo personal y "compañero de ruta" del protagonista de su libro, tenga una visión hagiográfica de Raúl Sendic. El libro no es una biografía ni un ensayo político. Es (ya lo avisa desde el título) un retrato humano, que atribuye al lider guerrillero una dimensión de pensador y una especial fibra ética.

Puede aceptarse con Engler que Sendic fue probablemente el más flexible y menos dogmático de los tupamaros (y si uno se pone lo bastante cínico, el único inteligente), pero el autor fuerza sus datos para concluir que tenía algo original o importante que comunicar a la comunidad, y que su ejemplo debe ser imitado. Naturalmente, es imposible no estar de acuerdo con el autor cuando revindica, en términos muy abstractos, valores como la honestidad, la dedicación, la humildad, la abnegación, el trabajo en equipo, el autorrespeto, la autoestima, el amor (se aclara que nada de "amor revolucionario"), o la regla áurea de no hacerle a los demás lo que no se quiere que le hagan a uno. Solo que esas nociones están planteadas en un plano en el que pueden coincidir Sócrates y Zoroastro, Confucio y Buda, Jesucristo y Kant. El libro termina oscilando entre la reflexión con chispazos de inteligencia y el lugar común de galletita de la suerte.

Hay dos apéndices documentales interesantes: un relato en primera persona del "Abuso" (la fuga del penal de Punta Carretas) y un intercambio de cartas entre el autor y Sendic.

Se le agradece a Engler (y acaso haya que agradecerle a Sendic) la noción tan poco marxista de que si uno quiere cambiar el mundo tiene que empezar esforzándose en cambiarse a sí mismo, pero la ceja derecha se curva en un leve gesto de incredulidad cuando el libro cita una vez a Marx, tres a Gandhi y dos a Einstein, reivindicando paradójicamente el borroso socialismo de este último. El lío es que en las generalidades todos estamos de acuerdo, y los problemas empiezan cuando se quieren llevar los principios a la práctica. No es lo mismo la lucha no violenta de Gandhi que empuñar una metralleta en el Uruguay de 1964, como sabemos todos los uruguayos que terminamos finalmente atrapados en medio del tiroteo, entre tipos con metralleta y gente con uniforme. Aunque se quiera reconocer la buena intención de gente como Sendic o Engler, no fueron parte de la solución en el problemático Uruguay de entonces. Fueron parte del problema.

El mensaje humano de Sendic

Autor: Henry Engler Edi- torial: Aguilar para Penguin Random House. Precio: 380 pesos. Prólogo: José "Pepe" Mujica. Número de páginas: 150.

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