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Más allá de los dorados de Klimt

Austria celebra los 100 años de la muerte del pintor

Gustav Klimt
Gustav Klimt

Tras los dorados y el refinado erotismo que hacen de Gustav Klimt un favorito del público, hay muchas historias de expolio y muerte causadas por el terror nazi, y que una exposición recuerda ahora con motivo de la conmemoración del centenario de la muerte del pintor austríaco, el 6 de febrero de 1918.

“El público de Klimt es muy poco crítico. Le gustan los dorados, la estética”, cuenta a Efe Niko Wahl, comisario junto a Marion Krammer de la exposición Klimt perdido, y explica que buscan completar esa visión superficial.

Para ello, la Villa Klimt de Viena, donde una vez estuvo el taller del pintor, acoge hasta septiembre esta muestra que narra no solo la historia de esos lienzos, sino la de quienes los encargaron y compraron y que luego los perdieron, a veces junto a la vida, cuando la Alemania nazi se anexó a Austria en 1938.

Klimt es quizás el artista que más se relaciona con el arte expoliado durante el III Reich, por el gran número de casos y por la relevancia mediática de algunos de ellos, como el de la “Adele Dorada” que Austria tuvo que devolver en 2006 a los herederos del industrial judío al que pertenecía, tras décadas de batalla legal.

La exposición ejemplifica cuán difícil fue, durante décadas, lograr la restitución de arte robado con fragmentos de un carta de 1973, en la que la entonces ministra de Ciencia le recomendaba al canciller socialdemócrata Bruno Kreisky no devolver una pieza ante el riesgo de provocar una cadena de solicitudes.

Wahl explica que hay propietarios que prefieren mantener en secreto sus piezas, adquiridas de forma legítima, por motivos de seguridad, pero también hay piezas que se “perdieron” cuando comenzó el expolio en 1938, y se estima que un 15 por ciento de toda la producción de Klimt desapareció.

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