Desfile de Carnaval 2019

Arrancó la fiesta que cada año es más cosmopolita

Ningún vehículo pudo circular por la avenida principal de Montevideo (desde Plaza Independencia hasta Plaza Libertad) durante casi 24 horas.

VEA LA FOTOGALERÍA. Imágenes: Gerardo Pérez
Foto: Gerardo Pérez
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Ayer en esa zona todo giraba alrededor de los preparativos para el desfile multicolor y brillante que inauguró la fiesta más larga del mundo.

Había un puesto de "merchandising carnavalero" en cada esquina: globos, linternas, miniventiladores, papel picado, serpentinas, trompetas, antifaces y las infaltables máscaras. Un detalle: las de la serie La casa de papel, que son furor, valían el doble que cualquier otra ($ 200). Cantidad de niños se amotinaban en los stands de venta al grito de: "mami, ¿me comprás uno?", y todos con las manos en posición de súplica.

Los más ansiosos llegaron tres horas antes, se instalaron en las gradas y se entretuvieron sacándose selfies. Muchos andaban con reposeras, otros, sin entrada, montaron un camping en la Plaza Independencia y esperaron con termo, mate, cerveza o vino en caja.

Los comentarios corrían en varios idiomas o dialectos, pero sobresalía el español con tono caribeño.

Osmer vive en un edificio sobre 18 de Julio y bajó porque sus dos niños querían ver de qué se trataba el espectáculo. Es su primer desfile, llegó hace siete meses, y la parafernalia le recuerda al Carnaval de Callao, con carrozas y disfraces.

José vivió ayer su segundo desfile. Lo que más disfruta son los tambores porque al escucharlos revive los festejos carnavaleros de su Venezuela natal. A sus hijas le fascinan las carrozas, máscaras y disfraces. Eso sí, José jamás se queda hasta el final porque le resulta eterno: "es larguísimo, y las nenas se cansan".

Desfile de Carnaval. Foto: Gerardo Pérez
Desfile de Carnaval. Foto: Gerardo Pérez

Su compatriota, Carlos Márquez lleva 18 meses en Uruguay pero nunca pudo pisar un tablado porque trabajó todo febrero de 2018 como chofer de Uber en horario nocturno. Escuchó por primera vez una marcha camión en Tazú Bar. Era invierno, le regalaron entradas y vio actuar a una murga pero no recuerda el nombre. "Cantaban demasiado bien", rememora. Dice que en Venezuela no existe nada parecido a ese sonido, y lo que más se asemeja al Carnaval uruguayo son las Ferias del Sol en la ciudad de Mérida. Dura diez días, hay corridas de toros y concursos de carrozas.

Se mudó con su esposa y su hijo a dos cuadras de la Plaza Independencia y ayer se acercó para ver qué sucedía en el desfile porque sentía gran curiosidad. Solo sabía que la gente se disfrazaba, había carros, y "muchas comparsas de murga" (sic). La primera impresión que se llevó al llegar fue que era más desorganizado que el de su país, pero rápidamente se cruzó con carrozas que lo deslumbraron.

En primera persona.

El desfile es un atractivo turístico desde siempre. Los extranjeros observan el colorido de los espectáculos desde gradas y sillas, pero hay varios inmigrantes que se animaron a vivir la fiesta de Momo desde adentro.

Daniel Pérez tiene 32 años, es venezolano y hace 7 años que vive en el país. Participó por primera vez del Carnaval uruguayo en 2016, y no demoró mucho en enamorarse de esta tradición. Ayer desfiló con la Carpintera Roh, la misma agrupación donde debutó dos años atrás; además será la primera vez que se subirá al Teatro de Verano. Allí, según contó a El País, tendrá un papel protagónico: bailará, cantará y actuará.

Desfile de Carnaval. Foto: Gerardo Pérez
Desfile de Carnaval. Foto: Gerardo Pérez

Lo que más le impactó de esta fiesta popular fue su extensión (más de un mes) y las distintas categorías, aunque para él, al principio, era todo lo mismo. "En Venezuela no se celebran los carnavales como acá. No es tan largo, hay un día donde se hace un desfile por las avenidas principales con disfraces y participan algunas comparsas de escuelas y liceos de la zona, pero no es mucho más que eso", dijo.

Los lubolos y el candombe fue lo que más le atrajo porque le recuerda a sus raíces. "En el estado de Aragua, una zona costera de Venezuela donde nací, se tocan mucho los tambores, aunque con otro ritmo. Pero de igual forma me hizo acordar a mi ciudad", contó Pérez.

Kevin Cairo o "Keisy"— su nombre artístico— tiene 19 años y dice que gracias a que conoció el Carnaval se convenció de quedarse a vivir en Uruguay. Llegó de Cuba hace tres años y enseguida tomó contacto con los tambores.

"Fui a un cumpleaños y me encontré con una mujer, nos pusimos a charlar sobre música y me contó que su hijo salía en Carnaval, me mostró fotos y me pareció que estaba de más. Se cantaba, se actuaba y supe que era la oportunidad que estaba esperando", dijo. En su país, en tanto, la celebración se limita a un desfile. "En Cuba no le dan tanta importancia como acá, y nunca me llamó la atención formar parte de los festejos", admitió.

Ayer desfiló en la Carpintera Roh y durante febrero hará tablados con esa comparsa. Su anhelo es poder participar en las distintas categorías, "al menos durante un año, para poder ver la particularidad que tiene cada uno". ¡Feliz Carnaval!

Comparsa integración hace honor a su nombre

Apenas Gabriela Reyes terminó el liceo en Venezuela se comunicó con sus padrinos que viven en Uruguay para pedirles que le hicieran un lugar en su casa y le consiguieran los papeles para estudiar Medicina aquí, ya que en su ciudad no había Facultad, y su madre no la dejaba mudarse lejos y sola. Llegó 12 meses atrás pero hasta que no tenga tres años como residente no podrá inscribirse en la Universidad. Planea hacer un curso de enfermería, y mientras tanto trabaja en una peluquería. La hija de la encargada de ese local se llama Fiorella, baila en la comparsa Cosme y Damián, y la invitó a los ensayos. "Al principio no me gustaba mucho", pero le agarró el gustito al candombe: "solo de escuchar te dan ganas de bailar, los pies se te mueven solos", dice la joven de 18 años. Entró para ser bailarina y terminó cantando. "Quería participar, no me importaba si era llevando una bandera, quería sentir esa emoción". Y superó sus expectativas: Cosme y Damián fue la ganadora del Carnaval de las Promesas 2019. Gabriela quedó motivada, se animó a ir a los ensayos de la comparsa Integración junto a Fiorella, y ahí bailó por vez primera. "Sabía mover los pies y las caderas pero me costaban las manos. Todos se reían al verme porque era chistoso". Después de miles de pruebas frente al espejo de su casa, el sábado pasado se iluminó. Sucedió en las mini Llamadas en homenaje a Martha Gularte. Gabriela se descubrió coordinando: "estaba bailando, de repente me miré las manos y dije, me salió". Desde entonces, no se equivocó más. El de ayer fue su debut en un desfile de Carnaval y aunque no hará tablados con la comparsa, estaba más que feliz con la oportunidad, porque los tambores piano, chico y repique del candombe uruguayo francamente la enamoraron, reitera con una franca sonrisa.

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