DESPEDIDA A UN HOMBRE QUE HIZO REÍR

Se apagó la llama de la risa picaresca local

Héctor Perry falleció como consecuencia de un paro cardíaco.

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Perry es sinónimo de humor. Foto: archivo El País

Radio, música, carnaval, televisión y teatro, nada le faltó hacer al humorista y carnavalero Héctor Perry, quien falleció ayer a los 69 años por un paro cardíaco.

Un hombre que tuvo más de cuarenta años de trayectoria y se hizo solo en el espectáculo. Su secreto para la comedia radicó en mezclar dosis de picardía con chistes verdes y mucho talento para el humor.

Pero Héctor Perry, quien ya en la década de 1970 era un referente del humor de nuestro país, perteneció a esa camada de humoristas donde también se encuentran Cacho de la Cruz, Berugo Carámbula y Enrique Almada. Sus lentes grandes, rulos y abundante pelo fueron su sello particular, además de su enorme sonrisa. Trabajó en distintas partes de la UTE durante muchos años y también tocó la guitarra, aunque esto fue gracias a la influencia de los grupos uruguayos Los Delfines y Los Shakers.

Se presentó en Carnaval, pero también realizó múltiples espectáculos en distintas salas de Montevideo, y llevó su humor picaresco a lugares emblemáticos como Salón Makao, Parador del Cerro, Kibón, Restaurante Panamericano, Teatro Stella y Cine Miami (actualmente La Trastienda).

Caracterizado por un estilo precursor del stand up, donde mezclaba chistes "de salón" con otros verdes, su éxito lo llevó a presentarse en Punta del Este, Argentina, Chile, Canadá y Estados Unidos, donde actuó para las colectividades en aquellos países.

Su camino en el espectáculo permitió que surgieran nuevas generaciones de humoristas, que escuchaban las ocurrencias de este cómico en radio, gracias al programa naftalina, pero también por los cassettes y videos que el propio Perry grababa y vendía.

Los memoriosos recordarán su paso por televisión, donde llegó a trabajar Canal 4 (Ría con Perry) y el 12 (El show del mediodía), siempre generando la risa de quienes esperaban ansiosos sus ocurrencias. Ahí no se salvaba nadie: curas, monjas, niños, mujeres, judíos y monaguillos eran parte de su número.

Sin embargo, pese a las risas del público "sus últimos años los pasó viviendo de los recuerdos, olvidado y muy dolido por haber sido echado del Carnaval, por la puerta de atrás", reconoce su hija Alicia.

Aunque exitoso en el pasado, sus últimos años lo fueron, como sucede con varios artistas locales, bastante anónimos. Su hija afirma que "lo recuerdo como un tipo que tuvo que pelear contra haber sido encasillado como un hombre de relajo. Fue un excelente padre". Un comediante que "siempre amó su profesión" y aunque luchó contra las etiquetas, "crió tres hijas viviendo del humor".

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