PRIMERA RUEDA

Concurso: Agarrate Catalina regresó renovada y con alto nivel

Un resumen de lo que dejó una nueva etapa del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas

Teatro de Verano despide el concurso pero aún quedan veladas para disfrutar.

Con gran nivel en su trabajo Los defensores de las causas perdidas, Agarrate Catalina cerró la segunda noche de Teatro de Verano, tras siete años de ausencia en los escenarios de Momo.

La murga de los hermanos Cardozo —la mayor responsable de la consolidación de las temáticas humanistas que dieron un vuelco rotundo en las narrativas de la última década y media— se presentó con una propuesta que mantuvo la línea, nivel de argumentación e insuperable coherencia interna de los espectáculos anteriores, pero con una serie de guiños hacia el mundo interno del carnaval.

Eso permitió reconocer el lúcido, inagotable e inteligente interés de sus creativos por describir e interpretar el complejo entramado del ser humano y sus relaciones sociales, pero ahora interactuando con una serie de códigos singulares de la prosapia carnavalera, algo que era inusual en este grupo, cuya mirada siempre estuvo puertas afuera de las murallas de febrero.

Del profundo universo de temáticas humanistas, La Catalina retoma la idea de un hombre frágil y pequeño; un navegante y solitario que “suelta amarras como un barco de papel” en medio de tiempos turbulentos, para, a pesar de todo, sostener las utopías y reafirmar la necesidad de creer.

Dicho mensaje es un hallazgo luminoso y esperanzador, si se toma en cuenta que las murgas con las que este grupo comparte generación suele expresar una visión del mundo más gris, grave, amarga y pesimista.

Del universo carnavalero, por su parte, toman algunos códigos clásicos y reinventan otros tantos. Por ejemplo, adoptan un vestuario basado en colores vivos y brillo, características que fueron inusuales entre sus discursos estéticos y visuales.

También puede apreciarse un cambio en la sonoridad, con la incorporación de varias voces potentes y cristalinas y, fundamentalmente, con un ritmo musical intenso, que contrasta con las antiguas propuestas fragmentadas y más parlamentadas, que fueron la marca en el orillo de varios repertorios.

Sin embargo, los guiños metacarnavaleros están en la propia temática.

Es que entre las causas perdidas que reivindica la murga aparece el salpicón, un antiquísimo recurso del género utilizado para describir y criticar los sucesos más importantes del año, herramienta que la murga jamás empleó, porque su búsqueda priorizó la adopción temáticas más abstractas, generalistas y universales, por sobre las coyunturales.

El cuplé del salpicón, que fue muy ocurrente y divertido al inicio, fue también algo extenso y menos efectivo al momento del cierre. Pero la murga volvió a hervir con un notable cuplé sobre las clases sociales, donde el grupo puso todo su picante.

Narrativamente, los hermanos Cardozo reviven una estructura tan antigua como el fondo de los tiempos: presentan un par binario y escindido, donde protagonista y antagonista se enfrentan como en las más encumbradas obras de la literatura universal o como en la más banales y simples historias de los dibujos animados.

Es así que son la burguesía y proletariado quienes juegan por un rato al gato y al ratón, escondiéndose y asomando la cabeza entre laberintos filosóficos.

Aparecen allí, como ráfagas, los conceptos icónicos del pensamiento Marx, pero puestos en escena y satirizados en clave de murga: los medios de producción, la abolición de la propiedad privada, la plusvalía, la justicia, la igualdad y hasta una deliberada y delirante frustración por una revolución trunca a causa de la ausencia del WiFi.

Sin embargo, para al momento del remate, el texto del cuplé propone un giro de espiral, enfocado ahora desde el lado conceptual, que da cuenta de una lectura más profunda de la contemporaneidad.

Denuncian un mundo que se desangra dividido entre dogmas, “absurdas líneas divisorias” y verdades absolutas que alejan, agrietan y envenenan la vida, en el que la paz funge como cura, costura y utopía, cuyas banderas valen la pena enarbolar.

El cierre de un show de altísimo vuelo se corona con una despedida a las murgas de La Teja, en un dulce homenaje a sus históricas batallas “sin fusil”, durante los años más oscuros del país. Se trata de una pieza única, emocionante, de las mejores que ofrecerá este carnaval.

sociedad anónima

Humorismo

Los humoristas Sociedad Anónima actuaron a tercera hora, con el mejor de sus espectáculos de los últimos tres o cuatro años.

El grupo venía trazando una línea descendente en la calidad de sus trabajos, circunstancia que pudo revertirse por completo en esta primera rueda, posicionándose nuevamente como gran animador de su categoría.

Los dirigidos por Carlos Barceló, mantuvieron una altísima valoración en la totalidad de las áreas técnicas, un conjunto de resortes que suman a la visión global, siempre y cuando el condimento esencial de la categoría —el humor— obtenga muy buena nota, tal como aconteció ayer.

A diferencia de años anteriores, esta vez la dirección del espectáculo optó por escenas cortas y con mayor dinámica en los tiempos de actuación. Este punto, algo inusual para una agrupación que suele representar un ritmo muy pausado, permitió que las escenas fueran refrescándose a cada momento, evitando el peligroso empantanamiento que invita al espectador a desengancharse del show.

La dinámica también se vio enriquecida por el uso de múltiples estilos de humor, con énfasis en el de situación, que es la gran especialidad maragata. Todos le funcionaron. 

Al trabajo colectivo se le sumó, además, la presencia de un cómico como Pato Esteche, uno de los más importantes de nuestro carnaval.

El punto que pueden mejorar es la humorada final de Los Gauchos Patones, que estuvo un poco larga y con algunas situaciones que entraron con fórceps y no tuvieron el mismo rebote. Exceptuando ese detalle, algo natural para cual grupo en el arranque, la propuesta está en condiciones de alcanzar la excelencia en su progresión en el certamen.

Integración

Candombe

A segunda hora tocó el turno de la comparsa Integración, que ratificó la línea ascendente en la que viene desde hace varias temporadas. Cuenta con una sobresaliente orquesta y, posiblemente, con una de las mejores cuerdas de tambores que este año se verán el Teatro de Verano.

La trama toma dos personajes del mundo de la fantasía —Música y Candombe— para realizar un repaso histórico acerca de género en cuestión, rindiendo un agradable tributo a aquellos artistas más influyentes.

La interacción de ambos permite recrear distintos momentos y personajes, enumerando, didácticamente, las fusiones del candombe con la milonga u otros ritmos que rozaron el amplio universo de músicas de la negritud en el Uruguay.

Una página elogiable es aquella que describe cómo dicho género irrumpió en la cultura musical popular del Uruguay, ganando legitimación de los distintos estamentos.

Con el paso del tiempo, el texto da cuenta de las distintas fusiones de un género que, aún manteniendo sus rasgos identitarios, comenzó un largo derrotero de mestizaje y transformaciones.

En este punto, la comparsa tiene una mirada optimista y de reconocimiento sobre una camada de creadores, como Rada, Mateo, Bachicha Lencina o Jaime Roos (la corriente del candombe beat), quienes, con sus estilos, se apropiaron del género para resignificarlo y transformarlo en una verdadera banda sonora urbana.

También es interesante su final, que da cuenta de una música de espíritu libre, otra clara alusión a la continuidad de los cambios, que seguramente llegarán de mano de las nuevas generaciones.

Pese a los elogios en distintas áreas, Integración aún tiene algunos puntos débiles en los rubros de vestuario, puesta en escena y cuerpo de baile.

madame gótica

Revista

La apertura de la noche fue protagonizada por la revista Madame Gótica, que alterno buenos momentos con otros de poca efectividad.

Al igual que el año pasado, su mayor fortaleza fue el cuerpo de baile, un punto que puede darle satisfacciones al momento de escrutar los puntajes, teniendo en cuenta que la danza es el rubro técnico que mayor incidencia tiene en el género.

En este punto, pudo apreciarse el cuidado y la estilización tanto de las figuras masculinas como femeninas, así como la ductilidad de ambos para interpretar los múltiples géneros y ritmos por los que transita el repertorio.

Además, y a diferencia de otros años, donde las partes actuadas tomaban excesivo protagonismo, el baile y una expresión corporal juvenil fueron factores que tuvieron mucha presencia en la escena.

En el mismo sentido, la música y solistas rindieron de un modo más que satisfactorio. Sin embargo, el resultado de la historia narrada no fue contundente.

Partió de un relato estructurado sobre la niñez y la juventud, narrado desde la perspectiva de los adultos que, pese a la multiplicidad de abordajes desarrollados, tuvieron una respuesta muy medida en términos de comunicación, en especial porque careció de humor.

En el mismo sentido, la propuesta visual estuvo por debajo a la de otros años. Pese a estos altibajos, es posible pensar en un regreso con mejor pisada, teniendo en cuenta que hay un libreto bien intencionado.

Del mismo modo, la presencia de los actores, principalmente Esteban Casteriana, estuvo firme.

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