Rogelio Gracia

“Al teatro uruguayo le falta arriesgarse”

Con Tom Pain (basado en nada), dirigido por Lucio Hernández, llenó salas en 2017 y para culminar un año exitoso, está nominado como Espectáculo Extranjero en los Premios Teatro del Mundo de la Universidad de Buenos Aires, que se entregan hoy. Sobre eso charló con El País

Rogelio Gracia en Tom Pain. Foto: Santiago Bouzas
Rogelio Gracia en "Tom Pain". Foto: Difusión

-–Lo que empezó con cinco funciones, terminó llegando a Buenos Aires y nominado, ¿cómo fue eso?

-–Cuando nos dijeron las fechas en el Solís, pensé que eran muy malas. Nos ofrecieron seis en febrero, una yo no iba a estar y quedaron cinco. Quería 12. Lo difícil con Tom Pain fue que, además de actuar y ensayar, estaba toda la tarea de producción en el medio. Era la primera vez que hacía algo así solo. Pero aunque me estresé un poco, llegamos a febrero con interés creado y nos fue muy bien. Y ahí vino todo el camino del año, hasta llegar al Teatro El Extranjero en Buenos Aires. Cerramos en El Galpón (ayer fue la última función). Y el año que viene vamos a España.

-–¿Qué sentís al ver tu trabajo nominado?

-–Se siente muy bien. Cuando estábamos haciendo la obra allá, queríamos tener la visita de gente influyente, cosa que creíamos que no se había dado. Pero después apareció esta nominación de críticos jóvenes universitarios y coordinado por Jorge Dubati, que es de los principales de la crítica de allá.

-–¿Cuándo llegó Tom Pain a tu vida?

-– En un ensayo de Séptimo Cielo, de Caryl Churchil, que dirigía Mario Ferreira. Estaba una persona que trabajaba en la ONU, era amante del teatro y por aquel entonces estaba mucho en Nueva York. Había visto Tom Pain, de Will Eno por allá. Entonces, en el ensayo, me da una hoja con un guion mal traducido y me dice: “Esta la tenés que hacer vos”. Me pareció simpática. Era más o menos en el 2007, me metí en Amazon, y la compré.

-–Pasó bastante tiempo...

-–La guardé pero siempre me inquietó. Hasta hace cuatro años que estuve parado por un linfoma y me puse con eso. La tradujo Stefanie Neukirch y por ella llegó a Lucio Hernández que me pidió para dirigirla. Me copó su entusiasmo y le dije que sí. Pedir los derechos fue lo difícil. Hasta que nos preguntaron la propuesta artística, respondimos que no teníamos pero que nos gustaba mucho la obra y se ve que a Will (el autor) le copó tanto que nos escribió directamente y, después de decirme “vas a ser un muy buen Tom Pain”, me permitió hacerla donde quisiera. Nos ayudó a la distancia en todo el proceso.

-–Decís que al teatro llegaste tarde, ¿fue fácil que el escenario te diera la bienvenida?

-–Para mí fue muy fácil. Creo que tiene que ver con que fue algo muy deseado. Me había jugado todo, entonces cuando entré al escenario supe que no me podía ir mal. Tanto el escenario como el medio artístico me abrieron las puertas.

-–¿Cómo te llevás con el cine?

-–En Uruguay son pocas las oportunidades de entrar a un rodaje. Si me das a elegir me gustaría todos los años entrar a un set.

-–A la televisión, ¿volverías?

-Trabajé no menos de 6 años en tele, me cansé y estuve muchos años enojado. Pero volvería sí. Igual creo que todavía faltan condiciones para una buena producción acá. No hay ficción nacional y no hay legislación fuerte que la defienda.

-–Al teatro, ¿le falta algo?

-A algunas salas les falta aggiornarse y artísticamente creo que falta un poco de rigor. Hay obras que hay que pensar un poquito más antes de hacerlas si vale la pena. La experiencia en teatro es tan intensa, que si es mala corre al espectador y este no quiere volver más. También al teatro uruguayo le falta arriesgarse un poco más. Estaría bueno zarparse un poco. Apuntar a sorprender al espectador.

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